n el escenario mundial que asoma en
2010 hay siete procesos de inevitable desenlace a corto plazo:
A) La resolución social de la
crisis económica global (con epicentro en EEUU y Europa), B) el ataque
militar a las usinas iraníes, C) incremento de la escalada militar en
Afganistán, D) potencial intervención militar de EEUU en Pakistán,
E) escalada de acciones militares de EEUU contra Sudán, Nigeria, Somalía
y Yemen, E) nuevo conflicto armado en el Cáucaso o en Eurasia
(como parte del teatro de la guerra fría EEUU-Rusia), F) agravamiento de la
crisis de los misiles EEUU-Rusia-OTAN en Europa del Este, G) Nuevo ataque
"terrorista" (o varios) similar al 11-S en Europa o EEUU.
En todos los casos, el
"terrorismo" (un arma estratégica de la Guerra de Cuarta Generación) va
actuar como elemento desencadenante y fusionante de los acontecimientos
que se avecinan en el teatro de los conflictos internacionales por la
preservación del orden imperial regente.
Desde el 11-S, en el 2001, el
"terrorismo" se constituyó en una herramienta clave del Estado imperial USA para
administrar y controlar la maquinaria planetaria del "nuevo orden"
emergente tras el estallido de las Torres Gemelas en Nueva York.
Hay tres razones estratégicas de
fondo que justifican la permanencia de la "guerra contraterrorista" como
principal hipótesis de conflicto mundial: 1) Expansión de la industria
armamentista (corporaciones del Complejo Militar Industrial), B)
Justificación doctrinaria de las guerras preventivas por conquistas de
mercado (ocupaciones militares), 3) Clave argumental para el
posicionamiento hegemónico de EEUU en el nuevo ordenamiento geopolítico y
militar globalizado.
En
el 2004,la Unión Europea se sumó a la estrategia norteamericana diseñando y
poniendo en práctica un plan "contraterrorista" que trasladaba
a territorio europeo la cruzada militar
y de seguridad contra el "eje del mal", que iniciara la administración Bush tras los atentados del 11-S.
Tras la imposición planetaria
del combate contra el terrorismo (principalmente islámico) la "psicosis
terrorista" inundó las portadas
de la prensa internacional y se extendió por
aeropuertos, metros, estaciones de trenes, y por todo lugar donde se produjeran
concentraciones masivas de personas.
La adopción europea
de la "guerra contraterrorista" representó
un triunfo de las tesis de caracterización del terrorismo como el "nuevo
enemigo" del mundo
occidental. A la vez dio piedra libre al lanzamiento de la nueva doctrina de
seguridad nacional norteamericana, y al concepto de
guerra preventiva
con que la administración imperial justificó las posteriores invasiones a Irak y
Afganistán.
La herramienta clave
En ese escenario, el ordenamiento de los nuevos procesos y
acontecimientos internacionales conflictivos que se avecinan será
determinado por las necesidades coyunturales que tenga el Imperio USA-UE
en el marco de sus relaciones globales económicas, geopolíticas y militares
estratégicas.
Los movimientos traumáticos (sean
económicos, militares o "terroristas") en el tablero mundial no están marcados
por caprichos personales de eventuales gobernantes sino por necesidades
estratégicas de supervivencia inmediata que tienen los Estados imperiales
y el sistema capitalista.
En ese sentido, Bin Laden (que no se
sabe exactamente si está vivo o muerto) y Al Qaeda son una valiosa carta que la
CIA y los servicios estadounidenses y europeos siempre se reservan para resolver
cualquier "salida" imperial (económica o militar) que requiera consenso
internacional.
Bien empleada, la herramienta
"terrorismo" (un arma que combina la violencia militar con la Guerra de
Cuarta Generación) tiene como objetivo central: Generar una conflicto
(o una crisis) para luego aportar la solución más favorable a los
intereses del que la emplea.
Por ejemplo: El 11-S (activado
por la CIA infiltrada en los grupos islámicos) en EEUU fue el detonante del
conflicto, y la "guerra contraterrorista" posterior, y las invasiones a
Afganistán e Irak, fueron parte de la alternativa de solución.
Entre los varios objetivos
encubiertos de la campaña con la "amenaza terrorista internacional" lanzada en
los últimos días por la Casa Blanca y las potencias centrales europeas,
sobresale nítidamente el de preparar el "clima" y la justificación para iniciar
operaciones militares en alta escala en Yemen, Sudán y Somalía.
El montaje del "ataque terrorista"
frustrado a un avión en diciembre pasado, el reciclamiento de la amenaza de
Al Qaeda en Yemen, las denuncias de Obama y los líderes europeos sobre
complots "terroristas islámicos" en marcha, las detenciones masivas de
"sospechosos" en EEUU y Europa, son piezas operativas del lanzamiento (y
aggiornamiento) de una nueva fase de la "guerra contraterrorista" a
escala global.
