El
documento resumido es coincidente con las advertencias de la CIA y del último
comandante militar de EEUU quien fuera destituido por opinar públicamente
sobre la ineptitud de Obama y de sus funcionarios para controlar el país ocupado
desde el 2001.
La
organización Wikileaks, que impulsa la difusión de informaciones secretas,
revela parte de lo que se menciona en unos 90.000 informes militares secretos
estadounidenses sobre Afganistán, que fueron filtrados el fin de semana a varios
diarios y cadenas televisivas de EEUU y Europa.
La
organización Wikileaks, fundada por Julian Assange, que el pasado mes de abril
difundió un
vídeo secreto sobre la muerte de un periodista de
Reuters en una operación del Ejército estadounidense en Bagdad
difundió el contenido de los documentos de manera simultánea a tres de los
diarios más influyentes del mundo: el The New York Times, el británico The
Guardian y Der Spiegel, de Alemania.
Según la
conclusión de periodistas estadounidenses sobre los informes, y coincidiendo con
las declaraciones del destituido jefe militar de Afganistán, general Stanley McChrystal,
los documentos describen a una resistencia Talibán "resistente y
astuta" que está derrotando a las fuerzas estadounidenses a través de
una guerra de desgaste.
Se trata
de 90.000 folios de documentos filtrados donde se recoge el listado de
incidentes e informes del conflicto, y se trata de la mayor filtración de
documentos oficiales de la historia militar estadounidense.
De acuerdo
con los documentos, los talibanes eligen cuándo, cómo y dónde luchar,
usando técnicas de sabotaje y engaño, así como tácticas de manipulación
psicológica sobre los oficiales y los civiles afganos, bien a través de
amenazas, carisma, violencia, dinero, fervor religioso o llamamientos
populistas.
Los informes, elaborados entre enero de 2004 y diciembre de 2009 representan, a
juicio del jefe de la sección de la investigación del Guardian, David Leigh,
"lo que podría ser la mayor filtración en la historia de los servicios de
Inteligencia".
La Casa
Blanca, su vez, condenó la publicación de dichos documentos tras su
aparición, la versión digital de los diarios The New York Times , The Guardian
(Gran Bretaña) y Der Spiegel (Alemania), entre otros.
El
material facilitado por la organización Wikileaks, detalla, entre otros
informes, como los servicios secretos paquistaníes ayudan a los rebeldes afganos
en operaciones encubiertas ejecutadas a las espaldas de la CIA y de los
servicios occidentales.
A través
de esta desclasificación, salen a la luz un gran número ataques y
muertes de civiles como resultado de los disparos de las tropas contra
conductores y motoristas desarmados ante el temor de que éstos fueran
terroristas suicidas.
Varios de
los informes de la Inteligencia estadounidense acusan al Servicio de
Inteligencia Paquistaní (ISI) de "armar, financiar y entrenar a la
insurgencia talibán desde 2004".
Los documentos señalan que en operativos secretos el ISI (servicio secreto
pakistaní) habría entrenado a terroristas suicidas y proporcionado enormes
sumas de dinero a los Talibán a través de la frontera.
Además,
existiría un compromiso por parte del servicio paquistaní de dar apoyo
logístico para esconder a los encargados de perpetrar posibles magnicidios,
entre ellos el asesinato del presidente afgano Hamid Karzai.
De acuerdo
con The New York Times, los documentos señalan que los servicios de inteligencia
paquistaníes ayudaron secretamente al movimiento talibán en Afganistán, mientras
el gobierno en Islamabad recibía más de mil millones de dólares anuales de
Washington por su ayuda contra la resistencia Talibán.
Ninguna de
las fuentes oficiales consultadas por The Nrew York Times ha negado la veracidad
de la información, según el rotativo neoyorkino.
El Times
señala que un porcentaje de la información no es verificable, pero que
"numerosos informes se basan en fuentes que los militares consideran fiables".
También los informes, contradiciendo la información de la OTAN y del Pentágono,
muestran un cuadro de situación en el cual la situación de las fuerzas aliadas
de ocupación es más grave de lo que se reconoce oficialmente.
