Sólo
en este tiempo se han producido 25 enfrentamientos entre ciudadanos libaneses y
las tropas de la denominada Fuerza de Paz de las Naciones Unidas para Líbano (FPNUL),
siendo los más graves los ocurridos los días 29 de junio y 3 y 4 de julio.
En esos días, y en el marco de unas maniobras militares y múltiples ejercicios
realizados en pueblos del sur de Líbano para “impedir el lanzamiento de cohetes
contra Israel”, las tropas de la ONU irrumpieron en el interior de los pueblos
–algo que no pueden hacer si no van acompañadas de tropas libanesas en virtud
del acuerdo que dio origen a la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la
ONU y por el que se decretó el “cese de hostilidades” entre Hizbulá e Israel en
la guerra que mantuvieron en el verano de 2006- enfrentándose con algo que no
esperaban: la reacción de los pobladores. En localidades como Tibnin,
Kfardounine, Salasen Bir, Kherbet Selem, Toulin, Qabrija, Jiam y Beir Kanoune
los habitantes bloquearon las carreteras, lanzaron piedras y huevos a las
supuestas tropas de paz y cuando los “cascos azules” tuvieron la arrogancia de
arrestar a uno de estos aldeanos en Qabrija –algo que no pueden hacer bajo
ningún concepto- la ira popular se desbordó: los vehículos militares fueron
asaltados, se les rompieron las antenas de transmisión y a los soldados de la
ONU se les incautaron las armas y todo el equipo que portaban como cámaras,
ordenadores portátiles, GPS y otros instrumentos de control. Sólo la llegada del
Ejército libanés pudo hacer que los aldeanos depusiesen su actitud y entregasen
a los soldados libaneses el material capturado.
No era la primera vez que las tropas de la ONU realizan maniobras para proteger
a Israel y no al revés, teniendo en cuenta que en la última guerra murieron
1.200 civiles libaneses mientras que las bajas israelíes fueron básicamente
militares. Sin embargo, en esta ocasión se habían realizado de forma abierta y
no encubierta y contando con el rechazo expreso del Ejército libanés, que había
propuesto que esas maniobras tuviesen un sesgo diferente: “cómo proteger a los
civiles libaneses en el caso de una agresión israelí”. La FPNUL se negó y el
Ejército libanés decidió no avalar las mismas, que se pospusieron hasta en dos
ocasiones ante la firme actitud de los libaneses.
A pesar de ello, y en consonancia con la prepotencia occidental –no hay que
olvidar que el grueso de las tropas de la ONU en Líbano está formado por los
contingentes francés, italiano y español- dichas maniobras finalmente se
llevaron a cabo sin tener en cuenta –o siendo muy conscientes de ello, con lo
que la provocación internacional era evidente- que unas semanas antes se había
vivido toda una serie de festejos con los que la población del sur de Líbano
había celebrado el décimo aniversario de la salida israelí de la zona, tras
veinte años de ocupación, obligado el régimen sionista a tomar esa decisión por
la acción guerrillera de la resistencia patriótica hegemonizada por Hizbulá. Tal
y como reconocía el coronel retirado Noam Ben-Tzvi, último comandante de las
Fuerzas de Defensa de Israel durante la ocupación del sur del Líbano, "no fue
una retirada; huimos, pura y simplemente"(1). Por lo tanto, Israel se planteó
“recordar” a los libaneses que aún puede repetirse la guerra y a finales de mayo
y primeros de junio puso en marcha masivos ejercicios militares y civiles en una
operación que denominó “Turning Point 4”, lo que fue, a su vez, contestado desde
el sur de Líbano con una renuncia masiva de los candidatos a alcaldes y
concejales –las elecciones municipales se celebraban poco tiempo después- en
favor de las listas de Hizbulá y Amal (otra organización shií) para dejar bien
patente el respaldo con que las organizaciones de la resistencia, ambas aliadas,
cuentan en esa zona del país.
