El fenómeno encarnado por "el comandante" Hugo Chávez está mostrando señales
de irreversible agotamiento. La retórica ampulosa no puede ocultar sus bases
endebles.
Por
Marcelo Cantelmi - Clarín, Argentina
La cuestión no es ya si va a suceder sino por qué ocurrirá. Un declive
difícil de ser ocultado se advierte en el recorrido y, lo que es peor, en la
identidad de los experimentos progresistas o reformistas que se multiplicaron en
la región tras la década neoliberal de los '90. El principal de ellos, el que
lleva adelante el venezolano Hugo Chávez.
La decadencia que envuelve a ese modelo no debería encandilar a sus críticos.
Chávez no es un producto espontáneo. Antes que él, hubo 40 años de gobiernos
demócrata cristianos y socialdemócratas que tanto se alternaron en el poder como
cubrieron sus negociados. En esos años Venezuela quedó encadenada al petróleo
sin una estrategia de largo plazo que evitara que el país sucumba. A fines de
los '90, y después de un intento de ajuste lanzado por Rafael Caldera, aun peor
que el que puso en marcha el segundo gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés
Pérez, el país estaba postrado y con 80% de pobres, los votantes que llevaron a
Chávez al gobierno en 1998. Inevitablemente obvio, años después y cuando el
bolivariano llevaba ya ocho victorias consecutivas en las urnas, el economista
liberal venezolano Hugo Faría reconoció en The Wall Street Journal: "El avance
hacia economías de libre mercado en los '90 no logró ocuparse lo suficiente de
los pobres. Esta es otra gran lección de las victorias de Chávez: hay que cuidar
a los pobres". El diagnóstico vale aún para toda la región.
Se suele perder de vista que el origen del líder bolivariano es superestructural.
No es consecuencia del crecimiento de la protesta como sucedió con Evo Morales.
En el caso del venezolano, Caldera lo saca de la cárcel que purga por golpista y
la alta burguesía del país caribeño lo ampara para que se haga cargo y evite que
las masas se radicalicen. Había que recuperar el sistema de acumulación y
canalizar hacia algún callejón honorable tanta furia de los desplazados.
Coherente, allá por el 2006, el bolivariano le aclaraba a la CNN: "La diferencia
entre Fidel y yo es que él es comunista y yo no soy comunista, pues". Desde
entonces los pobres que hoy según la CEPAL siguen siendo la mitad del país,
jamás dejaron su discurso, y posiblemente hayan quedado en gran medida sólo
allí.
Además de la contradicción ideológica, el otro gran problema del experimento fue
que continuó parte de los vicios de aquellos 40 años que siguieron al pacto del
Punto Fijo. Chávez también ató a Venezuela a los ciclos del petróleo sin
diversificar la economía. Y si bien consiguió niveles de crecimiento sin
precedentes cuando el crudo estaba por las nubes gracias al peligroso mundo que
construyó su colega George Bush, el país no logró desarrollarse.
El crecimiento sin desarrollo es un fenómeno que se repite en otras comarcas de
esta región, en el que suele prevalecer enmascarada la cuestión populista, es
decir gobiernos que nacen populares para resolver la pobreza como prescribía que
se debe hacer el antiguo socialismo, y terminan capitalizando con
asistencialismo ese mar de miserables. Esa trampa acaba deslegitimándolo todo,
como sucedió con parte del liderazgo que siguió a la descolonización en Africa o
el mundo árabe que en muchos casos acabó en despotismo.
Hoy el chavismo se encamina a las legislativas de setiembre sin saber si logrará
pasar el examen debido a que se ha quedado sin caja. La caída de los precios del
crudo le causó una pérdida de US$ 57.160 millones en 2009, calamidad que ayuda a
explicar un rojo fiscal cercano al 35% del PBI. Quienes satanizan el gasto
público esquivan que la cuestión es cómo se lo financia. Las economías, de
izquierda o de derecha, funcionan si hay equilibrio entre gastos e ingresos. Con
las divisas del crudo acotadas, la alternativa de Chávez era más impuestos o
créditos. Eligió un sendero peligroso: devaluó la moneda hasta 50% para aumentar
30% sus fondos disponibles y pavimentar el camino a las elecciones. Es la
versión caribeña de la pelea por las reservas en el BCRA de Argentina.
El bolivariano no vio la trampa o no pudo evitarla. Al tratarse de un país que
importa entre 70 y 80% de lo que consume incluyendo alimentos, la presión al
alza de la canasta básica aceleró el mal humor social. La represión a los
comerciantes acusados de especular, busca cruzar ese disgusto. Pero el alza es
irreversible y se multiplicará en marzo cuando se renueve estacionalmente el
ciclo de productos.
Una revolución no consiste en amontonar empleados públicos, como en algún
momento le explicó al propio Chávez el ocurrente uruguayo José Mujica. Todo fue
muy mal manejado. Venezuela terminó 2009 con una caída de 2,5%, una inflación de
27%, la mayor de la región, y un ajuste salarial de sólo 25%. Ese deterioro en
los sueldos se arrastró a este año pero con tonos imprevisibles porque la
devaluación amenaza con un alza frenética del costo de vida que alcanzaría 40%.
La "petrodependencia" es sólo parte del desmadre. Lo ha sido, también, el
desaliento a la inversión al habilitar un mercado paralelo que duplicaba el
valor oficial (hoy la triplica). Esa fue una de las fuentes de la plata dulce
que acaparó una minoría de impresentables nuevos ricos: la "boliburguesía" del
socialismo del siglo 21.
En la marmita se agrega la falta de energía y agua por la sequía pero también
por la falta de planes de inversión. Este amontonamiento de problemas esta en la
base de la nueva ola de represión contra la prensa y la oposición. El
hostigamiento es siempre directamente proporcional a la percepción de pérdida de
control.
La crisis en Venezuela preocupa a Cuba. Es por eso que está en Caracas el
comandante Ramiro Valdez, un hombre del riñón del castrismo y convertido en un
ayudante de campo de Chávez. Esto no es sólo porque Cuba depende del crudo
subsidiado que le da Caracas. La isla comunista, atrapada en una interna entre
aperturistas y ortodoxos (chavistas) y sufriendo su propia voraz crisis
económica, convirtió a Venezuela en un ejemplo "revolucionario", la llenó con
miles de sus jóvenes universitarios y ahora el modelo está en peligro pero no
debido a las malicias del capitalismo sin a las pifias del timonel. No todos los
espejos reflejan lo que se pretende.