El fantasma de la deflación ha
resurgido como una preocupación para la economía estadounidense.
Por Jon Hilsenrath - The Wall Street Journal
Después
de estudiar por más de una década este fenómeno en Japón, los economistas se han
dado cuenta paulatinamente que, en realidad, no tienen idea de cómo funciona.
La deflación se asocia usualmente con caídas de precios, ingresos y activos. Las
tasas de interés bajan a cero y, por ende, no pueden seguir declinando. El
descenso en los precios y los ingresos eleva el costo de la deuda, restándole
vitalidad a la economía y ejerciendo más presión a la baja sobre los precios.
Una situación que ya es mala, empeora.
La inflación en EE.UU., por ejemplo, cayó 10% en 1932, en medio de la Gran
Depresión, y 27% entre 1929 y 1933.
La experiencia de Japón, no obstante, ha sido muy diferente. En lugar de ser
profunda, destructiva y concentrada en unos pocos años, como durante la Gran
Depresión, la deflación de Japón ha sido ligera y prolongada. Los precios al
consumidor nunca han bajado más de 2% en un sólo año desde 1995. "No sabemos
cómo funciona la deflación", reconoce Adam Posen, miembro del comité de política
monetaria del Banco de Inglaterra, quien ha estudiado a Japón desde 1997. "No
tenemos una manera de racionalizar una deflación estable a lo largo de varios
años".
El tema es apremiante para la Reserva Federal estadounidense (Fed) y otros
bancos centrales en los países desarrollados. Irlanda ya sufre una deflación y
España ha coqueteado con ella. La medida preferida de inflación de la Fed avanzó
1,3% en junio frente a igual mes de 2009, por debajo de la meta informal de
entre 1,5% y 2%. A algunos funcionarios de la entidad les preocupa un descenso
de precios en caso de una recaída de la economía.
En teoría, Japón parecía un candidato para una espiral deflacionaria. La
economía ha crecido en forma consistente por debajo de su potencial. El
desempleo creció desde 2,1% a principios de los 90 a más de 5% una década
después. La creciente capacidad ociosa de la economía debió haber hecho bajar
los precios. Grandes sumas de préstamos morosos en la banca debieron agravar el
pago de la deuda.
Pero no fue así. Teorías académicas como la Curva de Phillips, que explica que
cuando el desempleo aumenta, la inflación baja, no funcionan como solían
hacerlo.
Antes de la crisis financiera, la Fed detectó indicios de que esta dinámica
podría perder fuerza en Estados Unidos con el tiempo. Es decir: un alza
importante del desempleo no podría generar un shock deflacionario de tal
magnitud como en el pasado.
La experiencia de Japón reforzó esa postura. Posen advierte que esto podría
explicar cambios de corto plazo en conductas de desempleo e inflación, pero
Japón sigue siendo un rompecabezas porque sus problemas han persistido durante
mucho tiempo.
Otra explicación apunta a la psicología de los consumidores y las empresas, que
jugaría un papel preponderante en la inflación. Si la gente cree que los precios
aumentarán mucho, exigirán salarios más altos y los precios subirán. Si la gente
cree que la inflación se mantendrá igual o que bajará, actuará conforme a esa
expectativa.
Japón puede experimentar una deflación leve y prolongada porque, con el tiempo,
eso condicionó las expectativas de los japoneses. Incluso cuando la economía se
recuperó entre 2002 y 2007, los precios siguieron cayendo.
El gobierno también juega un rol. Funcionarios japoneses respondieron a la
crisis, pero muchos economistas estadounidenses se quejaron que no recortaron
las tasas de interés lo suficientemente rápido en un comienzo.