Los bancos centrales del mundo difieren cada vez más acerca de los próximos
pasos a seguir ahora que los países emergen de la crisis financiera a
velocidades muy diferentes, lo que acentúa sus diferencias respecto al
crecimiento, la inflación y el riesgo de crisis futuras.
Por Brian Blackstone -
The Wall Street Journal
La división transatlántica contrasta con la situación de 2009, cuando las
autoridades enfrentaban la inminente amenaza de una depresión global. La tarea
de conducir las economías de vuelta al crecimiento era intimidante, pero la
respuesta fue clara: dedicar todos los recursos fiscales y monetarios al
problema, y luego limpiar el desorden.
Ahora, la pregunta es cuándo subir las tasas de interés y cómo y a qué ritmo
retirar las medidas extraordinarias de estímulo que implementaron el año pasado.
Algunas autoridades, en particular en Europa, temen que el gasto fiscal y el
dinero fácil que los bancos centrales inyectaron en el sistema bancario ?al
bajar las tasas de referencia a casi cero, entre otras medidas? podrían crear
una nueva crisis.
Eso, al igual que la discrepancia sobre la capacidad de las economías de
absorber cientos de miles de millones de dólares, libras y euros sin generar
inflación, podría llevar a los bancos centrales a adoptar medidas que provoquen
volatilidad en los tipos de cambio y los rendimientos de los bonos en los
próximos meses.
Un factor que agrava la incertidumbre es que algunos bancos centrales
afrontan desafíos políticos en sus países, incluyendo las críticas que ha
recibido Ben Bernanke, quien ayer fue ratificado para otros cuatro años al
frente de la Reserva Federal de EE.UU., y la inminencia de las elecciones en
Gran Bretaña.
China, que ha seguido creciendo de forma acelerada, ya empezó a ajustar su
política monetaria, mientras que los países que se han beneficiado del alza en
los precios de las materias primas, como Australia y Noruega, han elevado sus
tasas de interés. Se espera que India sea la próxima en restringir el crédito,
gracias a su robusto crecimiento.
Al otro extremo, no obstante, Dinamarca redujo sus tasas de interés este mes
y se espera que lo vuelva a hacer para armonizarla con las de la zona euro. El
gobernador del banco central de Japón, un país que sufre los efectos de la
deflación, afirmó la semana pasada que mantendrá su política monetaria
expansiva.
Una cuestión más importante, dado el tamaño de las economías y su efecto en
los mercados financieros, es qué harán los bancos centrales de EE.UU., Gran
Bretaña y la zona euro. Las diferencias sobre las perspectivas a largo plazo de
sus economías y los riesgos de crear burbujas de activos afectarán el cronograma
de las alzas de tasas y otras medidas para restringir el crédito, además de ser
una fuente de inestabilidad en los mercados financieros.
Muchos economistas sostienen que Europa subirá las tasas y retirará otras
medidas de estímulo antes que EE.UU. Goldman Sachs prevé que Gran Bretaña suba
su tasa de interés de referencia, actualmente en 0,5%, a mediados de año,
mientras que el BCE elevaría la suya desde el actual de 1% a fines de 2010. La
Fed, por su parte, mantendría la tasa interbancaria en casi cero hasta fines de
2011. Los economistas que proyectan un panorama diferente aún creen que las
tasas del BCE serán más altas que las de EE.UU. y Gran Bretaña a fin de año.
Gran Bretaña afronta un dilema particular. Su economía se recuperó de la
recesión más tarde que EE.UU. y la zona euro, pero la inflación ha aumentado.
Los funcionarios del BCE temen que al mantener el crédito relajado por
demasiado tiempo puedan provocar una excesiva toma de riesgo y sembrar las
semillas de otra crisis. Dejar las tasas bajas por un tiempo prolongado "es
riesgoso", advirtió la semana pasada Lorenzo Bini Smaghi, del Comité Ejecutivo
del BCE, y podría crear "una burbuja".
Su colega del BCE, Ewald Nowotny, de Austria, señala que una toma de riesgo
excesiva es una preocupación, especialmente en EE.UU.
Desequilibrios como un gasto y un
endeudamiento excesivo en algunos países y un exceso de ahorro en otros pueden
generar burbujas de activos, especialmente si son amplificados por el crédito
fácil. Cuando esas burbujas estallan, como sucedió con el sector de la vivienda,
pueden provocar profundas recesiones.