La operación
de masacre aérea, que luego se
complementó con una invasión blindada terrestre, se prolongó por 22 días
consecutivos, con Gaza rodeada, sin agua, sin luz, sin combustible, sin
alimentos y con su población en estado de catástrofe alimentaria y sanitaria.
La expedición de exterminio contó con
el silencio de los gobiernos mundiales (salvo Cuba, Irán, Siria, Venezuela y
Bolivia, que la condenaron), y dejó como saldo -según los datos oficiales- más
de 1400 palestinos muertos, entre ellos 300 mujeres y 400 niños, y más
de 5.000 heridos.
Ilustrando la desproporción de
fuerzas, la resistencia palestina, provista sólo de fusiles, lanzagranadas y
cohetes rudimentarios, produjo la muerte de 13 israelíes reconocida
oficialmente por el Estado judío.
La tragedia humana (silenciada y
deformada por las potencias y las grandes cadenas mediáticas) desatada por el
exterminio militar israelí en Gaza no se definió en un escenario, sino en tres
escenarios simultáneos: A) La masacre militar de civiles, B) La
tragedia humanitaria con el bloqueo, C) La guerra asimétrica entre
Israel (el agresor) y Hamás (el agredido).
Estos tres escenarios, fueron
utilizados (sin éxito) por Israel como herramienta de presión bélica para
someter a Hamás y obligarlo a cumplimentar los dos objetivos estratégicos
centrales de la operación "Plomo Sólido": La firma de una tregua y de un
acuerdo duradero que asegure el final de los ataques con cohetes a las
ciudades israelíes.
Desde entonces, Gaza, rodeada por
aire, por mar y por tierra, viene siendo sometida a un bloqueo económico
genocida (cuyo saldo de muertes por efectos colaterales aún es
indeterminado), y con casi la totalidad de su infraestructura y centros
gubernamentales destruidos.
Desde hace meses, el alto mando
israelí y sus servicios de inteligencia, actualizan constantemente los
"fundamentos" de operaciones planificadas contra Gaza, los búnkeres de Hezbolá
en Líbano y
las usinas nucleares de Teherán.
Estos objetivos (casi explícitos)
marcan la agenda del alto mando militar judío que en mayo pasado realizó
ejercicios militares en gran escala con simulación de una guerra regional y de
una Intifada.
En octubre pasado, Israel y EEUU
realizaron maniobras militares conjuntas en alta escala de sus fuerzas aéreas,
en las que simularon la neutralización de ataques con misiles
(provenientes de Irán, Libano y Gaza, y posiblemente Siria) al Estado judío y su
detección y neutralización en vuelo, mediante radares y escudos defensivos
Mientras tanto, y en varios
frentes simultáneos abiertos, se producen crecientes operaciones cruzadas de
acción psicológica intimidatorias entre Tel Aviv, Teherán y Damasco, y reuniones
constantes de alto nivel en Washington y Tel Aviv.
Lo que hace presagiar, según
analistas árabes, judíos y estadounidenses un desenlace militar activado por la
plana mayor israelí que busca -según su propia definición- desactivar la
capacidad nuclear de Irán antes de que consiga la bomba, impedir que Hezbolá
siga incrementando sus arsenales militares en Líbano y que Hamás vuelva a
solidificarse en Gaza.
En este escenario, todo indica que
Gaza ya se proyecta como el detonante del desenlace.