La ocupación militar de Yemen
(justificada por la "amenaza de Al Qaeda") resulta de vital importancia para una
proyección de control sobre el Cuerno de África, la llave del polvorín petrolero
islámico que las corporaciones estadounidenses quieren arrebatar a sus
competidores asiáticos, rusos y europeos.
El reciclamiento de la "amenaza de
Al Qaeda" (además de alimentar un nuevo ciclo expansivo de ganancia para las
armamentistas y las petroleras), sirve como argumento para justificar una nueva
escalada en Afganistán y un casi anunciado desembarco militar de EEUU en
Pakistán, un aliado caótico y desbocado que Washington necesita controlar en
función de sus estrategias en Afganistán y en el resto de la región.
En una versión degradada (marcada por
la decadencia del Imperio), Barack Obama ya recita casi textualmente la
"doctrina Bush" de las guerras preventivas contra el "eje del mal" como
estrategia de apoderamiento de mercados y de recursos estratégicos que el
Imperio y sus corporaciones necesitan para renovar sus ciclos de expansión
capitalista.
Terminado el marketing electoral, con
un Imperio USA colapsado por la crisis económica y las contradicciones internas,
el presidente negro aplica a rajatabla la "guerra contraterrorista" como
estrategia imperial de Estado en el marco de la política exterior.
Para
qué sirve el "terrorismo islámico"
El "terrorismo islámico",
convertido desde el 11-S en única hipótesis válida de conflicto internacional (y
como justificativo de base para intervenciones militares), es multifuncional
en su búsqueda de objetivos: Un atentado "terrorista" detonado a distancia (y
por control remoto) multiplica planetariamente sus efectos de "miedo mundial"
por medio de la manipulación mediática de las imágenes de destrucción que
realizan las grandes cadenas mediáticas del Imperio.
Y la interpretación del hecho
"terrorista" por los grandes medios del sistema y sus analistas no es
racional sino emocional: Al "terrorismo" no se lo analiza como un arma
político-militar (con objetivos y beneficiarios políticos-económicos) sino que
se lo presenta como un hecho "monstruoso y criminal" con un fin demencial
y una resolución irracional en sí mismo.
En este contexto de ocultamiento de
las causas y los fines inteligentes y planificados del "acto terrorista" (un
arma de guerra para conseguir objetivos, tan efectiva y mortal como cualquier
otra), quien avance hacia la búsqueda de explicaciones y de posibles
beneficiarios es tildado inmediatamente de "conspirativo".
Así la CIA y los servicios
estadounidenses y europeos consiguieron (además de entronizar la
ignorancia) "nivelar el miedo" y utilizar indiscriminadamente al
"terrorismo" (como arma de manipulación política y social) con la complicidad
manifiesta de los grandes medios y comunicadores masivos que sólo se limitan a
contar el "terrorismo" de acuerdo con las "fuentes oficiales".
Los
testeos con las "amenazas"
Como cualquier experto en
inteligencia sabe, hay un primer movimiento en las técnicas "terroristas" que se
denomina "testeo". Esta técnica consiste en generar "efectos
colaterales" de miedo sin llegar al atentado "terrorista" real, y su
principal campo de acción son las "amenazas" y el "descubrimiento" (antes de que
sucedan) de supuestos planes de ataques y atentados que son presentados a
la prensa.
En ese sentido, son ejemplos
paradigmáticos los "comunicados" de Al Qaeda y las apariciones constantes de Bin
Laden en los clásicos videos y grabaciones, así como las también constantes
revelaciones y denuncias de "planes terroristas" por parte de EEUU, Gran
Bretaña y los gobiernos de las principales potencias europeas.
Tanto Washington como las potencias
de la Unión Europea han mantenido históricamente denuncias constantes de
"ataques terroristas islámicos" en planes de ejecución, pero que
efectivamente no han sucedido, desde el 7 de julio de 2005, fecha del atentado
terrorista al metro de Londres.
Mediante estas operaciones de "testeo"
(y de mantenimiento de la psicosis del miedo) los planificadores del
USA-terrorismo de Estado imperial (disfrazado de "terrorismo islámico") mensuran
el impacto emocional y seleccionan los posibles "blancos" de los ataques
terroristas reales, principalmente en EEUU y Europa.
Mediante estas operaciones, los
estrategas y planificadores "testean" en diferentes escenarios (Europa, Asia,
África o EEUU) el clima de "miedo" existente, o lo reactualizan para mantener
activas las condiciones de manipulación con el "terrorismo".
Decenas de operaciones de "testeo"
con amenazas y descubrimiento de "planes terroristas" son realizadas anualmente
tanto en Europa (principalmente Francia y Gran Bretaña) y EEUU, donde los
"blancos" se sitúan (últimamente) preferentemente en el sistema de transporte de
Nueva York.
Esos ensayos les permite a los
planificadores evaluar posibles reacciones sociales y políticas frente a un
atentado real.
En este contexto, se reactualizan
las operaciones psicológicas para involucrar a grupos y organizaciones islámicas
asiáticas y africanas dentro de un plan "terrorista" común para vulnerar la
seguridad de EEUU y Europa.