Por lo tanto, las maniobras de la FPNUL hay que enmarcarlas en este contexto y
no en “operaciones rutinarias”, como fueron justificadas inicialmente a pesar de
contar, como se ha dicho, con el rechazo expreso del Ejército libanés. En este
ambiente no es extraño el estallido de ira popular, que no era otra cosa que la
gota que colmaba el vaso de la paciencia de los habitantes del sur de Líbano con
el comportamiento de las supuestas fuerzas de paz de la ONU, a quienes acusan de
mantener una estrecha colaboración con Israel.
Y es que a finales del mes de mayo –en medio de todo ese ambiente de
celebraciones libanesas y amenazas israelíes- se conocieron tres documentos
firmados entre el general español Alberto Asarta Cuevas, al mando de las tropas
de la ONU en estos momentos, y el jefe del Estado Mayor israelí, Gabi Ashkenazi,
en los que se reflejaba el acuerdo alcanzado –“memorando de entendimiento” según
el lenguaje de esos documentos- entre el Ejército sionista y la FPNUL para no
ofrecer información “en tiempo real” al Ejército de Líbano sobre los vuelos
israelíes sobre Líbano (2). Eso significaba que las tropas de la ONU informarían
a Líbano de esos vuelos –que violan no sólo la soberanía del país, sino la
Resolución 1701-, pero cuando ya no hubiese amenaza alguna para los aviones
israelíes, bien fuesen esas “amenazas” provenientes del Ejército libanés, que ya
había disparado en dos ocasiones contra esas aeronaves, o de la resistencia. Es
decir, cuando los aviones israelíes ya hubiesen retornado a sus bases. La cada
vez más estrecha connivencia FPNUL-Israel
La connivencia entre las supuestas fuerzas de paz de la ONU e Israel no sólo es
evidente para los ciudadanos que habitan el sur de Líbano, sino para el propio
Ejército libanés. Existía un importante malestar en Líbano ante el hecho que las
fuerzas de la FPNUL oculten los vuelos israelíes y no hagan nada para impedirlo,
al igual que no hicieron nada cuando un patrulla israelí secuestró a un pastor
libanés en la zona de la aldea de Ghajar, cuya parte norte Israel sigue ocupando
pese a la Resolución 1701, lo mantuvo retenido dos días y lo sometió a torturas
y malos tratos (3).
Pero hay más. El propio jefe del Estado Mayor del Ejército libanés, el general
Jean Kahwaji, afirma tener constancia que “a veces” las fuerzas de la FPNUL
penetran en aldeas y pueblos tras haber recibido información de Israel sobre
zonas y casas que, supuestamente, albergarían escondites y almacenes de armas de
Hizbulá (4). Kahwaji, al conocer el origen de las listas que presenta la FPNUL
al Ejército libanés, emitió una orden de “no colaboración” porque “no es el
deber del Ejército proteger la seguridad de Israel, sino la de los libaneses”.
Esta actitud es considerada por la FPNUL como “obstruccionista” y acusa al
Ejército libanés de “retrasar deliberadamente” su llegada a las zonas en las que
la FPNUL tiene problemas o realiza sus patrullas, por lo que decidió actuar al
margen de los acuerdos, que obligan a las supuestas fuerzas de paz de la ONU a
ir siempre acompañadas por efectivos del Ejército libanés y a comunicar dónde se
van a realizar las patrullas. Pero la FPNUL tampoco cumple con las
comunicaciones porque considera que el Ejército libanés está “infiltrado” por
shíies afines a Hizbulá, por lo que realiza patrullas sin cumplir con los
requisitos previos. Así es como se encontró con la revuelta popular.
