Dijo que el plan entre la UE y
el FMI es una hipótesis para calmar a los mercados.
Por Idafe Martin - Clarín, Argentina
Los acuerdos europeos, anunciados a bombo y platillo tras reuniones de urgencia,
amenazan con durar lo que el chocolate belga a la puerta de una escuela
infantil. La Eurozona acordó el domingo los detalles del plan de préstamos para
salvar las maltrechas finanzas griegas, hundidas en un déficit público oficial
del 12,7% y una deuda de 300.000 millones que Atenas apenas logra refinanciar
porque los mercados le exigen intereses que doblan los de los bonos alemanes,
los de referencia en la UE.
El domingo hubo pacto y bonitas declaraciones de solidaridad. Las instituciones
europeas se felicitaron del éxito. Y el lunes el riesgo griego se redujo
anticipando cierto optimismo en los mercados. Pero no se había oído nada desde
Berlín, la capital más reticente a ayudar a Grecia.
El gobierno alemán -al que le tocaría poner 8.400 de los 30.000 millones de
euros que la Eurozona prestaría a Atenas, ya que los otros 15.000 millones
saldrían del FMI- reaccionó el lunes, rebajando la euforia y provocó otra de
esas minicrisis europeas que encontrará solución temporal con otra cumbre de
dirigentes del bloque.
Christoph Steegmans, portavoz del gobierno alemán, dijo este lunes en rueda de
prensa, según varias agencias, que "el hecho de que haya un extintor clavado en
la pared no da ninguna información de la probabilidad de su utilización". Su
colega en el Ministerio de Finanzas, Michael Offer, lo dejó aún más claro: el
acuerdo alcanzado por la zona euro el domingo "sólo es una hipótesis, una
concretización a nivel técnico" de cómo se harían los préstamos y tiene por
objetivo calmar a los mercados.
Ambos portavoces recordaron que para activar los préstamos Atenas tiene que
pedirlos oficialmente y que la Eurozona acuerde por unanimidad esa activación. Y
para eso hará falta otra cumbre de la zona euro, en la que la alemana Angela
Merkel volverá a imponer sus condiciones.
Los mercados calmaron el lunes sus ansias con los bonos griegos y la tasa de
interés que Atenas debe ofrecer para refinanciarse bajó un punto hasta el 6,5
por ciento, aunque sigue siendo muy alta para ser sostenible a medio plazo. El
euro subió hasta 1,359 dólares tras haber caído hasta 1,349 la semana pasada y
la Bolsa de Atenas avanzó un 3,5%.
Todo bien, pero los análisis de la prensa económica europea no son tan
optimistas. Aun habiendo préstamos, Grecia no podrá salvarse del default a medio
plazo, estima el muy influyente Wolfgang Münchau, analista del diario Financial
Times.
El consenso de los análisis asegura que el gobierno heleno pedirá los préstamos
si no consigue financiarse al menos al 5 por ciento. Este martes es un día de
examen para valorar cómo seguirá este drama. Grecia debe vender hoy bonos por
1.200 millones de euros. El lunes se reunieron en Bruselas funcionarios de la
Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo
para preparar los préstamos. Si "Frau Nein" (señora No) Angela Merkel, la jefa
de gobierno alemana, da su visto bueno.
Según explicó el lunes Amadeu Altafaj, vocero de economía de la Comisión
Europea, los préstamos europeos y del FMI serán "un marco único". Así, si Grecia
pide 10.000 millones, no podrá elegir si vienen de sus socios europeos -al 5%- o
del FMI -al 2,7%- sino que serán un paquete con dos tercios de dinero europeo al
5% y un tercio del FMI al 2,7%.