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(IAR
Noticias)
27-Agosto-2010
El "retorno de las tropas
a casa", el falso "repliegue" de las tropas norteamericanas aún quedan (50.000
efectivos), a sus bases y emplazamientos de la periferia, dejó una guerra civil
programada (entre suníes, chiíes y kurdos) para terminar de dividir y destruir
la resistencia iraquí. Se trata de un plan -elaborado durante la gestión de Bush-
orientado a sacar las fuerzas norteamericanas de la primera línea de fuego,
controlar el país desde las bases militares, y dejar que los iraquíes se
destrocen entre sí por medio de una sangrienta guerra de "todos contra todos".
La reaparición de los sangrientos atentados secuenciales, la impotencia del
ejercito colaboracionista iraquí para controlar la situación, muestran por sí
mismo el fracaso de la estrategia militar estadounidense en todas sus líneas.
En cualquiera de sus variantes, la farsa del "retiro" ya naufragó con la
recreación del nuevo escenario con "Irak fuera de control" que coloca nuevamente
a las fuerzas estadounidenses en el medio de una ratonera.
Por
Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com
IAR Noticias/
L a farsa USA-Obama (creada con fines electorales) del retiro de tropas en Irak estalló frente a la realidad de un
cuadro de atentados secuenciales que ha retrotraído al país ocupado al sitial de
violencia que ocupaba antes de el Pentágono decretara falsamente que "la
seguridad iraquí está bajo control".
A menos de una semana antes
del "fin de la misión de combate" del ejército ocupante estadounidense, el
miércoles estallaron 14 coches bombas en diferentes ciudades de Irak
causando la
muerte de 53 personas, en su mayoría policías iraquíes.
La sucesión de veinte atentados
coordinados en al menos 10 ciudades desde Basora, en el sur, hasta Mosul, en
el norte, indica claramente que los 50.000 soldados que permanecen en la Antigua Mesopotamia
–supuestamente sólo para entrenar y apoyar
al nuevo ejército iraquí– ya se encuentran en una ratonera de difícil escape.
Esta serie de atentados, que recuerda a los momentos de mayor intensidad de la
violencia en 2006 y 2007, desmiente las afirmaciones de la Casa Blanca y del
Pentágono sosteniendo que fuerzas colaboracionistas
iraquíes son capaces de "garantizar la seguridad del país".
La admisión pública por parte de los
propios generales estadounidenses de que Irak todavía no está bajo control
operacional, demuestra que la estrategia del retiro de tropas, dejando al
ejército colaboracionista iraquí como carne de cañón y "garantía de la
seguridad", ya fracasó en todas sus líneas.
Los propios militares iraquíes admiten que
ellos no pueden hacerse cargo de la
situación. El portavoz del Ejército colaboracionista, el general Kassem Atta, dijo
el miércoles que
“nuestras tropas todavía no tienen la formación ni las armas necesarias”.
El
frente político y el gobierno colaboracionista iraquí controlado por los chiíes,
tampoco logra su objetivo. Desde hace cinco meses reina una incertidumbre
absoluta ya que el partido del ex jefe de gobierno Ijad Allawi no logra armar
una mayoría para gobernar.
Los últimos atentados echan por
tierra la supuesta capacidad y preparación de las fuerzas de colaboracionistas
iraquíes -reconstruidas para que sustituyan como carne de cañón a las tropas
invasoras que permanecen en sus bases de la periferia- y dan señales claras de
un resurgir de la guerra civil entre suníes y chiíes.
La nueva escalada de atentados y
asesinatos hace temer un regreso a las decenas de cadáveres que salpicaban
diariamente las calles de Bagdad mientras las morgues no daban abasto para
acoger a las víctimas de los escuadrones de la muerte que salían de los
bastiones del gobierno chií.
Medios e inteligencia árabes vienen
atribuyendo esta masacre programada (por medio de la guerra civil) a agentes de
la CIA, escuadrones de la muerte infiltrados (o mimetizados) dentro de
los cuerpos de seguridad manejados por el ministerio de Interior iraquí, cuya
operatividad está controlada por las formaciones confesionales chiíes de al-Dawa
y del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Irak.
Esas organizaciones se encuentran
bajo el liderazgo de los clérigos y dirigentes chiíes que controlan el gobierno
colaboracionista, caso del gran ayatolá Sistani, que colaboraron con la
invasión norteamericana, y hoy conforman la mayoría del gobierno iraquí elegido
en las urnas.
