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INTERNACIONAL  

 

Conferencia Alastair Buchan
Un mundo complejo y lleno de incertidumbres

 
 

 (IAR Noticias) 31-Diciembre-2010

Las bases militares estadounidenses, bases de espionaje, bases de espionaje Echelon

Niall Ferguson ha acuñado el concepto de “mundo apolar” en el cual Estados Unidos va retirándose de su rol hegemónico mundial pero es reemplazado por..... nadie. China, en esta visión, está demasiado ocupado en mantener su estabilidad mientras se moderniza como para tomar compromisos globales más amplios. Europa está acosada por su declinación demográfica de largo plazo. En la ausencia de un sostenedor global de las reglas, las querellas religiosas, los conflictos interétnicos locales y los grupos no estatales como Al Qaeda ganarán espacio mundial (...).

Por Henry Kinssinger (*) - Clarín, Argentina

Hace treinta y cuatro años tuve el honor de dictar la primera Conferencia Alastair Buchan en el IISS. Alastair había sido un amigo, un ocasional crítico y una constante fuente de inspiración. En 1976 elegí como tema la siguiente cita de Alastair: “Hay cambios estructurales”, escribió Alastair, “en la influencia y el poder relativos de los grandes estados; hay un cambio cuantitativo de proporciones colosales en la interdependencia de las sociedades occidentales y en las exigencias que planteamos a los recursos naturales; y hay cambios cualitativos en las preocupaciones de nuestras sociedades.” Luego planteaba la pregunta: “¿Los estados muy industrializados pueden sostener o recuperar una calidad de su vida nacional que no sólo satisfaga a la nueva generación, sino que también pueda actuar como ejemplo o fuerza de atracción para otras sociedades?” En 1976, contesté esa pregunta con un categórico “sí”. Hoy sería más ambivalente. Los cambios que Alastair consideraba fundamentales en aquel momento eran las primeras etapas relativamente menores hacia la economía mundial globalizada y el mundo de la proliferación de armas nucleares. En ese momento, la línea divisoria estratégica o geopolítica atravesaba el centro del continente europeo. En la actualidad, sería imposible trazar una sola línea divisoria, hallar un común denominador a todas las líneas de falla que dividen el mundo contemporáneo.

Hoy, el centro de gravedad de los asuntos internacionales ha abandonado el Atlántico y se ha trasladado a los océanos Pacífico e Indico. La unidad europea ha avanzado de manera sustancial. La Unión Europea ha reducido la importancia del estado soberano, pero aún no se ha hecho carne en su población. Con la disminución de la centralidad del estado soberano, se ha vuelto más difícil inscribir las políticas en el marco del interés nacional y usar la fuerza con objetivos estratégicos específicos. Los objetivos militares se limitan a la conservación de la paz o se los sobredimensiona hasta que alcanzan magnitud de empresas universales, tales como la promoción de los derechos humanos, la protección del medio ambiente o la lucha contra el terrorismo global. Las guerras en las que han participado los países del Atlántico en las dos últimas décadas han pasado a ser en extremo polémicas y dan por tierra con el consenso interno.

En el panorama estratégico actual se han abierto asimetrías fundamentales.

Si bien un ministro de Relaciones Exteriores europeo calificó a los Estados Unidos de hiperpotencia, surgió un nuevo reto al orden internacional que desafió el concepto del acuerdo westfaliano basado en estados soberanos, pero que al sistema westfaliano del estado le ha resultado difícil de manejar: la emergencia del islamismo radicalizado, que tiene un carácter transnacional y rechaza la idea establecida de soberanía en busca de un sistema universal que abarque a todo el mundo musulmán (...).

En estas circunstancias, el concepto clásico de seguridad colectiva resulta difícil de aplicar . La proposición de que todos los países comparten el interés por la conservación de la paz y de que, a través de sus instituciones, un sistema internacional bien concebido puede movilizar a la comunidad internacional en su defensa es algo que la experiencia desmiente. Los participantes actuales en el sistema internacional son demasiado difusos como para permitir convicciones idénticas –ni siquiera simétricas– suficientes para organizar un sistema de seguridad global.

Un buen ejemplo es la cuestión de la proliferación nuclear. Los Estados Unidos y algunos de sus aliados tratan esos temas como un problema técnico. Proponen medios para evitarla y ofrecen sanciones internacionales como remedio.

Los vecinos de Corea e Irán tienen una perspectiva diferente, más política o geoestratégica . Casi con seguridad comparten nuestro punto de vista sobre la importancia de evitar una proliferación nuclear a su alrededor. China no puede querer una Corea –ni un Vietnam– nuclear en sus fronteras, así como tampoco un Japón nuclear, ni Rusia estados fronterizos con armas nucleares, consecuencias probables del fracaso de la política de no proliferación. Pero China también siente una profunda preocupación por la evolución política de Corea del Norte, así como Rusia por las consecuencias internas de una confrontación con el Islam. De esta manera, la seguridad colectiva comienza a destruirse a sí misma (...).

Algunos observadores han pronosticado la existencia de un mundo multipolar con pesos regionales como Rusia, China, India, Brasil o Turquía, agrupando a sus vecinos más pequeños y construyendo bloques de poder que puedan crear potencialmente un equilibrio global entre ellos. No creo que sea posible compartamentalizar el orden internacional en un sistema de hegemones regionales. Estados Unidos es un país del Pacífico. No puede ser excluido de Asia Oriental, ni China o India del Oriente Medio y otras regiones ricas en recursos. Los asuntos como energía y proliferación o medio ambiente no pueden ser regionalizados. Requieren políticas globales.

Niall Ferguson ha acuñado el concepto de “mundo apolar” en el cual Estados Unidos va retirándose de su rol hegemónico mundial pero es reemplazado por..... nadie. China, en esta visión, está demasiado ocupado en mantener su estabilidad mientras se moderniza como para tomar compromisos globales más amplios. Europa está acosada por su declinación demográfica de largo plazo. En la ausencia de un sostenedor global de las reglas, las querellas religiosas, los conflictos interétnicos locales y los grupos no estatales como Al Qaeda ganarán espacio mundial (...).

La relación entre EE.UU y China es un elemento esencial de tal enfoque y del orden internacional. Las perspectivas de paz y orden globales bien podrían depender de ella. Muchos han trazado una analogía entre la emergencia china como gran poder y rival actual de EE.UU y la emergencia alemana en Europa hace cien años, cuando Gran Bretaña era el poder dominante a escala mundial pero fue incapaz de integrar a Alemania. El caso chino es aún más complicado. No es el caso de integrar una nación de estilo europeo sino un completo poder continental. El ascenso chino está acompañado de cambios socioeconómicos masivos. La habilidad china para continuar manejando su emergencia como gran poder de la mano de una gran transformación es una de las cuestiones clave de nuestro tiempo.

Me gustaría concluir con un punto general. Ambos países son menos naciones en el sentido europeo que expresiones continentales de una identidad cultural. Ninguna tiene mucha práctica en relaciones de cooperación con sus pares. Pero sus líderes no tienen tarea más importante que implementar la certeza de que ningún país nunca podrá dominar al otro.

Tal convicción es la máxima forma de realismo . Requiere un patrón de cooperación contínua sobre temas clave, no constantes debates sobre crisis de corto plazo.


(*)Henry Kinssinger, ex secretario de Estado norteamericano

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