La estrategia de inversión
podría causar un mayor descenso de la moneda común europea.
Por Neil Shah - The Wall Street Journal
El
euro ya enfrenta un mar de problemas, pero podría tener otro más: se está
convirtiendo en una de las divisas favoritas del "carry trade", una estrategia
en la que el inversionista pide prestado en un país con tasas de interés bajas e
invierte en otro que otorga mayores rendimientos, para quedarse con la
diferencia.
Los analistas del banco británico Royal Bank of Scotland Group PLC (RBS) y el
francés BNP Paribas SA proyectan que el euro sufrirá de la mano del carry trade,
una de las estrategias de inversión más riesgosas del mercado cambiario.
Estas transacciones normalmente ejercen una presión bajista sobre la divisa en
la que se toma prestado mientras que impulsan las monedas que se compran. Eso
sugiere que los inversionistas podrían continuar castigando la divisa común
europea, que este año ya ha retrocedido 14% frente al dólar, pese a que los
problemas de deuda soberana de Europa amainan.
"El euro es sin duda la moneda de financiamiento elegida", asevera Alan Ruskin,
analista de RBS, en un informe este mes. "El mercado siente el caos. Los
participantes comprenden que la unión monetaria está en aprietos". Ruskin prevé
que el euro caerá a US$1,1650 para fines de este año.
El lunes en Nueva York, el euro cayó contra el dólar y otras monedas, lo que
acabó con la racha de la semana pasada en la que se había recuperado de su
mínimo de cuatro años de US$1,2142. La divisa europea se negociaba a US$1,2380,
frente a US$1,2574 el viernes, y también perdía terreno con respecto a los
dólares australiano y canadiense.
Los inversionistas no están llevando a cabo operaciones de carry trade como lo
hacían antes de la crisis. Durante el auge, la tranquilidad en los mercados
permitió a los fondos de cobertura hacer grandes apuestas con dinero prestado
sobre diferenciales relativamente pequeños en las tasas de interés previstas. En
cambio, las transacciones de carry trade actuales simplemente son apuestas a la
recuperación económica global: uno invierte en, por ejemplo, Australia o Brasil
—países ricos en materias primas que suelen tener un mejor desempeño en un
entorno de fuerte crecimiento— y se financia de la forma más barata posible,
normalmente en dólares o yenes.
Es difícil hallar datos reales que demuestren que los inversionistas están
haciendo operaciones de carry trade o usando ciertas divisas. Pero las
fluctuaciones en la tasa cambiaria la semana pasada entre el euro y el dólar
australiano —una moneda que ha estado subiendo gracias a sus lazos con la
expansiva economía de China a través de la venta de bienes básicos—, ofrecen
evidencia de que los inversionistas están utilizando euros para financiar
apuestas.
El euro se elevó cerca de 8% frente al dólar australiano la semana pasada a
medida que los inversionistas ejecutaban estas operaciones, lo que significaba
comprar euros y vender las divisas en las que apuestan.
La zona euro aún no ofrece los costos más bajos en comparación a Estados Unidos
y Japón. El Banco Central Europeo, que está a cargo de la política monetaria del
bloque de 16 países, mantiene su tasa de interés de referencia en 1%, por encima
de la del Banco de Inglaterra, de 0,5%, y la de la Reserva Federal de EE.UU., de
entre 0% y 0,25%. El costo de pedir prestado dólares por tres meses en el
mercado interbancario también es menor que el de los préstamos en euros.
De todas formas, algunos inversionistas empiezan a ver el euro como una
potencial herramienta de préstamo.
"Ahora hay mucha más competencia por divisas de financiamiento", afirma Ken
Dickson, un gestor de portafolio de divisas de Standard Life Investments en
Edimburgo, que administra 146.000 millones de libras esterlinas (US$211.000
millones) en activos.
Hay varias razones para este cambio. En primer lugar, el crecimiento económico
de Europa sigue siendo débil y probablemente será menor que el del Reino Unido y
EE.UU. el próximo año, según los analistas. La crisis de deuda de la zona euro,
junto con las medidas de austeridad anunciadas en Grecia, Irlanda, España y
Alemania, podría perjudicar la expansión aún más.
Eso, a su vez, sugiere que el BCE podría mantener las tasas de interés bajas por
un período más largo para fomentar la recuperación de la región, sostiene
Dickson. Los inversionistas en divisas prefieren tasas de interés más altas
porque éstas incrementan los retornos. La inflación, por su parte, sigue baja en
Europa, lo que sugiere que el BCE no se sentirá presionado para elevar las
tasas.
Para colmo, la decisión del BCE de empezar a comprar bonos soberanos de países
débiles de la zona euro para impulsar sus esfuerzos de financiamiento ha
intensificado las dudas sobre el futuro del bloque. Es por esto que muchos
analistas están pesimistas sobre el euro. Mientras tanto, el dólar y el yen, las
divisas de carry trade usuales, se aprecian a medida que los inversionistas
buscan refugios, lo que hace más difícil tomar préstamos en esas monedas.
El euro alcanzó US$1,50 el año pasado, un nivel demasiado alto en opinión de los
analistas y legisladores europeos. Muchos consideran que su "valor justo" contra
el dólar debería ser US$1,25.