La imbricación con la CIA, el Mossad
y la inteligencia británica, de estos grupos es directa, y sus vínculos
provienen de la época de la resistencia iraquí en el exilio, cuando el
Consejo Supremo de la Revolución Islámica y otras organizaciones
confesionales chiíes operaban conjuntamente con la inteligencia judeo-norteamericana
para derrocar o asesinar a Saddam Hussein.
La
"opción militar", intento de control por medio de ataques militares en gran
escala tuvo su entierro en Faluya, donde los tanques, aviones y marines de EEUU,
pese a convertir en ruinas la ciudad, no pudieron terminar con la resistencia
que emergió más fortalecida de los ataques.
Por otra parte, la "opción democrática iraquí",
intento de control por medio de un gobierno títere electo en la urnas y con el
aparato de seguridad mercenario iraquí reemplazando a las fuerzas
norteamericanas, también fracasó estrepitosamente con la falta de unidad para
formar gobierno, la exclusión de los suníes, y la impotencia de la policía y
el ejercito iraquí para controlar a la resistencia.
Mientras ya se habla nuevamente del
"sindrome Vietnam" para definir la debacle norteamericana en Irak, EEUU,
hoy administrado por Obama realizó un simulacro de "cambio de estrategia" sin
renunciar a los objetivos del control militar sin exponer a sus tropas.
En este contexto, una "guerra civil"
(promovida por los "terroristas de la CIA" infiltrados en la resistencia) ya
conforma una tercera estrategia de control por medio de la cual Washington
intenta salir del pantano en que se encuentra en Irak.
Con ese objetivo, dotados de
impunidad y de zona franca por las fuerzas norteamericanas y el aparato de
seguridad iraquí, esos escuadrones de la muerte actuaron por primera a la luz
del día, el 22 de febrero de 2005, tras la destrucción de una mezquita chií,
realizando una inédita operación relámpago de exterminio de sunies que
incluyó el secuestro y la tortura.
Estos comandos especiales,
financiados y entrenados por la inteligencia judeo-norteamericana, cumplen para
el Mossad y la CIA la misma función que cumple Al Qaeda con el "terrorismo
explosivo". En Irak, son los activadores operativos de la "guerra civil".
Es
decir, que la inteligencia militar ocupante controla los dos procesos esenciales
para el detonante de una guerra civil entre chiíes y suníes con
implicación de los kurdos, que también integran los "escuadrones de la muerte".
En ese
escenario, con la guerra civil que desangra a Irak como telón de fondo,
EEUU, hoy gerenciado por la administración Obama, sigue controlando la
administración, el petróleo, y los negocios de Irak, mediante un gobierno títere
y la supremacía de su fuerza militar que vigila por aire, por mar y por tierra
el territorio iraquí.
Con el retiro del grueso sus
tropas, y manteniendo un contingente de 50.000 soldados en sus poderosas bases
militares de la periferia,
el Pentágono se corrió del frente (la
línea del fuego rebelde) y colocó en su lugar al ejército de cipayos del
gobierno títere iraquí para que mueran como moscas y asuman el costo
político de la derrota en Irak.
El mando militar de EEUU, en tanto,
controla a Irak por aire y por tierra por medio de sus bases militares y
tropas acantonadas en las periferias de las ciudades iraquíes.
El plan ni siquiera fue diseñado
por la administración Obama, sino por el Pentágono de Bush, y hoy continúa
en la figura del actual secretario de Defensa Robert Gates que sirvió en ambas
gestiones.
De esta manera, el gerente de turno
Obama intentó cumplir con su "palabra" de "retirarse" de Irak,
ganando consenso electoral de cara a las elecciones de noviembre, y
sin romper el esquema cerrado de la dominación militar.
En suma, con la farsa del retiro de
tropas, Washington busca seguir controlando militarmente a Irak, sin soldados
muertos o heridos, sin costos políticos, sin manifestaciones "pacifistas" en
las ciudades estadounidenses pidiendo el retorno de las tropas, mientras los
iraquíes se despedazan los unos a los otros en una carnicería sin fin.
Por otro lado, si EEUU abandonara
definitivamente Irak (cosa que no va a suceder porque el Imperio no abandonará
el petróleo ni la posición geopolítica estratégica que consiguió con la
invasión) el país ingresaría inmediatamente en una guerra civil abierta
entre chiíes, sunies y kurdos por el control del poder y del petróleo.
En cualquiera de sus variantes, la farsa del "retiro" ya naufragó con la recreación del nuevo escenario con
"Irak fuera de control" que coloca nuevamente a las fuerzas estadounidenses
en el medio de una ratonera.
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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