El eje
Irán-Afganistán-Pakistán-Europa
Evidentemente, las operaciones de
testeo con las amenazas y planes "terroristas" siguen concentradas en el eje
asiático India-Afganistán-Pakistán-Yemen, en Medio Oriente, en los países
islámicos del Cuerno de Africa, y en el marco de las potencias europeas que
tienen tropas en Afganistán, donde los talibanes están exterminando a los
soldados de EEUU y la OTAN y ya controlan más del 70% del territorio afgano.
Como se sabe, los gobiernos europeos,
ante el enorme costo político y social que les acarrea, son cada vez más
renuentes a mantener su alianza militar con EEUU en Afganistán (hasta ahora la
guerra de ocupación más costosa y problemática para el Imperio) y algunos de
ellos ya están pensando en retirarse de sus acuerdos militares con Washington.
Las mismas potencias europeas, a su
vez, tienen en su manos la "resolución final" sobre el programa nuclear iraní
en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde el fin de la "opción
diplomática" podría desencadenar a corto plazo acciones de endurecimiento
económico y hasta nuevas y más duras sanciones militares contra Teherán.
Las seis potencias del grupo "5+1" (EEUU,
Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) ya acordaron con varios países
árabes celebrar consultas sobre posibles "acciones" a emprender contra
el programa nuclear de Irán.
Israel y EEUU, por su parte,
esgrimiendo informes (de la AIEA) donde se consigna que Irán ya está en
condiciones de fabricar ojivas nucleares, presionan para embarcar a la OTAN y a
las potencias europeas en acciones militares inmediatas contra Irán.
Estos dos conflictos estratégicos
centrales (el ataque a Irán y el desenlace en el eje Afganistán-Pakistán) son
los que básicamente alimentan las operaciones con el "terrorismo", tanto
en Asia como en las metrópolis europeas.
Las "amenazas" (con las posibilidades
siempre latentes de un "atentado real"), se orientan a dos objetivos
principales:
A) Ablandar la masa de resistencia
de los socios europeos nucleados en la OTAN para que continúen su alianza
militar en Afganistán y legitimen posibles operaciones militares ya planificadas
de ocupación en Yemen, Sudán y Pakistán.
B) Preparar y crear las
condiciones para acciones militares y de bloqueo económico contra Irán,
antes de que este país alcance a desarrollar ojivas nucleares que pongan en
peligro la supervivencia del Estado de Israel (la madre patria del sionismo
capitalista que controla el mundo desde Washington y Nueva York).
Para ello es imprescindible generar
un contexto asiático y europeo amenazado no solamente por el "terrorismo
islámico" de Bin Laden y Al Qaeda, sino también por el "peligro nuclear
iraní" que puede expandirse por Europa y EEUU.
Esto explica sucintamente el eje
Asia-Africa-Europa de las actuales operaciones con el "terrorismo" que -por
ahora- ya se concretaron con un atentado real en la India a fines de 2008, y
siguen extendiendo su estela de nuevas amenazas tanto en la región como en las
metrópolis de EEUU y Europa.
Resumiendo:
El "terrorismo" no es un objeto
diabólico del fundamentalismo islámico, sino una herramienta de la Guerra de
Cuarta Generación que la inteligencia estadounidense y europea están
utilizando para derrotar a los talibanes en
Afganistán, ocupar Pakistán, Sudán y Yemen, justificar acciones militares
contra Irán antes de que se convierta en potencia nuclear, y generar un posible
segundo 11-S para distraer la atención de la crisis económica que ya ha
derivado (por medio del desempleo) en crisis social tanto en EEUU como en
Europa.
Dentro de esta línea directriz, se
van a enmarcar los distintos acontecimientos de "amenazas" y "descubrimientos de
complot terroristas" que se irán desarrollando en los próximos días tanto en
Europa y EEUU como en Asia Central y la región del cuerno africano.
El punto "nebuloso" de estas
operaciones reside en precisar en qué momento los estrategas del USA-terrorismo
van a implementar el escenario de otro atentado real en alta escala (que
aparece como inevitable) en objetivos de Europa, Asia, o EEUU.
El "blanco", como ya se
precisó más arriba, seguramente va a estar determinado por el resultado y la
evaluación de los "testeos" con las "amenazas" y los "complots terroristas" que
(desde fin de año) vienen denunciado Barak Obama y las potencias europeas.
En el momento que EEUU decida atacar
a las usinas nucleares de Teherán, o lanzar operaciones militares en Pakistán,
en África o en el Cáucaso, va a necesitar imperiosamente de uno o varios
atentados terroristas reales para ablandar la resistencia de los aliados y
conseguir consenso internacional para nuevas ocupaciones.
Precisamente, esas son las funciones
claves que viene cumpliendo el "terrorismo islámico" (como arma de guerra
imperial) controlado por la CIA desde el 11-S hasta aquí.
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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