(IAR
Noticias) 15-Enero-2010
"La capital es muerte. Una parte de Haití es destrucción", señala Haiti Press
Network, una publicación haitiana en internet. Tanto Haiti Press Network como la
página digital de Radio Metropole describen el panorama en Puerto Príncipe como
desolador y dantesco, con "cadáveres abandonados sobre el pavimento". No hay
servicios de emergencia, no hay comida, no hay teléfono, no hay agua, no hay
nada, describen los testigos. Según la ONU y la Cruz Roja, de 3 a 3,5 millones
de personas, más de un tercio de la población total, fueron afectadas de un modo
u otro por el terremoto. Los testimonios son escalofriantes.
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Catástrofe en Haití /
Imágenes de la devastación / Guía
animada de los terremotos /
Una nube de polvo cubrió Puerto Príncipe
Informe
IAR
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Agencias
Panorama
desolador
M ike Blanpied, del Instituto Geológico de EE.UU. (USGS), asegura que, basándose
en el lugar y el tamaño del terremoto, unos tres millones de personas se
habrían visto afectadas por el impacto de este devastador terremoto.
"Hacerse paso por las calles
para recoger los cadáveres parece en estos momentos una tarea imposible",
informaba el miércoles Sanjay Gupta para la cadena norteamericana CNN. "Los
hospitales, que deberían ser el destino para aquellos heridos que podría
sobrevivir, son inexistentes o están en unas condiciones espantosas (. . . ) y
no hay prácticamente ningún tipo de maquinaria pesada para poder excavar entre
los escombros. La gente lo hace con sus propias manos", agregó Gupta.
La cadena ha emitido diversas
imágenes de personas que, atrapadas entre las ruinas de viviendas, solicitan
ayuda a gritos y se retuercen para tratar de salir de entre lo que antes eran
viviendas. Muchos de los supervivientes están utilizando neumáticos y el
poco material que tienen a mano para encender fogatas con las que evitar el frío
y combatir la oscuridad de la noche, ya que desde el momento del terremoto la
ciudad permanece sin suministro eléctrico.
Un joven haitiano suplica en inglés
a un reportero de Reuters: "Está muriendo demasiada gente. Necesitamos ayuda
internacional... no hay servicios de emergencia, no hay comida, no hay
teléfono, no hay agua, no hay nada". Los cadáveres han empezado a llenar las
calles de Puerto Príncipe, lo que también hace temer la irrupción de
enfermedades y epidemias. Cada pocos metros, en cada recodo, aparecen grupos de
cadáveres amontonados. Algunos yacen tendidos en una esquina y otros muchos son
depositados en grandes camiones con destino al cementerio.
"Desde los escombros se oyen
gritos de socorro de los que se han quedado dentro y los parientes se desesperan
por la impotencia", apuntó la cooperante italiana de la Asociación de
Voluntarios para el Servicio Internacional (AVSI) Fiammetta Cappellini, quien
presenció el terremoto de siete grados de magnitud en la escala Richter que
devastó el 12 de enero el oeste de Haití.
El testimonio de esta mujer que recoge Europa Press, narra "el panorama
devastador" en que se ha convertido la isla caribeña y, en especial, su
capital, Puerto Príncipe, donde, según subrayó, "las calles se han convertido en
una trampa" y, en toda la ciudad, "la gente se queda en la calle, unos porque ya
no tienen casa y otros porque temen una nueva sacudida.
Según Kristie van de Wetering, cooperante de Oxfam en el país, la situación es
"muy caótica, con escombros de las viviendas por todas partes". "Hay una capa
de polvo que cubre toda la capital y podemos oir a la gente pidiendo ayuda desde
todos los rincones. Se están produciendo réplicas y la gente está muy
nerviosa", relató en un comunicado.
Barrios enteros han desaparecido, cientos de edificios públicos se han
derrumbado como un castillo de naipes, incluido el palacio presidencial.
Los equipos de rescate se retiran por miedo. Todos, menos Jeanwell Anthony, que
sigue sosteniendo la mano de un niño al que trata de consolar. "La mano de Dios
que ama la vida me ha guiado para salvar a este bebé", cuenta el socorrista.
Las comunicaciones normales están cortadas, los caminos bloqueados por escombros
y árboles, la energía eléctrica interrumpida y el suministro de agua es escaso.
Las únicas luces visibles en la ciudad provienen de señales de tránsito que
funcionan con energía solar. El panorama no puede ser más terrorífico.
En una entrevista a la cadena CNN, el ex presidente norteamericano, Bill Clinton,
enviado especial de la ONU a Haití, reconoció los esfuerzos que está realizando
toda la comunidad internacional para ayudar al pueblo haitiano, pero alertó de
que la tarea va a ser complicada, ya que estamos "ante una situación
devastadora". "Tenemos por delante tres o cuatro días muy duros en la
retirada de escombros para encontrar a los fallecidos y asistir a los
supervivientes. No sabemos aún cuanta gente hay muerta ni herida", añadió.
"Muchos heridos se encuentran a la intemperie, expuestos a la deshidratación,
por lo que podrían morir en las próximas horas. Por eso es tan importante
tener allí los equipos de rescate apropiados, por eso la gente debe saber que
durante la próxima semana o diez días van a ser necesarias una serie de
necesidades fundamentales, como alimentos, agua, cobijo y material de primeros
auxilios", aseveró el ex presidente norteamericano.
