Los temores sobre la deflación están volviendo a aparecer en las economías
desarrolladas después de varias semanas de turbulencias en los mercados
financieros a raíz de la crisis fiscal en Europa.
Por Jon Hilsenrath - The Wall Street Journal
Estas preocupaciones son más pronunciadas en Europa, donde los gobiernos se han
visto obligados a reducir sus déficits fiscales antes de que se consolide una
recuperación de la economía. Una combinación de recortes de gastos y aumentos de
impuestos podría socavar el crecimiento y contribuir a la deflación, es decir
una caída de los precios que pagan los consumidores.
A las autoridades les preocupa la deflación porque es un fenómeno difícil de
combatir. Las tasas de interés ya se redujeron a cero o casi cero en EE.UU. y
otras economías desarrolladas, de modo que los gobiernos no pueden recurrir al
recorte de tasas para estimular el crecimiento. La deflación también es
considerada perniciosa porque dificulta que las personas, las empresas y los
gobiernos salden sus deudas.
Irlanda, que ya ha registrado una deflación en medio de estrictas políticas de
austeridad fiscal, informó el jueves que los precios al consumidor descendieron
1,1% en mayo frente al mismo mes del año pasado, aunque las caídas se han
moderado en los últimos meses.
En Estados Unidos, la amenaza parece más remota que en Europa, pero los
economistas han empezado a advertir que si la recuperación se debilita,
aumentará el riesgo de un brote deflacionario. En una señal del mayor estado de
alerta, los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años, que caen cuando los
temores inflacionarios disminuyen y suben cuando se intensifican, han declinado
desde casi 4% a principios de abril a cerca de 3,2%. Aunque se recuperaron un
poco el jueves, grandes inversionistas en renta fija como Pacific Investment
Management Co., Pimco, han estado comprando bonos del Tesoro.
"Hay claras señales de advertencia de una deflación", afirmó Anthony Sanders,
profesor de la Universidad de George Mason, el jueves en una conferencia de la
Reserva Federal sobre el sector inmobiliario. "Mis amigos en la (Fed) tal vez no
estén de acuerdo conmigo. Si los bancos no prestan, tendremos deflación".
Las autoridades en EE.UU. y otros países han estado preocupados por la deflación
durante gran parte de la última década.
La política de tasas bajas de la Fed
de principios de la década pasada estaba dirigida en parte a prevenir una
deflación. Hasta ahora, el fenómeno no se ha materializado en ninguna economía
grande fuera de Japón. Y en los países en desarrollo, la inflación a causa de un
crecimiento demasiado acelerado sigue siendo la mayor preocupación. Brasil, por
ejemplo, elevó su tasa de referencia en 0,75 puntos porcentuales el miércoles, a
10,25% para frenar la expansión.
Los propios esfuerzos de la Fed en los últimos meses se han orientado a asegurar
a un público escéptico de que la inflación, no la deflación, no será la próxima
amenaza después de que bajara la tasa de interés a casi cero para combatir la
recesión. Los precios al consumidor en EE.UU. subieron 2,2% en mayo frente al
mismo mes del año pasado y podrían seguir bajando. Al excluir los volátiles
precios de los alimentos y la energía, la inflación apenas subió 0,9% en mayo,
el menor incremento desde 1966.
Los consumidores nunca parecen ver caídas de precios en ciertos rubros, como la
educación y la salud. Por ejemplo, la inflación de los medicamentos que
requieren receta saltó durante la recesión de 3% en 2007 a 5%, según la Oficina
de Estadísticas Laborales. Pero en algunos servicios básicos, las alzas de
precios se están desacelerando de forma pronunciada.
Mark Gertler, economista de la Universidad de Nueva York y coautor de un libro
con el actual presidente de la Fed, Ben Bernanke, proyecta que la economía
estadounidense se expanda a una tasa de entre 3% y 4% y prevé una inflación de
entre 1% y 1,5%. "Pero inclinaría los riesgos de desastre más hacia la deflación
que la inflación", indica.
La Fed alberga la esperanza de haber moderado la inflación al reducir la tasa de
interés a casi cero e inyectar más de US$1 billón (millón de millones) en el
sistema financiero a través de préstamos y compras de bonos. Aunque, en teoría,
toda esa cantidad de dinero podría causar inflación, la debilidad de los bancos
y el alto nivel de capacidad ociosa en la economía están sirviendo de
contrapeso.
Sutiles signos de preocupación sobre la deflación han empezado a figurar en las
declaraciones de algunos funcionarios. En un discurso pronunciado el miércoles,
Brian Sack, quien dirige el influyente grupo de mercados del Banco de la Reserva
Federal de Nueva York, manifestó que las autoridades estadounidenses tenían que
estar tan preocupadas por la deflación como por la inflación. "Creo que las
preocupaciones sobre la inflación deberían ser en los dos frentes", es decir
tanto un alza como una baja, aseveró.
El Banco de Inglaterra ha expresado inquietudes similares, si bien la inflación
ha repuntado. "Las economías del Reino Unido y EE.UU. tienen un bajo riesgo de
japonizarse, en el sentido de sufrir recesiones recurrentes debido a errores de
política macroeconómica, pero la deflación en sí no puede ser descartada", dijo
en un discurso a finales de mayo Adam Posen, miembro del comité de política
monetaria del banco central británico y experto en la deflación japonesa.
Ben Bernanke, el presidente de la Fed, sostuvo el miércoles que pese a que los
precios del oro se han disparado —una posible señal de los temores
inflacionarios—, otros indicadores se mueven en la dirección opuesta, incluyendo
los rendimientos de los bonos del Tesoro y los precios de las materias primas.
El precio del cobre, por ejemplo, ha caído 22% desde comienzos de abril.
Justin Lahart y David Wessel contribuyeron a este artículo.