La profundización de la crisis
financiera en Grecia puso el martes a la Unión Europea en alerta roja.
El ministro griego de Finanzas,
Yorgos Papaconstantinou, reconoció que Grecia ya no puede refinanciar su
deuda en los mercados internacionales y espera préstamos europeos por un
mínimo de 9.000 millones de euros antes del 19 de mayo para no caer en default.
La noticia desató el pánico en las
Bolsas del mundo, que se desplomaron, y comenzó a temerse por la suerte de
Portugal, acentuando la presión sobre la UE para que supere las reticencias
de Alemania y entregue a Atenas la ayuda financiera prometida.
La agencia Standard & Poor's redujo
la calificación de la deuda griega hasta el nivel BB+, o lo que es lo mismo,
calificó sus bonos como "basura", sólo recomendados para especuladores.
También bajó la calificación de Portugal. Atenas calificó de "inexplicable" la
medida de S&P.
El primer ministro llamó a los
griegos a unirse para afrontar juntos "una de las fases más difíciles" de
la historia del país, en un emotivo discurso pronunciado en el Parlamento y
transmitido por televisión. Afuera miles de manifestantes protestaban en su
contra y pedían que no haya ajuste. Las centrales obreras llamaron a un paro
general para el 5 de mayo.
Frente al temor generalizado a un default griego y un posible brote en Portugal,
los mercados internacionales se derrumbaron mientras los temores al efecto
contagio se expandían por toda Europa.
La bolsa de Atenas cayó un 6%, su
baja más pronunciada desde octubre, y contagió al resto de las europeas, que
descendieron un 3% en promedio, con caídas de 2,6 en Londres, 3,8 en París, 5%
en Lisboa y 4,2% en Madrid.
La ola bajista se extendió a Buenos
Aires y Nueva York (el Dow Jones cayó 1.90% y el Nasdaq 2.04%), donde las
acciones retrocedieron ante el temor de que los problemas de la deuda en Grecia
y Portugal podrían afectar la recuperación económica mundial.
En Europa, el índice más débil sigue
siendo el Ibex 35. El analista del mercado español Yosi Truzman recuerda que "ayer
(por el martes) perforó todos los soportes
intermedios de la estructura de rebote que inició a principios de febrero y no
hay nada, técnicamente hablando, que lo pueda “sujetar” hasta la zona clave de
soporte situada entre 9.929 y 10.125".
En su opinión, "es altamente probable que Standard & Poor's decida rebajar el
“rating” de España en breve puesto que los argumentos que han dado para
hacerlo con Portugal y Grecia no justificarían mantener el nuestro, lo que, sin
duda, provocará que el índice alcance las cotas de soporte comentadas.
El euro también cayó por debajo de
1,32 dólares. La eurozona, en su peor crisis económica desde el nacimiento
del euro en 1999, podría convocar a una cumbre extraordinaria para el 10 de mayo
para aprobar los préstamos a Grecia. El martes, los bonos griegos a 10 años subieron
hasta el 9,5% -tocaron picos a mediodía del 18%- y los bonos a dos años cerraron
la jornada al 15%.
The Financial Times, incluso en la
edición que se edita este miércoles, prevé que la ayuda a Atenas alcanzará,
probablemente, a 70 mil millones de euros. Grecia se encontrará "en una
situación insostenible" sin la ayuda de la UE y el FMI, advirtió el director
del Fondo, Dominique Strauss-Kahn.
Si la ayuda europea no llega a tiempo y Grecia tuviera que renegociar el
reembolso de su deuda, los primeros perjudicados serían los bancos alemanes y
franceses, tenedores de los bonos griegos.
La UE intentó desde febrero
tranquilizar a los mercados. No parece haberlo conseguido. Ahora sólo le queda
poner el dinero porque el efecto dominó amenaza a Portugal y de ahí podría
extenderse a Irlanda, España, Italia o Bélgica.
Temores al contagio
Los temores de contagio de la crisis
griega a otros países de la eurozona también enfrentados a déficits
descomunales como Portugal y España empujan a Europa a acelerar las reformas
económicas y preparar el refuerzo de sus reglas de vigilancia presupuestaria.
Portugal, Irlanda, Grecia y España,
bautizados despectivamente por los operadores anglosajones con su acrónimo en
inglés PIGS (cerdos, en español), hacen frente a profundos déficits públicos,
respectivamente, del 9,4% del Producto Interior Bruto (PIB), 14,3%, 13,6% y
11,2% en 2009.
"Hay efectos de contagio, pero la
situación griega es realmente de una naturaleza diferente", explica Jean
Pisani-Ferri, del instituto de estudios europeos Bruegel.
Además, "el problema central de Grecia es presupuestario", mientras que
el de España, por ejemplo, "atañe principalmente la competitividad" de su
economía y procede directamente del estallido de la burbuja inmobiliaria,
prosigue.
Portugal, en cambio, atraviesa problemas tanto presupuestarios como de
competitividad, mientras que Irlanda "corrió riesgos importantes al desarrollar
su esfera financiera" antes de la crisis económica mundial.
No obstante, estos países también están vinculados en cierta forma: "La
calidad de lo que se haga para gestionar la crisis griega tendrá un efecto en
los otros países", según este experto.
Para Jesús Castillo, economista del banco francés Natixis, los "mercados se
interrogan actualmente sobre la reestructuración de la deuda griega", es decir,
sobre una posible modificación de sus vencimientos, suscitando "interrogantes
sobre los países que podrían venir detrás".
No obstante, la crisis griega tiene también efectos virtuosos sobre los países
más afectados por la crisis económica de la eurozona, al empujarlos - al igual
que Atenas -, a tomar medidas para reducir sus déficits y llevar a cabo
reformas para resolver problemas estructurales de su economía.
"Hasta ahora, desde el lanzamiento del euro, no se había dado una diferenciación
significativa en el mercado entre buenos y malos alumnos (en la Eurozona). Pero
a partir del momento en que se establece" una primera comparación, cada país
"se ve forzado a hacer esfuerzos", observa Pisani-Ferry.
Para el vicepresidente del BCE, países como España y Portugal están "sacando
las lecciones" necesarias para tratar de evitar seguir los pasos de Grecia,
a punto de ser rescatada con dinero de sus socios europeos y del Fondo Monetario
Internacional (FMI).
Así la crisis griega "es una experiencia que les está empujando a ajustar sus
políticas con el fin de restaurar la competitividad y mejorar su situación
presupuestaria", agregó el vicepresidente del BCE.