Periodistas internacionales
llegados a Puerto Príncipe dibujan un tétrico panorama de cadáveres
apilados en las calles, supervivientes retirando escombros con sus propias manos
para tratar de rescatar a los que permanecen con vida bajo los escombros,
heridos que no encuentran hospitales donde poder ser atendidos y una población
que trata de improvisar refugios donde aguardar la llegada de ayuda
humanitaria. Que no llega.
Balance escalofriante
El caos y la desolación dominaban ayer la vida de los haitianos. Los testimonios
eran escalofriantes. Se describía "gente ensangrentada", que "deambulaba perdida
y murmurando el nombre de sus seres queridos", otros que "rezaban y lloraban en
las plazas". Puerto Príncipe era un infierno de escombros y cadáveres, situación
que el presidente
René Préval calificó de "inimaginable" en entrevista al diario The
Miami Herald. Dijo haber caminado entre cuerpos aplastados y oído los gritos de
personas atrapadas en los restos del Parlamento, otro edificio que no resistió
el embate del terremoto y sus tres réplicas.
El primer ministro de Haití, Jean Max Bellerive, hizo ayer un balance preliminar
escalofriante. Por el terremoto del martes, habrían muerto más de 100 mil
personas. Se temía, ese día, que el sismo había sido catastrófico. Pero con las
líneas de comunicación caídas, salvo los mensajes y fotos por Twitter, no se
sabía la dimensión. Aún ayer, el alcance de la tragedia no podía mensurarse. El
presidente de Haití, René Préval, dijo luego de Bellerive que era "demasiado
pronto" para dar cifras de muertos, pero los estimó al menos entre 30 y 50 mil.
Un gendarme argentino falleció en el derrumbe del edificio de las Naciones
Unidas.
De 3 a 3,5 millones de personas, más de un tercio de la población total, fueron
afectadas de un modo u otro por el terremoto de grado 7,3, dijeron tanto
Naciones Unidas como la Cruz Roja. John Holmes, subsecretario de la ONU en
Asuntos Humanitarios, precisó que Puerto Príncipe, la capital, y sus
alrededores, es la zona más afectada; en menor medida también Carrefour, al sur:
"Hay necesidad desesperada de material y médicos". Un hospital móvil argentino
es el único que funciona en la capital y está desbordado.
"Camino por encima de cuerpos sin
vida"
"Camino por encima de cuerpos sin vida. Mucha gente se encuentra debajo de los
edificios. El hospital general colapsó. Necesitamos apoyo. Necesitamos ayuda.
Necesitamos ingenieros", fue el dramático llamado de la primera dama, Elisabeth
Préval, quien se salvó al igual que su esposo del desplome del palacio
presidencial.
"Las paredes se vinieron abajo en todos lados. Corrí por mi vida. La gente no
hacía más que gritar '¡Jesús, Jesús!'. Fue completamente irreal. Una locura",
relató el fotógrafo Ivanoh Demers a la revista canadiense cyberpresse.ca.
"La ciudad es muerte. Una parte de Haití se destruyó", afirmó Haiti Press
Network, de los pocos portales que actualizaba información pues las
telecomunicaciones colapsaron.
Todos los hospitales estaban abarrotados con gente, pero en algunos no había
médicos. "La noche del martes fue sin duda la más larga para los haitianos
golpeados por un terrible terremoto que ha dejado enormes cantidades de víctimas
e importantes daños", señaló el sitio web.
El sitio web de Radio Metropole señaló: "Los haitianos apilan cadáveres en
calles devastadas y otros buscan sobrevivientes y muertos entre ruinas". Un
camarógrafo de AP vio un hospital derrumbado donde la gente gritaba y pedía
ayuda en Petionville. Allí residen diplomáticos y familias ricas, así como
personas pobres, gran mayoría del pueblo haitiano.
"Todos los hospitales están
abarrotados. Es una catástrofe"
El presidente René Préval había afirmado que el seísmo podría haber dejado miles
de muertos, si bien admitía que aún no ha sido posible realizar una "evaluación"
sobre las consecuencias de la catástrofe, que afecta principalmente a la
capital, Puerto Príncipe.
"Tenemos que hacer una evaluación", reconoció Préval en sus primeras
declaraciones públicas realizadas al diario 'Miami Herald', calificando la
escena en la capital de "inimaginable". "El Parlamento se ha venido abajo, la
oficina de Hacienda se ha venido abajo, las escuelas se han derrumbado, los
hospitales se han derrumbado". Añadió que "hay escuelas con muchas personas
muertas". Atrapado bajo el Parlamento se encontraba aún vivo el presidente del
Senado, Kely Bastien.
El presidente haitiano, que no se encontraba en el momento del seísmo en el
palacio presidencial, explicó que ha recorrido varios barrios de Puerto Príncipe
para evaluar los daños. "Todos los hospitales están abarrotados. Es una
catástrofe". Préval agregó que las calles de la capital estuvieron llenas de
gente durante la noche por el temor a dormir en sus casas en caso de que
ocurriesen nuevos temblores.
La cadena ha emitido diversas
imágenes de personas que, atrapadas entre las ruinas de viviendas, solicitan
ayuda a gritos y se retuercen para tratar de salir de entre lo que antes eran
viviendas. Muchos de los supervivientes están utilizando neumáticos y el poco
material que tienen a mano para encender fogatas con las que evitar el frío y
combatir la oscuridad de la noche, ya que desde el momento del terremoto la
ciudad permanece sin suministro eléctrico.
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