La reacción de los pobladores del sur de Líbano obligó a la FPNUL no sólo a dar
por finalizadas súbitamente sus “maniobras” –previstas para 36 horas y apenas
duraron cuatro-, sino que ha provocado dos hechos inéditos y que dice mucho de
quién controla esa zona de Líbano: el primero, una reunión entre el jefe del
departamento internacional de Hizbulá, Ammar Moussawi, y el Coordinador Especial
de la ONU para Líbano, Michael Williams (5); el segundo, otra reunión del
general español que comanda las tropas de la ONU, Alberto Asarta Cuevas, en la
localidad de Tibnin con los alcaldes de los pueblos afectados –todos de Hizbulá
o Amal, que son fuerzas aliadas- y oficiales de alto rango del Ejército libanés
de la que salió la decisión de publicar una carta en todos los medios de
comunicación libaneses (6) reconociendo que “los incidentes han arrojado sombras
sobre la labor de la FPNUL”, que las tropas de la ONU “no tienen una agenda
oculta” y que, en vista de la reacción popular, “todo el personal de la FPNUL
que opera bajo mi mando ha recibido órdenes estrictas para llevar a cabo el
mandato asignado con pleno respeto a la cultura y las tradiciones de la
población que nos acoge; el pleno respeto a la propiedad privada; el pleno
respeto de la intimidad de la vida cotidiana en las calles de los pueblos, y el
pleno respeto de la voluntad de la población a no ser fotografiados” aunque, eso
sí, en este último extremo afirma que las órdenes de no tomar fotos se cumplirán
“a menos que sea absolutamente necesario por razones operativas”.
Este párrafo ya es suficientemente esclarecedor del comportamiento de los
soldados de las supuestas fuerzas de paz de la ONU y, de forma especial, de los
contingentes francés, italiano y español. En los 25 “incidentes”, por utilizar
la terminología del general español, que han provocado la revuelta popular han
estado involucradas estas fuerzas y en 24 de ellos los franceses, que se llevan
la palma en su actitud pro-israelí.
Francia, Italia y España están siendo acusadas, cada vez con mayor fuerza, de
provocar los enfrentamientos con la población del sur de Líbano en los últimos
cinco meses. “Desde que el general Asarta tomó el mando, la FPNUL ha tratado de
funcionar independientemente del Ejército libanés”, según un alto responsable
del Ejército libanés citado por el diario As Safir que indica, además, que
“Asarta no es el único responsable de esta actuación autónoma: más bien refleja
las orientaciones de los países europeos, especialmente Francia y España, que se
han convertido en los más fuertes apoyos a Israel en los últimos meses” (7).
Un signo de esta tensión entre la FPNUL y Líbano es la reacción del presidente
libanés, Michel Suleiman, que defendió públicamente a los pobladores del sur del
país: “los ejercicios militares deben llevarse a cabo lejos de las aldeas y
hogares [porque] lo que tiene que hacer la FPNUL es defender el Líbano”.
Los libaneses consideran a las fuerzas francesas y españolas como “una fuerza de
choque” de Israel y dicen que se comportan como “una fuerza de reacción rápida
en lo que parece un intento de que la ONU imponga una interpretación distinta
del texto que regula su papel [de la FPNUL] desde el cese de las hostilidades de
2006. Francia y España ya han hecho acciones parecidas en otras ocasiones, como
en la localidad de Kherbet Selem en julio de 2009, sin autorización legal y con
ausencia de representantes del Ejército libanés” (8). En esa incursión murió un
residente, atropellado por uno de los vehículos militares de la FPNUL.
La actuación de la FPNUL, pese a la rectificación anunciada por su mando actual,
el español Asarta, ha tensado la situación en Líbano y no sólo en el sur.
Hizbulá ya ha dicho que la FPNUL debe ceñirse de forma estricta a su papel. El
gobierno libanés se ha reunido, en todas sus instancias, con los embajadores de
los países que tienen tropas –en especial con el francés, italiano y español-
para exigir que no haya más “incidentes” de este tipo y así se le planteó
formalmente al ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Bernard Kouchner, y a
su colega el ministro de Defensa, Hervé Morin. Los embajadores, Denis Beyton
(Francia), Juan Carlos Gafo (España) y Gabriel Checchia (Italia) se reunieron
también con el general español al mando de la FPNUL en la sede de la ONU en Bir
Hassan “para mostrarle su apoyo”. ¿A qué? ¿A la actitud prepotente y neocolonial
o a la rectificación anunciada en la carta?
