El nuevo enfrentamiento entre Norcorea y
el eje EEUU-Corea del Sur (en el tablero del conflicto nuclear), que sobrevino luego del hundimiento de un barco de guerra surcoreano de cuya responsabilidad
Seúl acusa a Corea del Norte, comenzó a desarrollar una peligrosa escalada
militar entre ambas naciones.
La amenaza norcoreana de atacar Corea
del Sur generó una inmediata tensión militar en la península y desató
mecanismos de alarma mundial y regional que no había conseguido con el
lanzamiento de 7 misiles en 72 horas.
La sola advertencia de Pyongyang de
que atacaría Corea del Sur en caso de no ser escuchado, ya movilizó a las
potencias capitalistas del "club nuclear" (incluidas Rusia y China) que
controlan las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU.
En ese
escenario, Corea del Norte realizó este lunes disparos de artillería cerca de su
disputada frontera marítima con Corea del Sur, reportaron medios surcoreanos.
Los disparos tuvieron como blanco sus propias aguas territoriales y se
produjeron cuando estaban por concluir ejercicios militares surcoreanos
denunciados por Pyongyang como una provocación.
Unos 4.500 efectivos de la armada de Corea del Sur, a bordo de 29
embarcaciones y 50 aviones, participaron en las maniobras antisubmarino.
Corea del Norte ya había advertido que iba a reaccionar a la muestra de fuerza
del gobierno de Seúl.
Y según la agencia surcoreana de noticias Yonhap, las tropas de Corea del Norte
hicieron más de 100 disparos contra las aguas del Mar Amarillo a eso de las
17:30 hora local (08:30 GMT).
La tensión había aumentado todavía un poco más el fin de semana, cuando se supo
que Corea del Norte capturó un barco pesquero de Corea del Sur que se
había perdido en el Mar del Japón.
Los
tripulantes –cuatro pescadores surcoreanos y tres chinos– fueron interrogados
por una supuesta violación de la zona económica exclusiva norcoreana ,
señaló la guardia costera de Corea del Sur en un comunicado. Y agregó que el
barco era llevado hacia el puerto de Songjin, en el este del país del norte.
El
incidente ocurre en un momento especialmente tenso ya que Corea del Sur lleva a
cabo desde el jueves maniobras militares marítimas en el Mar Amarillo (costa
occidental de la península coreana) que finalizarán este lunes
El régimende Pyongyang amenazó con represalias “físicas” por los
ejercicios militares en los que Seúl intenta poner a prueba su capacidad para
responder a un eventual ataque submarino desde su vecino del norte.
La tensión
creció desde el hundimiento de la corbeta surcoreana Cheonan, el 26 de marzo, en
el que murieron 46 tripulantes. Fue uno de los peores desastres militares de
Corea del Sur desde la guerra coreana de 1950-53.
En mayo, una investigación internacional encargada por Seúl anunció que el
naufragio fue causado por un torpedo lanzado desde un submarino norcoreano.
Pyongyang
negó la información, acusó a su vecino de haber “fabricado” pruebas y
afirmó que los dos países estaban “cerca de la guerra”. Días después, rompió sus
relaciones con su vecino del sur y puso en alerta máxima a su ejército.
El incidente del “Cheonan” también motivó a finales de julio cuatro días de
maniobras conjuntas entre Corea del Sur y Estados Unidos en el Mar del Este,
vistas como una demostración de fuerza ante el régimen de Kim Jong-il.
Pyongyang advirtió la semana pasada que “responderá al proyecto de un ataque
marino planeado por el grupo de traidores con una fuerte represalia física” y
aconsejó a los barcos civiles que se mantuvieran alejados de los límites
marinos.
Las dos
Coreas se encuentran en una situación de guerra técnica ya que su
conflicto bélico concluyó con la firma de un armisticio y no de un tratado de
paz, después de que se estallara la guerra el 25 de junio de 1950 cuando el
ejército norcoreano invadió al Sur.
La guerra
dejó más de tres millones de muertos y desaparecidos, así como la división de la
nación coreana, cuya cicatriz que se hace presente en la Zona Desmilitarizada,
la frontera más protegida del mundo.
Además de
650.000 soldados surcoreanos, unos 28.500 soldados estadounidenses están
desplegados en la península coreana como poder disuasorio ante un eventual
ataque del régimen comunista de Corea del Norte.