Informe
IAR Noticias/
El punto para Tel Aviv era uno solo:
El acuerdo con Brasil y Turquía le permitía a Irán resistir el bloqueo y el
aislamiento, ganar tiempo, y seguir avanzando en su meta de conseguir la
bomba nuclear.
En consecuencia, los halcones de Tel
Aviv lanzaron el "alerta roja" y acusaron en la intimidad a EEUU de jugar de
"idiota útil" del acuerdo.
En un clima cruzado de rumores, y en
un ambiente de tensión, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, luego
del acuerdo tripartito reunió de urgencia a sus principales consejeros
para evaluar el pacto alcanzado entre Irán, Turquía y Brasil.
Según la prensa israelí, el silencio
oficial impuesto sobre el pacto tripartito no escondía "la preocupación" que
reinaba en el Gobierno israelí, que se mostraba convencido de que el acuerdo era
una nueva estrategia de Irán para evitar las sanciones previstas y ganar
tiempo para seguir la carrera hacia la bomba nuclear.
Duras
declaraciones sobre el compromiso alcanzado por Irán con Brasil y Turquía fueron
pronunciadas por la cúpula del poder israelí antes de que Netanyahu convocara a
la reunión de emergencia a su gabinete.
Refiriéndose al acuerdo tripartito el
viceministro israelí de Defensa, Matan Vilnai, dijo que, utilizando a Brasil y a Turquía,
"Irán se está equipando a sí mismo,
intentando conseguir armamento nuclear".
Resumiendo el sentimiento del gobierno y la cúpula militar israelí,
Alex Fishman, comentarista militar del
diario Yediot Ajaronot, señaló que al permitir el acuerdo tripartito
"Estados Unidos está dispuesto a hacer el papel de 'idiota mundial' frente a
los iraníes pero hay algo peor: esperan que Israel también se sume a esta
sinrazón. Quizás los norteamericanos se pueden permitir el lujo de hacer
tonterías ya que son un imperio pero nosotros, no".
El Departamento de Estado USA lanzó
una operación internacional para presionar sobre los gobiernos de Brasil y
Turquía para que aflojaran su compromiso de apoyo a Irán en el terreno
nuclear y en el ámbito de las negociaciones diplomáticas en la la ONU.
Mientras que Turquía, un socio
estratégico relevante de Israel y EEUU, se aleja cada vez más de su alianza con
Israel y el bloque occidental y lo sitúa en la puertas de una alineamiento con
el mundo islámico, el gobierno de Lula fue virando su postura con Teherán en
el terreno nuclear.
Hasta que este martes, en una
decisión también sorpresiva, el gobierno de Lula apoyó la imposición de nuevas
medidas económicas y comerciales de la ONU contra Irán, en castigo al
sostenimiento de su programa nuclear.
La decisión implica un drástico viraje de la posición de Brasil, que
en los últimos meses abogó por una solución negociada al conflicto y destacó la
ineficacia de las sanciones para impedir que Teherán siga desarrollando su
programa nuclear.
De este manera, Brasil -que junto a
Turquía realizó un último esfuerzo diplomático este verano para impedir el
endurecimiento de sanciones contra la República Islámica-se sumó a la posición común
de las
principales potencias occidentales, con Rusia y China, que el pasado junio
acordaron el endurecimiento de sanciones contra Irán.
El ministro de Asuntos Exteriores brasileño, Celso Amorim, afirmó que su país ha
ratificado estas sanciones porque, aún en desacuerdo, Brasil "siempre cumple con
las obligaciones que impone el Derecho Internacional".
Amorim destacó que Brasil -que en la actualidad es un país miembro
del Consejo de Seguridad de la ONU- se limita a cumplir lo que establece
Naciones Unidas.
Antes de aprobarse, en junio, las
sanciones contra Teherán, Brasil y Turquía, tras una negociación con el
gobierno iraní, habían propuesto un acuerdo que permitiría que Irán, en
lugar de enriquecer su uranio, enviara 1.200 kilos del mineral a otro país, que
devolvería 120 kilos de uranio enriquecido al 20% y habilitado para ser usado
por el reactor para investigaciones médicas de Teherán.
La propuesta fue rechazada por los demás miembros del Consejo de Seguridad
porque el acuerdo no comprometía a Irán a renunciar a su intención de
enriquecer su propio uranio.
Brasil, que ocupa actualmente una de las sillas no permanentes en el Consejo de
Seguridad, había votado en junio junto con Turquía contra la resolución
del organismo que aplicó nuevas sanciones a Irán por la insistencia de
Teherán en enriquecer uranio al 20%.
La resolución fue aprobada el 9 de junio por 12 de los 15 miembros del Consejo
de Seguridad, entre ellos los cinco permanentes (Estados Unidos, China, Rusia,
Francia y Reino Unido), en tanto que el Líbano se abstuvo.
Dicha resolución estableció nuevas restricciones a las operaciones de los bancos
iraníes en el exterior si se sospecha que tienen vínculos con los programas
nucleares o balísticos de Teherán, al tiempo que incrementa el escrutinio de las
transacciones en el exterior de todas las entidades financieras del país.
Asimismo, endureció el embargo de armas a Irán y sancionó a tres
entidades controladas por el empresa naviera estatal iraní, así como otras 15
controladas por la Guardia Revolucionaria.
También reforzó el régimen de inspecciones a buques y aviones iraníes.