En
entrevistas desde Irán, estas personas describen un panorama de cadenas de
suministro inestables y exportaciones interrumpidas. Los iraníes temen que
tendrán que pagar más por productos y servicios, incluso cuando el gobierno está
recortando sus subsidios.
El banco central de Irán no ha divulgado cifras sobre su Producto Interno Bruto,
inflación y otros datos en tres años. Pero de forma anecdótica, afirman estos
iraníes, las debilidades en su economía parecen haberse magnificado desde junio,
cuando las Naciones Unidas, la Unión Europea y EE.UU. comenzaron a incrementar
sus medidas que apuntan a desmantelar el programa nuclear de Teherán.
"Todas las mañanas, vamos a trabajar y nos preguntamos cómo aguantaremos el
día", afirma Gholam Hossein, dueño de una fábrica de ladrillos. "El mercado es
caótico e impredecible. Un día no podemos mover la mercancía del puerto. Otro
día no podemos abrir una carta de crédito".
Un importador de maquinaria industrial afirma que los costos operativos
aumentaron por lo menos 30% debido a nuevas restricciones de envíos y seguros
sobre cargamentos con destino a Irán, costos que han sido trasladados a los
consumidores. Una contadora jubilada en Teherán afirma que su pensión ahora no
le alcanza como antes. "La inflación pone mucha presión sobre la gente",
sostiene. "Todos pensamos en eso".
Las sanciones son un intento por obligar a Irán a reconsiderar sus ambiciones
nucleares, que según Teherán son pacíficas, pero que según EE.UU. y otros están
dirigidas hacia la producción de armas. Las medidas han intensificado el
escrutinio sobre las transacciones financieras y comerciales. Algunas firmas
extranjeras han suspendido o limitado sus relaciones con Irán.
Los despidos y las huelgas de trabajadores en empresas estatales solían ser poco
habituales en Irán. Pero el dueño de una farmacéutica indicó que hace poco se
vio obligado a limitar la producción y despedir por lo menos a 40 empleados
debido a las esperas y costos cada vez mayores de importar materias primas. La
agencia de noticias iraní ILNA, en tanto, informó que recientemente los
trabajadores de tres fábricas estatales —dos plantas de neumáticos y un
fabricante de aceite de cocina— abandonaron sus puestos de trabajo porque no les
habían pagado en cuatro meses.
"La crisis económica de la que somos testigos hoy es una consecuencia directa de
las sanciones, y los funcionarios iraníes que dicen lo contrario se engañan a sí
mismos", dice Mojtaba Vahidi, quien se desempeñó como alto ejecutivo durante
casi dos décadas en los ministerios de Finanzas e Industria. Vahidi fue asesor
financiero de un candidato que perdió en las más recientes elecciones
presidenciales en Irán y ahora vive en EE.UU.
Aún es demasiado pronto para saber si las nuevas medidas internacionales
obligarán a realizar las concesiones buscadas. Irán cuenta con considerables
reservas en efectivo para absorber sacudidas, y el aislamiento de su sector
bancario protegió al país de lo peor de la crisis financiera global.
El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad les dijo a periodistas en Nueva York hace
poco que la economía es saludable. Él y otros funcionarios iraníes afirman que
Irán está preparada para sobrevivir las sanciones y que las nuevas medidas sólo
harán que el país se vuelva más autosuficiente.
Pese a que parece que los problemas de Irán son exacerbados por las sanciones,
parte de ellos se remontan a la política económica del gobierno. El presidente
Ahmedinejad, en su primer mandato, gastó sin miramientos y repartió créditos con
generosidad como parte de una serie de programas populistas. Desde entonces, los
precios más bajos del petróleo han hecho que esos programas sean menos
sostenibles.
El Fondo Monetario Internacional predice que la economía de Irán crecerá 1,6%
este año, frente a 1,1% en 2009, 1% en 2008 y 7,8% en 2007.