La euforia por la rápida
recuperación de Brasil de la crisis mundial se ha transformado en algo más
sombrío: el temor de que la mayor economía de América Latina empieza a
sobrecalentarse.
Por Alastair Stewart, John Lyons y David Wessel -
The Wall Street Journal
Para
enfriarla, el banco central podría iniciar el miércoles una serie de alzas de
las tasas de interés, señalan los analistas.
Algunos indicadores que miden la salud de la economía brasileña se acercan a la
zona de peligro. La economía creció al menos 10% en el primer trimestre, estima
Goldman Sachs. Las ventas de autos subieron 18% en el mismo período y la
inversión extranjera directa bordeó los US$26.300 millones entre marzo de 2009 y
marzo de 2010, un nivel récord.
"La economía se está sobrecalentando", dice Alberto Ramos, economista de Goldman
Sachs. El gobierno, sin embargo, le ha restado importancia a estos temores. "La
economía está caliente, pero no súper caliente", aseguró el ministro de
Hacienda, Guido Mantega, en Washington la semana pasada. Los economistas
vaticinan que Brasil podría expandirse 7% este año, su mayor ritmo en décadas.
La proyección oficial es de 5,5%.
La disyuntiva de Brasil pone de manifiesto las distintas suertes de los mercados
emergentes y los desarrollados. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta
que "las economías avanzadas" se expandirán 2,25% en 2010 y 2,5% en 2011, tras
una caída superior a 3% el año pasado. Los mercados emergentes, en cambio,
crecerían más de 6,25% anual en igual período, lo que se suma a un avance de
2,5% en 2009.
Esta dicotomía ha generado una situación inusual, en la cual economías
emergentes como India y Brasil empiezan a pisar el freno, pese a que el costo
del dinero sigue siendo muy barato en EE.UU. y Europa.
Un crecimiento acelerado y un aumento de las ventas son normalmente buenos
indicios, en especial en un país en desarrollo que trata de sacar de la pobreza
y elevar a la clase media a millones de personas. La preocupación es que un
crecimiento rápido desate presiones inflacionarias, que por mucho tiempo fueron
el talón de Aquiles de la economía brasileña. La inflación llegó a los cuatro
dígitos a principios de los 90, un período caótico que sigue fresco en la
memoria de la mayoría de los brasileños.
"Lo que uno escucha es que si crecemos demasiado rápido, tendremos inflación",
dice Fernando Teixeira, que vende revistas en Moema, un barrio de clase media de
São Paulo. "No sé si es cierto, pero me preocupa".
De todos modos, los aumentos de tasas podrían tener efectos secundarios
indeseados.
Los inversionistas globales se endeudan en dólares estadounidenses a tasas de
interés cercanas a cero, cortesía de la Reserva Federal de EE.UU., e inyectan
ese dinero en mercados emergentes para obtener retornos más altos. Eso puede
tener como consecuencia una apreciación excesiva de las monedas de los mercados
emergentes y la formación de potenciales burbujas en sectores como los bienes
raíces. Los flujos netos de capital privado hacia los mercados emergentes, que
cayeron a US$531.000 millones el año pasado, ascenderían a US$709.000 millones
este año y a US$747.000 millones el siguiente, según el Instituto de Finanzas
Internacionales, una organización que agrupa a los grandes bancos del mundo."Las
mejoras rápidas en los activos de mercados emergentes han comenzado a dar lugar
a temores de que el ingreso de capitales podría conducir a presiones
inflacionarias o burbujas en los precios de los activos", indicó el FMI en su
último Informe de Estabilidad Financiera Global.
Para prevenir el regreso de la inflación, las tasas de interés brasileñas están
entre las más altas del mundo. La inflación, sin embargo, ha empezado a aparecer
en momentos en que el gasto fiscal, el acceso más expedito al crédito y la
inversión extranjera han estimulado un auge del consumo. La inflación acumuló un
alza de 5,22% entre la primera quincena de abril del año pasado y la de este
año. La cifra está lejos del descontrol del pasado, pero por encima de la meta
de 4,5% del banco central.
Para reducirla, el organismo podría elevar las tasas de interés el miércoles por
primera vez desde septiembre de 2008. El mercado proyecta un alza de entre 50 y
75 puntos base, lo que los economistas y operadores locales consideran el
comienzo de una serie de incrementos que llevará la tasa desde su actual nivel
de 8,75% a 11,75% para finales del año. En una entrevista realizada en
Washington el domingo, el presidente del banco central brasileño, Henrique
Meirelles, afirmó que la entidad actuaría con firmeza para asegurar que la
inflación no suba muy por encima de las metas del gobierno.
Brasil, el mayor exportador mundial de mineral de hierro, carne de res y pollo,
azúcar y café, se recuperó rápidamente de la crisis financiera. La economía se
expandió 4,3% en el cuarto trimestre. Una razón clave fue que las agencias del
gobierno y los bancos estatales inyectaron rápidamente el equivalente a miles de
millones de dólares en créditos. Además, el gobierno redujo los impuestos sobre
las ventas de autos y electrodomésticos, lo que a su vez incentivó el consumo.
Aunque el estímulo económico ayudó a que Brasil capeara la tormenta, ahora
podría estar contribuyendo a un brote de inflación. Sin embargo, debido a la
proximidad de la elección presidencial de octubre, es poco probable que el
gobierno quite el pie del acelerador. Dilma Rousseff, la candidata oficialista
para suceder al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, ha basado su campaña en el
éxito del gobierno en expandir los programas de bienestar social y financiar
proyectos de infraestructura.
Algunos economistas, sin embargo, advierten que no hay que exagerar la amenaza
inflacionaria. "Si bien los principales motores del consumo son dinámicos, se
están expandiendo a un ritmo más moderado que hace dos años", manifestó en un
reciente informe Marcelo Salomon, economista de Barclays Capital.