arack Obama en un "infiltrado
comunista", protege a Al Qaeda y negocia con los "terroristas islámicos",
es la idea que resume los "dossier" conspirativos que circulan por las usinas de
los republicanos y la ultraderecha conservadora sionista de EEUU.
Un poco de campaña electoral
demócrata, y otro poco preocupación real, entre los medios y analistas
norteamericanos llama la atención el sesgo de virulencia "extrema" que va
adquiriendo la campaña electoral de los republicanos cargada de consignas
ideológicas y racistas contra Obama.
La promocionada acusación realizada
por Liz Cheney (la hija del ex vicepresidente, referente doctrinario del lobby
sionista de "derecha") de que el Departamento de Justicia protege a
funcionarios que colaboraron con Al Qaeda ha provocado una cadena de críticas en
los sectores "progresistas" que sostiene que el acoso de la "derecha" responde a un plan
de desestabilización contra Obama.
Un grupo de extrema derecha llamado
Keep America Safe (Proteger América), del que es fundadora Liz Cheney, una
abogada que trabajó para el Departamento de Estado durante la pasada
Administración, expuso su visión la pasada semana en su página digital.
Mediante un vídeo titulado "Los
Siete de Al Qaeda" conminaba al Departamento de Justicia a revelar los
nombres de siete de sus empleados que en el pasado habían defendido como
abogados a presos de Guantánamo o sospechosos de "terrorismo".
El argumento es que el Gobierno de
Obama está "protegiendo a terroristas" y que serían éstos los que
decidirían la suerte de sus compañeros en Guantánamo.
El fiscal general, Eric Holder, se negó a revelar los nombres de los abogados
que cumplieron con el deber constitucional de defender a personas acusadas. Pero
la cadena Fox y las usinas conservadoras han prometido investigar a fondo y
creen haber descubierto ya la identidad de los siete funcionarios.
En este escenario, analistas del
"liberalismo" comunicacional , creen que el acoso político a Barack Obama se fue
muy lejos y ya tiene claras raíces golpistas.
Un columnista de The Washington Post, Eugene Robinson, cree
que un caso como el de Liz Cheney alerta dramáticamente
sobre el regreso del mccarthismo.
"Esta vez quizá han ido demasiado
lejos, pero probablemente ya están preparando la próximo Gran Mentira", escribe
Robinson.
Para The New York Times, el auge de
la extrema derecha en el Partido Republicano, el resurgimiento de milicias
populares en algunas áreas del país, el crecimiento alarmante de las ventas de
armas y de la liberalización de su uso, contribuye a crear un clima político
"preocupante".
Desde las usinas de los demócratas,
aseguran que más allá de la campaña electoral, los conservadores conspiran para
derrocar a Obama, particularmente desde la cadena Fox y de la revista The Weekly
Standard, la biblia del pensamiento neocon, desde donde surgen las consignas
medulares de la "agitación extremista".
Según una revelación de The
Washington Post, un dossier de 72 páginas fue presentado el pasado 17 de febrero
por dirigentes del Comité Nacional Republicano (CNR, el máximo órgano del
partido) a un grupo selecto de recaudadores de fondos electorales en una reunión
privada en Boca Grande (Florida).
El documento incluye los mensajes que
deben ser repetidos y las políticas que deben ser defendidas entre simpatizantes
y electores a fin de obtener apoyos y dinero.
La presentación corrió a cargo del presidente de finanzas del CNR, Peter
Terpeluk, y el director de ese mismo departamento, Rob Bickhart, es decir los
dos principales responsables del Partido Republicano en la planificación de las
recaudaciones para las próximas campañas.
La parte más destacada del documento es la que alude a la manera en que debe
calificarse al actual Gobierno. La portada está titulada: "El imperio del
mal" y en ella aparecen los rostros de Obama, la presidenta de la Cámara de
Representantes, Nancy Pelosi, y el líder demócrata en el Senado, Harry Reid,
caracterizados, respectivamente, como el Joker de Batman, Cruella DeVille, la
malvada de 101 Dálmatas, y Scooby Doo, el estúpido perro de los dibujos
animados.
En el texto figura la pregunta "¿Qué puedes vender para ganar la Casa Blanca y
el Congreso?", a la que se responde: "Salvar al país de la caída hacia
el socialismo".
