El
reciente romance de los inversionistas con el euro podría ser poco más que una
breve aventura en el actual verano del Hemisferio Norte. Antes de tomarse un
respiro ayer por la tarde, la divisa común europea había avanzado más de 9%
contra el dólar estadounidense desde el 7 de junio, alcanzando US$1,30 después
de haber tocado fondo en US$1,19, su punto más bajo en cuatro años.
El euro se ha beneficiado del creciente optimismo sobre Europa: los temores
sobre los problemas de deuda soberana de la región se han calmado y los
inversionistas consideran que las pruebas de resistencia a los bancos europeos
sobre su fortaleza financiera aliviarán la inquietud sobre un colapso del
sistema financiero de la región.
Aun así, hay muchos que dicen que el avance del euro es más un reflejo de las
preocupaciones sobre la economía de Estados Unidos que del optimismo sobre las
europeas. "Mucha gente parece muy escéptica" sobre la revalorización del euro,
dice Camilla Sutton, estratega de divisas de Scotia Capital, en Toronto.
Sutton también se encuentra entre los escépticos. La analista cree que habrá
otra ronda de debilidad del euro en el próximo trimestre y que la divisa
terminará el año alrededor de US$1,19. Y las tan comentadas pruebas de
resistencia de los bancos, cuyos resultados se conocerán el viernes, podrían
estar ya incorporadas en los precios.
El euro retrocedió ayer en Nueva York a US$1,2760 frente a US$1,2893 el martes,
después de que el dólar avanzara tras el testimonio del presidente de la Reserva
Federal, Ben Bernanke, ante el Senado estadounidense, mientras que el dólar cayó
a 87,03 yenes, desde 87,43 yenes. Por su parte, el euro se negoció ayer a 111,11
yenes, frente a 112,73 yenes. La libra esterlina cayó de US$1,5282 a US$1,5170.
En el repunte del euro "ha habido un gran componente del dólar", dice Jens
Nordvig, estratega de divisas de Nomura Securities. "El mercado cambió
drásticamente su evaluación del dólar", agrega.
El catalizador del cambio fue una serie de datos económicos en EE.UU. más
débiles de lo esperado, justo en el momento en que empezaba a apaciguarse la
búsqueda de seguridad hacia el dólar que había acompañado la crisis de deuda
europea. Algunos operadores afirman que también han visto un resurgimiento de
compras de inversiones denominadas en euros por parte de inversionistas de más
largo plazo, especulando con que inversionistas y el gobierno de China podrían
encontrarse entre estos compradores.
En base al consenso de las previsiones de 102 firmas sondeadas por Consensus
Economics el 12 de junio, el euro terminará el tercer trimestre en US$1,21 y el
año en US$1,20. En mayo, se esperaba que el euro finalizara este trimestre justo
por debajo de US$1,30 y cerrara 2010 en US$1,294.
Opiniones sorprendidas
Las opiniones de los inversionistas también han sido en general bastante
parciales. A finales de junio, cuando el euro se negociaba a cerca de US$1,24,
una encuesta de Barclays Capital reveló que sólo 4% esperaba que la divisa común
europea repuntara, mientras que 80% esperaba que el euro se mantuviera o cayera.
Los cambios de dirección del euro han tomado a muchos inversionistas
desprevenidos. Los analistas de divisas acababan de ajustar sus previsiones para
incorporar la caída —una caída de 21%, hasta su punto más bajo a principios de
junio, desde su máximo de noviembre— cuando comenzó el repunte.
Detrás de las opiniones negativas hacia el euro se encuentra la creencia de que
el crecimiento económico europeo se verá afectado en los próximos trimestres por
el efecto de los ajustes a las políticas fiscales de los principales países del
área tras la crisis de deuda griega, donde los inversionistas pidieron cuentas
al gobierno por su insostenible endeudamiento.