Según agencias internacionales, aviones de combate israelíes lanzaron durante la
noche miles de octavillas sobre las zonas fronterizas de la Franja de Gaza en
las que se advierte de un "inminente ataque".
Este tipo de operación psicológica
(orientada a "aterrorizar" a la población) ya fue utilizada durante la
masacre israelí en Libano y se repitió en varias oportunidades en Gaza.
En el panfleto aparecía un niño
con una flor y una inscripción en árabe con la frase "Esperen la respuesta
mañana", informó la agencia de noticias Maan citando a residentes de la
zona.
Los panfletos fueron lanzados en varias zonas, como el este de Jan Yunes, donde
el pasado viernes murieron dos milicianos palestinos y dos soldados israelíes, o
en Johr Ad Dik, en la frontera este del centro de la Franja de Gaza.
El Ejército israelí advirtió a la
población de la Franja de Gaza, que mañana, viernes, "responderá" a la
muerte de dos soldados en un enfrentamiento armado con milicianos que se produjo
la semana pasada.
Y hay un dato adosado: Israel tiene
sentada jurisprudencia en los ataques sorpresivos (como en Gaza y en Líbano).
El pasado viernes
26 de marzo dos militares
israelíes, entre ellos un alto oficial, murieron en un enfrentamiento armado con
combatientes de la resistencia palestina en una emboscada cerca de la
frontera y a la altura de la ciudad de Yan Yunes.
De la emboscada, en la que
murieron también dos combatientes palestinos, se responsabilizaron de forma
separada el brazo armado del movimiento islamista Hamás, que gobierna la Franja,
y el del pro-iraní Yihad Islámica.
El suceso del viernes fue el más grave en la zona desde la operación militar
de 22 días que Israel lanzó en Gaza a finales de 2008, a raíz del
lanzamiento masivo de cohetes una semana antes por parte de la resistencia
palestina contra territorio israelí. En la masacre represiva militar murieron
1.400 palestinos, la mayoría civiles, entre ellos mujeres, ancianos y niños,
y solo 13 israelíes.
Desde entonces reina en la zona un frágil alto el fuego con violaciones
esporádicas que en las últimas cuatro semanas se intensificaron y ponen en
peligro la estabilidad en la región.
En la primera semana de enero
del año 2009, Israel lanzó una operación de exterminio militar aéreo
denominada "Plomo Sólido" en Gaza, de tal magnitud devastadora, que solamente
en los primeros cinco minutos mató a más de 400 palestinos, entre ellos mujeres
y niños, cuyos cuerpos fueron extraídos de los escombros de los edificios
públicos y viviendas aledañas destruidos por los misiles.
La operación
de masacre aérea, que luego se
complementó con una invasión blindada terrestre, se prolongó por 22 días
consecutivos, con Gaza rodeada, sin agua, sin luz, sin combustible, sin
alimentos y con su población en estado de catástrofe alimentaria y sanitaria.
La expedición de exterminio contó con
el silencio de los gobiernos mundiales (salvo Cuba, Irán, Siria, Venezuela y
Bolivia, que la condenaron), y dejó como saldo -según los datos oficiales- más
de 1400 palestinos muertos, entre ellos 300 mujeres y 400 niños, y más
de 5.000 heridos.
Ilustrando la desproporción de
fuerzas, la resistencia palestina, provista sólo de fusiles, lanzagranadas y
cohetes rudimentarios, produjo la muerte de 13 israelíes reconocida
oficialmente por el Estado judío.
La tragedia humana (silenciada y
deformada por las potencias y las grandes cadenas mediáticas) desatada por el
exterminio militar israelí en Gaza no se definió en un escenario, sino en tres
escenarios simultáneos: A) La masacre militar de civiles, B) La
tragedia humanitaria con el bloqueo, C) La guerra asimétrica entre
Israel (el agresor) y Hamás (el agredido).
Estos tres escenarios, fueron
utilizados (sin éxito) por Israel como herramienta de presión bélica para
someter a Hamás y obligarlo a cumplimentar los dos objetivos estratégicos
centrales de la operación "Plomo Sólido": La firma de una tregua y de un
acuerdo duradero que asegure el final de los ataques con cohetes a las
ciudades israelíes.
Desde entonces, Gaza, rodeada por
aire, por mar y por tierra, viene siendo sometida a un bloqueo económico
genocida (cuyo saldo de muertes por efectos colaterales aún es
indeterminado), y con casi la totalidad de su infraestructura y centros
gubernamentales destruidos.
Desde hace meses, el alto mando
israelí y sus servicios de inteligencia, actualizan constantemente los
"fundamentos" de operaciones planificadas contra Gaza, los búnkeres de Hezbolá
en Líbano y
las usinas nucleares de Teherán.
Estos objetivos (casi explícitos)
marcan la agenda del alto mando militar judío que en mayo pasado realizó
ejercicios militares en gran escala con simulación de una guerra regional y de
una Intifada.
En octubre pasado, Israel y EEUU
realizaron maniobras militares conjuntas en alta escala de sus fuerzas aéreas,
en las que simularon la neutralización de ataques con misiles
(provenientes de Irán, Libano y Gaza, y posiblemente Siria) al Estado judío y su
detección y neutralización en vuelo, mediante radares y escudos defensivos
Mientras tanto, y en varios
frentes simultáneos abiertos, se producen crecientes operaciones cruzadas de
acción psicológica intimidatorias entre Tel Aviv, Teherán y Damasco, y reuniones
constantes de alto nivel en Washington y Tel Aviv.
Lo que hace presagiar, según
analistas árabes, judíos y estadounidenses un desenlace militar activado por la
plana mayor israelí que busca -según su propia definición- desactivar la
capacidad nuclear de Irán antes de que consiga la bomba, impedir que Hezbolá
siga incrementando sus arsenales militares en Líbano y que Hamás vuelva a
solidificarse en Gaza.
En este escenario, todo indica que
Gaza ya se proyecta como el detonante del desenlace.