El alza de los costos laborales
en China está llevando a las empresas a salir en busca de lugares más baratos
donde fabricar sus productos, lo que representa una oportunidad para otros
países en desarrollo.
Por Patrick Barta y Alex Frangos -
The Wall Street Journal
Los
aumentos de sueldos en China ya han contribuido a producir disturbios laborales
en países como Camboya y Bangladesh.
Esto quiere decir que no basta con ofrecer costos laborales más bajos. Los
países que pretendan competir con China tendrán que renovar su infraestructura
básica y otras partes de sus economías para convertirse en alternativas viables.
Sólo cerca de un quinto de las principales firmas estadounidenses y europeas
encuestadas hace poco por Credit Suisse dijo que sería fácil trasladar
producción desde China a otros países, debido a la sólida red de proveedores e
infraestructura de distribución china. Un 90% consideró que reubicar la
producción sería muy costoso.
No obstante, a medida que la mano de obra china se encarece, será inevitable que
la inversión se desvíe a otros países, lo que acelerará los esfuerzos para
mejorar las cadenas de suministro y la infraestructura manufacturera, dicen los
analistas.
"Durante 15 años, China prácticamente marginó al resto del mundo" a medida que
inversionistas se congregaron allí en busca de mano de obra barata, dice
Frederic Neumann, economista de HSBC en Hong Kong. Ahora, añade, los cambios
"abren la puerta para que otros países" compitan por el espacio que antes
ocupaba China en forma exclusiva.
Un ejemplo claro es el sudeste asiático, una región de casi 600 millones de
personas que era uno de los destinos predilectos de la inversión global, hasta
que China lo desplazó. El trabajador fabril promedio en Vietnam ganaba US$136 al
mes el año pasado y el de Indonesia US$129, muy por debajo del promedio en
China: US$413.
De todos modos, el sudeste asiático también enfrenta enormes obstáculos,
incluyendo sistemas legales subdesarrollados y problemas de corrupción. También
existe la posibilidad de que los costos se eleven más de lo esperado a medida
que los trabajadores, enterados de los aumentos de sueldo en China, exijan
condiciones similares.
"La mayoría de los países, por no decir todos, se guía por los precios en
China", señaló en un comunicado de prensa Bruce Rockowitz, director de la firma
de corretaje de Hong Kong Li & Fung. Aun así, Li & Fung ha mitigado parte del
alza en sus costos transfiriendo operaciones a países como Indonesia y Vietnam.
Varios países del Sudeste de Asia, incluyendo Camboya, Vietnam e Indonesia,
carecen de la infraestructura suficiente para sostener industrias manufactureras
más grandes, aunque sus salarios son inferiores a los de China. Los países de la
región tampoco cuentan con la escala por sí solos para absorber el enorme flujo
de empleos provenientes de China.
Los líderes de la región impulsan planes para agrupar a varios países dentro de
una plataforma de promoción y producción común para 2015. De concretarse, el
proyecto incluiría menos restricciones a la movilización de mano de obra
calificada entre países y agilizaría los procedimientos aduaneros.
Los países del sudeste asiático también están incrementando su inversión en
carreteras y ferrocarriles. Iniciativas financiadas por el Banco Asiático de
Desarrollo y otras entidades han creado tres corredores comerciales terrestres
con mejores conexiones entre Camboya, Tailandia, Vietnam y Laos.
Muchas compañías buscan alcanzar independientemente esas mismas metas. En la
industria textil, más de 12 proveedores de la región han alcanzado recientemente
acuerdos para integrar sus cadenas de suministro al conectar empresas en lugares
como Camboya con fabricantes de insumos en Tailandia y otros países cercanos.
Las empresas se juntan para promocionar sus productos y parecerse a los
proveedores en China, que usualmente cubren todo lo necesario para la
fabricación de prendas de vestir en una misma zona.
La meta a largo plazo es que el sudeste asiático opere como un solo país con
muchos estados en vez de una región con 10 países, sostiene Van Sou Ieng,
presidente de la junta de la Asociación de Fabricantes Textiles de Camboya.
"Tenemos enormes diferencias, pero tenemos que lograrlo" para atraer más
negocios desde China, dice.
Una de las empresas participantes es la malaya PCCS Group, con operaciones en
China y Camboya. En China, PCCS posee dos fábricas cuyos salarios se han
disparado cerca de 50% en los últimos seis meses. También experimenta una
escasez de mano de obra que ha reducido las operaciones a menos de la mitad de
la capacidad, asegura Yik Thong Choon, gerente general de PCCS. En Camboya, en
cambio, la empresa recibe más solicitudes de empleo de las que necesita.