En medio de un año electoral, el
gobierno bolivariano enfrenta su peor momento: jaqueada por la inflación y por
el colapso energético la economía venezolana estalló finalmente con la
devaluación del Bolívar realizada para compensar la baja de la recaudación
fiscal.
Venezuela es un país de estructura
exportadora primaria, que no conseguido (pese a la euforia petrolera de todo
estos años) desarrollar una industrialización productiva, y finalmente fue
impactada por la baja del precio internacional del crudo que le produjo un
déficit de la balanza comercial y una baja recaudatoria que le recorta las arcas
del Estado y el gasto social.
En este escenario, Chávez devaluó el
Bolívar siguiendo dos objetivos principales: Subir la recaudación con un
"dólar petrolero" más caro (el petróleo prácticamente es la única fuente del
ingreso de divisas) para paliar el déficit, y recuperar el gasto social (los
planes asistencialistas a los pobres) y controlar la inflación creando un
dólar paralelo más barato utilizado para la importación de alimentos y
bienes de producción (Venezuela importa la mayoría de los alimentos que
consume).
El viernes, Chávez estableció una
tasa de intercambio dual, que permitirá que el gobierno siga usando los
controles de moneda para impulsar a sectores de la economía que considere
estratégicos, mientras que otros tendrán que pagar un precio mucho más alto
si desean comprar dólares al gobierno.
Los importadores de alimentos y maquinaria pesada, así como las instituciones
gubernamentales serán algunos de los pocos que tendrán permitido comprar
dólares a una tasa de 2,6 bolívares, lo cual representa una devaluación de
17% frente a la tasa anterior de 2,15 bolívares. La mayor parte de la economía
pagará 4,3 bolívares para comprarle dólares al gobierno, doblando la tasa de
2,15 que había sido impuesta desde marzo de 2005.
Con las nuevas tasas de intercambio
el gobierno podrá exprimirle más bolívares a cada dólar que reciba por sus
ventas de petróleo, las cuales se desmoronaron el año pasado por la caída de los
precios. La economía venezolana, que depende del petróleo, entró en recesión
en 2009, con una caída de 2,9% en la actividad económica, mientras que la
inflación se acercó a 26%.
Chávez dijo que la devaluación "le
dará un impulso a la economía productiva, detendrá las importaciones que no sean
estrictamente necesarias y estimulará las exportaciones".
Pero en lo interno, y a modo de
contradicción, la devaluación del Bolívar impacta en un descenso abrupto del
poder adquisitivo que afecta a la mayoría trabajadora y más desposeída de la
población venezolana, que ante los rumores de un aumento de un 50% en el precio
de los alimentos se abalanzó en masa a comprarlos creando una psicosis
consumista.
El presidente venezolano ordenó el
domingo a los militares verificar que no se modifiquen los precios tras la
devaluación de la moneda decretada la semana pasada y advirtió que podría
confiscar cualquier tienda que especule con sus productos.
Con la intención de proteger a los
sectores más pobres (su principal clientela electoral) Chávez anunció la
creación de un tipo de cambio de 2,6 bolívares por dólar para la importación de
alimentos, medicinas y otros bienes esenciales. Esas tasas competirán con las
del mercado negro, dónde el bolívar se ha precipitado, lo que resultó en la
devaluación oficial.
El presidente venezolano anunció que el país tendrá un tipo de cambio de 2,6
bolívares/dólar para bienes prioritarios como alimentos y medicinas, y uno
"petrolero" de 4,3 bolívares/dólar para comercio, automotriz y textiles,
entre otros.
"No hay ninguna razón para que nadie esté incrementando los precios de
absolutamente de nada. Cuando haga falta el Gobierno es el primero en
reconocerlo producto de un estudio bien concienzudo", dijo el mandatario en su
programa semanal de radio y televisión Aló, presidente.
La lucha contra la especulación
apunta a "una contraloría social", a un "plan ofensivo y no defensivo",
remarcó el presidente venezolano, e insistió en que toda la oferta comercial de
la actualidad "fue importada con el precio viejo del dólar" de 2,15 bolívares.
"Cuando haga falta", y después de que el Gobierno haga "un estudio bien
concienzudo", se decidirá sobre eventuales alzas en productos y servicios
sometidos a un adicional control estatal de precios y tarifas, añadió.
"¡Que se preparen los que quieran
aprovechar los anuncios (sobre la devaluación) para aprovecharse y llenar de
temores a la gente!", porque "el pueblo actuará con la ley en la mano", insistió
Chávez.
"Quiero que la Guardia Nacional se vaya a la calle con el pueblo a luchar
contra la especulación", remarcó Chávez.
El mandatario dijo que es capaz de quitar los comercios a los dueños y
dárselos a sus trabajadores si remarcan precios.
Chávez acusó a los medios de comunicación de generar terror entre la
población al anticipar que toda clase de productos aumentará de precio.
Los canales de televisión y diarios opositores mostraron el domingo fotos de
largas colas de personas comprando electrodomésticos, además de diversos
análisis de cómo afectará la devaluación los sectores de la economía.
Pero el Gobierno de Chávez asegura que el impacto sobre los precios no sería
fuerte, en el país que tuvo la inflación más alta del continente en 2009, de
un 25,1 por ciento.
En otro mensajeel sábado, Chávez
reiteró que el "ajuste" monetario impulsará el sector productivo nacional y no
perjudicará a los ciudadanos.
El ministro venezolano de Economía y
Finanzas, Alí Rodríguez, por su parte advirtió de que "es necesario hacer una
reforma legal para castigar severamente a todo aquel que se descubra
especulando, esa acción es un delito, porque no tiene ninguna legitimidad el
hecho de que una persona incremente especulativamente los precios".
"Por otro lado, hay que fortalecer aún más las instituciones y crear mecanismos
de inteligencia para combatir la inflación", dijo Rodríguez en declaraciones a
la estatal Radio Nacional de Venezuela (RNV).
El ministro subrayó, a su vez, que la
medida de "ajuste" del cambio de la moneda respecto al dólar ha sido decidida,
entre otras, para estimular la producción interna para la exportación e ir
sustituyendo importaciones.
La escalada internacional de los
precios del petróleo (que en julio de 2008 rozó los 150 dólares el barril)
le concedió a Chávez enormes reservas de efectivo para enfrentar los
desfasases económicos durante gran parte de su presidencia.
No obstante el superávit con el
petróleo, el gobierno bolivariano (y pese a los procesos nacionalizadores) se
mostró incapaz de desarrollar un proceso de industrialización productiva
gerenciala por el Estado que sustituya la estructura importadora de la
economía venezolana.
Hoy Chávez, acuciado por un año con
elecciones parlamentarias, con una campaña internacional creciente en su contra,
comienza a pagar los costos de una economía primaria solo asentada en la
renta petrolera.
El petróleo ya no se negocia a
precios récord, la inflación se ha disparado y la economía está en recesión, y
las arcas del gobierno bolivariano están en rojo.
Por primera vez a Chávez ya no le
alcanza con el discurso: Necesita imperiosamente efectivo contante y sonante
para seguir manteniendo sus políticas asistencialistas y las redes de aliados
subvencionados de su proyecto en América Latina.
Con una oposición (gusana) local e
internacional conspirando para derrocarlo, Chávez por primera vez está en una
guerra de verdad contra el peor enemigo: la crisis económica que (de no
mediar un control) puede devenir rápidamente en crisis social de la
mano de la suba de precios y del desempleo.