Por
ahora, el retiro militar de las fuerzas USA de ocupación es solo un discurso
político de Obama orientado a no cargar con el "síndrome Irak" en las
elecciones parlamentarias del 3 de noviembre donde su partido corre el riesgo de
perder la mayoría en el Congreso.
Técnicamente, las tropas yanquis (que
quedaron) siguen empantanadas en Irak. Sus propios generales lo confirman,
argumentando que la "guerra contra el terrorismo" no está terminada.
Como siempre, las visiones de la Casa Blanca y el Pentágono, difieren.
Y las ópticas no coinciden por una
razón precisa: Obama, en caída libre en las encuestas, necesita ganar
elecciones, y los militares, las armamentistas, las petroleras y los bancos que
sacan rentabilidad comercial de la ocupación, necesitan que la ocupación
militar continúe.
Y como el discurso electoralista del
gerente de turno del imperio es irreal, la realidad del poder
estadounidense está marcada por la
necesidad fáctica de mantener el dispositivo militar en Irak.
Las razones son varias, pero
sobresalen cuatro:
A) El control sobre el petróleo
iraquí (la tercera reserva mundial).
B) El control geopolítico
estratégico proyectado hacia Medio Oriente y el Golfo Pérsico (lugar de
tránsito del 40% del petróleo mundial).
C) La importancia
estratégica de Irak para un potencial (y planificado) ataque militar a Irán.
D) La influencia de Teherán
sobre el poder y la mayoría chií que, ante un eventual retiro total de las fuerzas
estadounidenses, podrían convertir a Irak en otro gigante islámico en caos enclavado en
la ruta del petróleo.
Estas demandas estratégicas,
convierten el discurso del "retiro" de Obama en una pieza del marketing
político sin ninguna aplicación en la realidad concreta.
Es lo que vienen advirtiendo la CIA y
los generales en terreno. De los informes de inteligencia militar se desprende
la tesis central:
Si EEUU abandona el control militar
de Irak, se desequilibra el tablero estratégico de la "guerra energética" a
favor del eje Rusia-China-Irán, y se potencia la capacidad de la nación
islámica de convertirse en "potencia nuclear" y arrastrar consigo al mundo
musulmán.
Para los halcones israelíes y
estadounidenses, un Irak debilitado militarmente es una invitación a la
jerarquía de Irán a que acelere su llegada a la ojiva nuclear sin palos
en la rueda.
En este escenario, el lobby sionista
bancario y el lobby sionista militar hacen causa común frente a la
"irresponsabilidad electoralista de Obama".
Y las señales ya se proyectan en el
propio gabinete de Obama, donde sionistas halcones como Rahm Emanuel, según el
Washington Post, ya le vienen advirtiendo de la inconveniencia de sus
coqueteos "dialoguistas" con el mundo islámico que ya le está costando su
calificación como "musulmán".
Un título que en la primera potencia
imperial siempre lleva adosado el valor agregado de "terrorista".
En este escenario, el retiro militar
de Irak (esgrimido más como un discurso que una realidad) ya detonó una
guerra interna y el resurgimiento movilizado (y movilizante) de la
ultraderecha judeo-cristiana que maneja las riendas de la industria de guerra
centralizada en el complejo militar industrial.
En ese tablero, Obama es "un incapaz
que pone en riesgo la seguridad nacional de EEUU negociando con sus enemigos".
Concepto estrictamente compartido por la plana mayor del poder israelí.
Y
hay una praxis común entre los pastores de la guerra y los pastores bancarios de Wall Street:
El retiro militar de Irak no cierra en ningún inventario de los
bancos y empresas trasnacionales que cotizan en los puestos top del índice
Dow Jones, y que están en primera línea de aprovechamiento comercial de la
ocupación.
Para el establishment de poder USA, y
según muestran los medios y analistas líderes, el retiro militar de Irak es poco
menos que una utopía. Un festival electoral, que no cierra ni con los números
empresariales ni con las necesidades estratégicas del control geopolítico y
militar.
En consecuencia, ya detonó un proceso
interno de difícil pronóstico donde el destino de Obama pasa a depender de
sus suerte electoral en noviembre.
Y las encuestas marcan un descenso en
su caudal electoral que podría llevarle, desde perder la mayoría en el Congreso,
hasta la inmovilización de todas sus decisiones presidenciales por parte
de los republicanos que buscan una "vía rápida" para volver a controlar la Casa
Blanca.
Y el gerente negro del Imperio se
enfrenta a una rara ecuación opcional: Gobernar sin poder, o se derrocado por
un golpe institucional ya manejado como hipótesis por las usinas ultra
conservadoras.
En resumen, las teorías conspirativas
(de toda dimensión y alcance) cruzan el escenario imperial y se convierten en
centro de especulación en la prensa ultra conservadora.
El destino de Obama derrotado y
sin control parlamentario tiene varias lecturas (especulativas) posibles en
el terreno de la conspiración.
Pero hay uno que sobresale
nítidamente: Un golpe institucional contra su gestión. Lo que ya predijo
Cheney: Un juicio político por "incapacidad" en el manejo de la política
exterior.
Con otro eslogan complementario: La
gestión de Obama es incompatible con la seguridad nacional de EEUU.
Una tesis que ya lanzaron entrelíneas
los medios y usinas ultra conservadores atendiendo a un escenario de mayoría
parlamentaria controlada por los republicanos después de noviembre.
Todas las señales (especulaciones
entrelíneas de los medios y analistas estadounidenses) indican por estas horas
que los halcones ultra conservadores ya iniciaron la cacería del "Obama
musulmán".
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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