La foto de Obama, confundido con el
Joker de Batman, es el emblema principal en los actos de los Tea Party, el
movimiento ultraderechista que lleva la iniciativa dentro de la oposición
republicana.
Los demócratas utilizan este ejemplo
para demostrar que esa imagen es una prueba de que el Partido Republicano
está siendo presionado por ese grupo, que tiene recursos y medios para alcanzar
el poder.
Varios congresistas republicanos de primera fila, entre ellos su líder en la
Cámara de Representantes, John Boehner, confesaron tener simpatías por los Tea
Party.
El más que probable candidato
presidencial republicano, Mitt Romney adhiere al grupo que califica de
"socialista" a Obama. Cuando se habla de "socialista" en EE UU no se alude a la
socialdemocracia europea, que está integrada en el Partido Demócrata, sino al
"comunismo soviético".
Pero si bien crece el debate sobre
los verdaderos alcance los ataques de la "derecha" contra Obama, desde las
trincheras conservadoras surgen versiones sobre que el propio Obama está utilizando
esas versiones para "victimizarse".
Hay versiones que sostienen que, a
diferencia de Bush, que inventaba conspiraciones con el "terrorismo islámico"
para perseguir y espiar a sus enemigos internos, Obama prepara el terreno para
la utilización de la conspiración de "derecha" con el objetivo de ganar las
parlamentarias en noviembre.
No bien asumió la presidencia, en
enero de 2009, y como parte de su guerra por el poder con los republicanos (lobby
judío conservador), la administración demócrata de Obama (lobby judío liberal)
decidió lanzar al ruedo el peligro del "extremismo de derecha" para crear
el fantasma de una conspiración interna.
En abril de 2009, el Departamento de
Seguridad Interior de Estados Unidos alertó sobre un auge de los grupos de
"extrema derecha" a raíz de la crisis financiera internacional y de la
elección como presidente de Barack Obama.
El informe se elaboró en cooperación
con el FBI y fue difundido entre las autoridades locales y estatales bajo el
título de "Extremismo de extrema derecha: el clima económico y político
actual favorecer la radicalización y el reclutamiento".
De hecho -apunta el documento-
durante la campaña para las pasadas elecciones presidenciales ya se frustraron
potenciales ataques contra Obama planeados por grupos derechistas xenófobos
radicalizados.
¿Hay una conspiración para derrocar a
Obama?
Las líneas son difusas: Los datos
sobre la actividad de los supuestos "conspiradores", se mezclan con los
propios intereses de Obama y del Partido Demócrata que (con su gestión
debilitada y su imagen por el piso) necesitan seguir controlando el Congreso
después de noviembre.
La guerra interna imperial
La línea demarcatoria entre
"derecha" (imperial) e "izquierda" (imperial) transciende los
planos internacionales y se proyecta como un meridiano discursivo diferenciado
entre los gobiernos que gerencian el Estado capitalista en Europa, Asia, Africa y América Latina.
Es más, esta guerra por el poder
interno fue el determinante central del reciente golpe de Estado en Honduras,
donde finalmente los golpistas (el Pentágono y los ultraconservadores) se
pusieron de acuerdo con Obama (el Departamento de Estado y los demócratas) para
reinstaurar la "democracia" sin el golpeado Zelaya.
También se proyecta en la política
exterior, principalmente en Medio Oriente, donde el sionismo israelí de
"derecha" (Netanhyau) mantiene diferencias discursivas en cuanto al abordaje
de la cuestión de la resistencia islámica con el sionismo de "izquierda"
encarnado en Obama.
Es importante plantear esta falsa
línea antinómica por un razón central: Está destinada a confundir y a paralizar
la resistencia creando una falsa imagen de "Imperio bueno" (que negocia
en democracia) e "Imperio malo" (que actúa solo con políticas
militaristas).
En los hechos, Tanto Obama como
McCain (el ex candidato presidencial de la "derecha") rezaron en el Muro
de los lamentos y buscaron la aprobación de sus respectivos diplomas de
candidatos presidenciales en discursos pronunciados ante la AIPAC y las
principales instituciones del poder sionista de EEUU.
Cualquiera de los dos que llegara a
la Casa Blanca tendría que seguir la agenda marcada por los intereses
estratégicos imperiales, escritos más allá de las personas y de las
circunstancias.