Todo indica que fue a lo primero. Desde estos países, y en concreto desde
Francia, se ha respondido a las críticas llevando el asunto al Consejo de
Seguridad de la ONU, que ha emitido una declaración “deplorando” los ataques a
la FPNUL y exigiendo libertad total de movimientos para estas tropas, y
enmarcando la revuelta popular en una estrategia ni más ni menos que de Irán y
de Siria. Ni una sola autocrítica, ni una sola mención al papel de sus tropas.
En definitiva, un comportamiento claramente neocolonial.
Lo que hay en juego
Por si quedase alguna duda, Israel ha salido a la palestra. El ejército sionista
presentó el día 7 de julio una serie de fotografías sobre lo que considera
preparación militar de Hizbulá en la ciudad de Jiam y pueblos vecinos en la
frontera con Israel con el llamativo titular “Hizbulá prepara la guerra urbana
en áreas donde la FPNUL no tiene autoridad” (9) y que viene a confirmar no sólo
las sospechas de la población del sur de Líbano, sino del propio Ejército
libanés: la FPNUL actúa al dictado de Israel porque la mayoría de los pueblos
relatados en ese informe israelí fueron, casualmente, en los que se celebraron
las maniobras truncadas por la revuelta popular.
Timur Goksel, quien fuese asesor de la FPNUL entre 1979 y 2003, afirma no sólo
que la reacción popular era esperada, sino provocada para medir la respuesta
ante la eventualidad de una nueva guerra y ver si la FPNUL gozaba de libertad de
movimientos o no. “No hay duda que las protestas han sido dirigidas por Hizbulá,
pero si se entra en los pueblos por la fuerza ¿qué se esperaba que hiciesen los
residentes?” (10). Desde luego, no recibirles con flores. Lo mismo sostiene Ali
Zahwi, el alcalde de una de las localidades, Qabrija: “Las tropas francesas de
la FPNUL han dejado de ejercer la Resolución 1701 y ahora trabajan para el
gobierno francés; llevan meses recogiendo información sobre Hizbulá” (11).
A medida que se acerca la fecha de octubre -cuando se celebrarán en EEUU
elecciones al Senado que pueden ser definitivas para la presidencia de Obama,
puesto que todas las encuestas apuntan a una clara victoria de los republicanos-
los vientos de guerra en Oriente Próximo y Lejano van cobrando fuerza. Si los
republicanos vencen, Obama se verá obligado a “recuperar” el terreno perdido
impulsando una estrategia belicista. Más aún. Será entonces cuando cobrará
fuerza un hipotético ataque contra Irán y, para ello, Israel tiene que tener
asegurado uno de sus frentes: Líbano. Ese es el papel asignado a la FPNUL y del
que Francia y España se han convertido en adalides.
Pero hay más. En las aguas libanesas se ha descubierto un importante yacimiento
de gas y petróleo que Israel también reclama como suyo y no ha dudado en
amenazar con usar la fuerza para “proteger los derechos” sobre este yacimiento.
Pero tras lo sucedido en el año 2000 y la nueva derrota sufrida en la guerra del
verano de 2006, Israel tiene un grano del que no puede aún deshacerse: Hizbulá y
la resistencia patriótica libanesa. Todo lo que está sucediendo en el sur de
Líbano tiene que ver con un intento israelí y occidental de deslegitimar al
gobierno libanés, al que acusa de estar en manos de Hizbulá, e impedir una
respuesta nacional en defensa de la soberanía, dignidad y autodeterminación de
Líbano.
Notas:
(1) Haaretz, 21 de mayo de 2010.
(2) Alberto Cruz, “Las fuerzas de la ONU en Líbano amparan las agresiones de
Israel” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article861
(3) Reuters, 1 de julio de 2010.
(4) As Safir, 6 de julio de 2010.
(5) Al-Ahram Weekly, 15-21 de julio de 2010.
(6) “Del comandante de la fuerza de la FPNUL al pueblo del sur del Líbano”, 9 de
julio de 2010.
(7) As Safir, 3 de julio de 2010. (8) Ibid.
(9) Haaretz, 8 de julio de 2010.
(10) Reuters, 9 de julio de 2010.
(11) Ibid.
(*) Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor.
albercruz@eresmas.com