Por James Petras - Rebelión
Australia
El 19 de enero, el servicio secreto internacional de Israel, el Mossad, envió un
escuadrón de la muerte de 18 miembros a Dubai con pasaportes europeos
supuestamente "robados" a ciudadanos israelíes con doble nacionalidad y
modificados con fotografías y firmas falsas, para asesinar al dirigente
palestino Mahmud al-Mabhuh.
Las pruebas son abrumadoras: la presentación por parte de la policía de Dubai de
detallados videos de seguridad de los asesinos fue corroborada por el testimonio
de expertos en seguridad israelí y aplaudida por los principales diarios y
columnistas de Israel. El Mossad declaró abiertamente que al-Mabhuh era un
objetivo de alta prioridad que había sobrevivido a tres intentos de asesinato
anteriores. Israel ni siquiera se molestó en negar el asesinato. Además, el
sofisticado sistema de comunicación utilizado por los asesinos, la logística y
la planificación en torno a su entrada y salida de Dubai y el alcance y la
magnitud de la operación, tienen todas las características de una operación
estatal de alto nivel.
La política israelí de asesinatos en el extranjero plantea cuestiones profundas
que amenazan los fundamentos del Estado moderno: la soberanía, el Estado de
Derecho y la seguridad nacional y personal.
Israel ha declarado públicamente una política de violación de la soberanía de
cualquier país para matar o secuestrar a sus opositores. Tanto en la
proclamación como en la práctica real, la legislación, los decretos y las
acciones en el extranjero de Israel remplazan a las leyes y a los organismos que
las aplican en cualquier otra nación. Si la política israelí se convirtiera en
práctica común en todo el mundo entraríamos en una salvaje selva hobbesiana en
la que los individuos quedarían sujetos a determinados asesinos de escuadrones
de la muerte extranjeros sin restricciones de leyes nacionales o de las
autoridades responsables nacionales. Todos los Estados podrían imponer sus
propias leyes y saltarse las fronteras nacionales para asesinar con impunidad a
ciudadanos de otras naciones o residentes. De hecho, los asesinatos
extraterritoriales de Israel son una burla a la noción misma de soberanía
nacional. La eliminación extraterritorial por parte de los servicios secretos de
los opositores era una práctica común de la Gestapo nazi, de la GPU [predecesor
del KGB] de Stalin y de la DINA de Pinochet y se ha convertido en la práctica
consentida de las "Fuerzas Especiales" de EE.UU. en la división clandestina de
la CIA. Estas políticas son el sello distintivo de los Estados totalitarios,
dictatoriales e imperialistas que sistemáticamente pisotean los derechos
soberanos de los pueblos.
La práctica israelí de ejecuciones extrajudiciales y extraterritoriales
--ejemplificada por el reciente asesinato de al-Mabhuh en una habitación de
hotel de Dubai-- viola todos los preceptos fundamentales del Estado de Derecho.
Las ejecuciones extrajudiciales ordenadas por un Estado suponen que sus
servicios secretos son juez, jurado, fiscal y verdugo sin restricciones por
razones de soberanía y del derecho y el deber de las naciones de proteger a sus
ciudadanos y visitantes. Pruebas, procedimientos legales, derecho de defensa e
interrogatorios se borran del proceso. Patrocinados por el Estado, los
asesinatos extrajudiciales minan por completo el proceso debido. La liquidación
de opositores en el extranjero es el paso lógico que sigue a los engañosos
juicios en el interior de Israel basados en la aplicación de leyes raciales y en
decretos de detención administrativa que han desposeído al pueblo palestino y
violado las leyes internacionales.
Los escuadrones de la muerte del Mossad operan directamente bajo el primer
ministro israelí (que aprobó personalmente el reciente asesinato). La gran
mayoría de los israelíes apoyan con orgullo tales asesinatos, sobre todo cuando
los asesinos escapan al descubrimiento y a su captura. El funcionamiento sin
trabas de los escuadrones de la muerte en el extranjero patrocinados por el
Estado que llevan a cabo asesinatos extrajudiciales con impunidad constituye una
seria amenaza para todos los críticos, escritores, dirigentes políticos y
activistas cívicos que se atrevan a criticar a Israel.
El precedente de Israel matando a sus adversarios en el extranjero establece los
límites externos de la represión a través de sus partidarios en el extranjero en
las principales organizaciones sionistas, la mayoría de las cuales han apoyado
ahora y en el pasado la violación israelí de la soberanía nacional a través de
ejecuciones extrajudiciales. Si Israel elimina físicamente a sus opositores y
críticos, las 51 principales organizaciones judías estadounidenses reprimen
económicamente a los críticos de Israel en EE.UU.
Presionan activamente a patronos, a presidentes de universidades y a
funcionarios públicos para que despidan a los empleados, académicos y
profesionales que se atreven a hablar o escribir en contra de la tortura
israelí, de sus asesinatos y de la desposesión sistemática de los palestinos.
Hasta ahora, los comentarios más críticos --en Israel y en otros lugares-- del
reciente asesinato del Mossad en Dubai se fijan en la “incompetencia” de los
agentes, incluido que hayan permitido que sus rostros hayan sido capturados en
numerosos videos de seguridad mientras se cambiaban torpemente de pelucas y
disfraces ante la mirada de la cámara. Otros críticos se quejan de que el
chapucero Mossad “empaña la imagen de Israel” como Estado democrático y da
argumentos a los antisemitas. Ninguna de esas críticas superficiales han sido
repetidas por el Congreso de EE.UU., por la Casa Blanca o por los presidentes de
las principales organizaciones judías estadounidenses, donde reina suprema la
regla de la mafia de omerga, o del silencio, y la complicidad criminal es la
norma.
Aunque los críticos se quejan del trabajo chapucero del Mossad porque hace más
difícil que las potencias occidentales proporcionen cobertura diplomática a
Israel para sus operaciones en el extranjero, la cuestión fundamental nunca se
aborda: la adquisición y alteración por parte del Mossad de pasaportes oficiales
británicos, franceses, alemanes e irlandeses de dos ciudadanos israelíes pone de
relieve la naturaleza cínica y siniestra de la explotación israelí de sus
ciudadanos con doble nacionalidad para perseguir sus propios y sangrientos
objetivos de política exterior. El uso por parte del Mossad de pasaportes
auténticos expedidos por cuatro naciones soberanas europeas a ciudadanos propios
para asesinar a un palestino en una habitación de hotel de Dubai plantea la
cuestión de a quién deben su lealtad los ciudadanos israelíes con doble
nacionalidad y hasta dónde están dispuestos a llegar en la defensa o en la
promoción de los asesinatos de Israel en el extranjero.
Gracias a la utilización por Israel de pasaportes británicos para entrar en
Dubai y al asesinato de un adversario, cada hombre de negocios o turista
británico que viaje a Oriente Próximo será sospechoso estar vinculado con los
escuadrones de la muerte israelíes. Siendo este un año de elecciones y con los
partidos Laborista y Conservador contando considerablemente con los millonarios
sionistas para la financiación de sus campañas, falta por ver si el primer
ministro Gordon Brown hará algo más que gimotear y encogerse.
Traducido para Rebelión por
Loles Oliván