(IAR
Noticias) 14-Febrero-2010
En
Haití, un mes después del devastador terremoto, muchas personas siguen muriendo
por diversas causas, incluso por papeleo: caen en las grietas de una aún
descoordinada ayuda humanitaria.
Por William Fisher - IPS
L os
médicos que trabajan en ese país caribeño las llaman "muertes estúpidas" porque
son evitables.
En medio del caos y el sufrimiento que inevitablemente acompaña a todos los
desastres naturales, hay personas que comienzan a pensar en el futuro de Haití.
Y el punto de partida es no repetir el pasado.
Expertos en desarrollo intentan borrar la mancha en la historia de la ayuda
internacional a Haití, acabar con una era de devastadora politización y comenzar
a pensar en una vía por fuera del paradigma convencional de desarrollo.
El destino de un préstamo particularmente importante pasó a ser emblemático de
los factores que han reducido en forma severa y consistente la efectividad –e
incluso la existencia—de proyectos viables de desarrollo en ese país.
Eric Michael Johnson, del Departamento de Historia de la Universidad de British
Columbia, dijo a IPS: "La actitud de Estados Unidos hacia Haití puede ser mejor
entendida como un tipo de paternalismo abusivo, a veces condescendiente y a
veces dominante, dependiente de cuán plenamente los gobiernos haitianos obedecen
a los dictados paternalistas".
Para ilustrar este punto, Johnson explicó a IPS lo que ocurrió después del
primer golpe de Estado y la restauración de Jean Bertrand Aristide a fines de
1994, en un periodo de gobierno que terminó en 1996.
Éste fue seguido por los primeros cinco años de gobierno de René Préval (actual
mandatario, tras ser reelecto en 2001).
En 2000, Aristide una vez más triunfó en forma abrumadora los comicios, pero su
reelección no fue vista con buenos ojos por el gobierno de George W. Bush
(2001-2009) debido a su giro hacia una política más a la izquierda y su
acercamiento con Cuba y Venezuela.
Johnson recordó que el gobierno de Bush conspiró para cortar los fondos que eran
destinados para infraestructura vital y proyectos de salud pública en Haití.
Un desembolso de 146 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID) ya había sido aprobado, pero ante la insistencia de Estados Unidos no se
concretó. Unos 54 millones de dólares de este préstamo estaban destinados
atender urgentes proyectos de agua y saneamiento.
"Esta decisión probablemente provocó la muerte innecesaria de un número
incalculable de pobres haitianos", dijo Johnson.
En 2006, el Centro Robert F. Kennedy presentó una solicitud invocando la Ley de
Libertad de Información para obligar a Washington que divulgara datos vinculados
con esta decisión.
En esos documentos "había clara evidencia de que Estados Unidos bloqueó los
préstamos porque objetó la elección de Aristide", aseguró Johnson.
El BID aprobó estos préstamos entre 1996 y 1998, y Haití pagó alrededor de 10
millones de dólares de intereses incluso antes de recibirlos. En 2001 no había
razón para que el organismo siguiera bloqueando eso créditos, pero lo hizo de
todas formas.
Los préstamos no fueron desembolsados y, el 8 de noviembre de 2001, el
Congressional Black Caucus (grupo de legisladores negros) escribió a Bush
señalando que era "incorrecto imponer una política inflexible que condicione
enteramente las relaciones y la ayuda de Estados Unidos, sean préstamos o
donaciones, al proceso político de un país".
También insistió: "Es imperativo que Estados Unidos levante su bloqueo a toda la
ayuda esencial a Haití, particularmente los préstamos actualmente retenidos en
el BID".
Estados Unidos, el mayor contribuyente del BID, continuó poniendo obstáculos
para los desembolsos, incluso cuando Haití estaba pagando intereses de préstamos
que no había recibido. En 2002, Puerto Príncipe dejó de pagar.
Un estudio publicado por la revista Health and Human Rights, señaló: "Las
declaraciones públicas de funcionarios de gobierno estadounidenses
explícitamente vincularon la decisión de no hacer los desembolsos con
preocupaciones políticas".
A comienzos de 2002, la revista concluyó que el BID no había tenido la intención
de desembolsar los préstamos, y el gobierno haitiano suspendió los pagos de
intereses.
Los atrasos de Haití a su vez imposibilitaron nuevos créditos con lo que, dijo
Johnson, "el plan del gobierno estadounidense de enlentecer los desembolsos
logró bloquear los préstamos en forma indefinida".
Al fin de cuentas, esos préstamos fueron negados "porque el gobierno de Bush
objetó los asuntos internos políticos de Haití, una decisión que violó la carta
del BID".
"Los créditos para desarrollo fueron usados como un arma para oponerse al
gobierno de Jean Bertrand Aristide. Incluso después de que fueran finalmente
aprobados en 2003 (principalmente gracias a la presión del Congreso), los
proyectos sobre el agua entraron en su fase de implementación recién a mediados
de 2007", añadió.
La falta de agua potable ha impactado seriamente en la salud de los haitianos,
dijo Johnson, y señaló que al menos 84,4 por ciento de los hogares han sufrido
al menos un caso de enfermedad infecciosa.
Esto "pudo haber sido diferente", sostuvo Johnson, y agregó que Washington
"tiene una significativa responsabilidad por esto, y se debe al pueblo de Haití
por las decisiones de pasadas administraciones".
"Haití tiene una histórica dependencia no sana hacia el comercio exterior y las
finanzas, desde los días coloniales del comercio de azúcar a la actual
asistencia provista por los países industrializados", escribió Johnson en el
diario The Huffington Post.
"Ahora los mismos políticos y las elites financieras que ayudaron a crear este
casos proponen un aun mayor programa siguiendo el mismo modelo", criticó.
No obstante, señaló: "los haitianos no son niños, y pueden administrar en forma
efectiva sus propios asuntos si le dan la oportunidad de hacerlo".
Johnson coincidió así con la propia Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo
Internacional, que señaló: "Será importante que los propios haitianos asuman
responsabilidad y plena propiedad de su futuro. El gobierno, la sociedad civil y
el sector privado deberían liderar la creación de una agenda nacional de
desarrollo".
Una estimulante variedad de profesionales haitianos e internacionales del
desarrollo trabajan ahora para diseñar planes de reconstrucción que son
necesarios, prácticos y financiables.
La mayoría afirman que, a diferencia de los proyectos del pasado, estas
actividades no deberían ser solo creaciones de Estados Unidos, superpuestas a
las necesidades de Haití, o programas que sólo benefician a las elites. Esperan
lograr una cooperación sostenida entre los haitianos comunes y la comunidad
internacional.
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