El diario
británico The Guardian indicó que estos informes revelan cómo "una unidad
secreta de fuerzas especiales traza a los líderes talibán para matarlos o
capturarlos sin juicio".
Los
documentos revelan que la resistencia Talibán ha empleado misiles portátiles
infrarrojos modelo Stinger contra aviones de combate aliados, la misma clase de
arma que contribuyó a que los muyaidines afganos derrotaran los soviéticos en el
conflicto de 1980.
También se revela la existencia de unidades secretas conocidas como Fuerza de
Intervención 373 -un grupo clasificado de operativos especiales del Ejército y
de la Marina- que cuentan con una lista de "muerte o captura" en la que
figuran unos 70 altos comandantes de la organización rebelde.
Los
documentos consignan que grupos paramilitares relacionados con la CIA, y
conocidos como miembros de la OGA (Otra Agencia del Gobierno, por sus siglas en
inglés) operan en Afganistán y han asesinado a civiles en el transcurso
de sus operaciones.
Las operaciones encubiertas de estas unidades secretas, según los documentos
citados por el Times, "han aumentado en número notable bajo la administración
Obama".
Según el
New York Times, además de las bajas civiles que causan estos operativos,
encargados de organizar emboscadas, ordenar ataques aéreos y emprender asaltos
nocturnos, los mismos comportan un gran costo económico.
Otros
informes señalan que la CIA ha financiado desde 2001 a 2008 con los gastos
de las agencias de espionaje afganas, las cuales se han convertido "en una
mera subsidiaria" de la Agencia Central de Inteligencia.
Por su
parte, el Ejército estadounidense está aumentando el uso de aviones no
tripulados a pesar de que "su rendimiento está siendo mucho menos
impresionante" del que se ha estimado públicamente.
Algunos aparatos, apuntan los informes "se estrellan o chocan entre sí",
lo que desemboca en "misiones enormemente arriesgadas" para recuperar los restos
de los aparatos antes de que los talibán se hagan con el armamento que
transportan.
Por otra
parte los documentos precisan el número de bajas civiles por "conducta
inapropiada" de los soldados. Alrededor de 200 civiles podrían haber
muerto y otros 174 habrían resultado heridos a manos de las tropas de la
coalición al ser confundidos con "terroristas suicidas".
La
revelación pública de los documentos recibió condena inmediata del gobierno de
Barack Obama.
En un
comunicado, el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el general
James Jones, indicó que las filtraciones "ponen en peligro las vidas de los
estadounidenses y de nuestros socios". Luego subrayó que los documentos
filtrados abarcan el período entre enero de 2004 y diciembre de 2009, la mayor
parte durante el mandato de George Bush.
Jones
critica a Wikileaks por no realizar el menor esfuerzo para "ponerse en contacto
con nosotros" para la difusión estos documentos" y lamenta haberse enterado de
la filtración a través de los medios de comunicación que los han recibido.
"Estas
filtraciones irresponsables no tendrán repercusión alguna en nuestra relación
con Pakistán y Afganistán, y en nuestro apoyo a las aspiraciones de ambos
pueblos", dijo al diario The Huffington Post.
Por su
parte, el asesor de Seguridad Nacional para Comunicaciones Estratégicas,
Benjamin Rhodes, condenó enérgicamente la filtración de Wikileaks por
tratarse de "información privada que pone las vidas de los militares
estadounidenses y sus aliados, y que amenaza la seguridad nacional".
Los
informes ratifican lo que los
propios comandantes de EEUU y la OTAN revelan como "fuentes anónimas" a los más
influyentes medios internacionales.
El jefe de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), Leon Panetta, advirtió a fines de
junio que la guerra en Afganistán es "más dura y más lenta" de lo esperado.
Todas las
estimaciones coinciden en que los aliados
van perdiendo la guerra militar de ocupación en
Afganistán, y esta situación no solamente profundiza el enfrentamiento interno
entre los sectores ultra conservadores y la administración demócrata que maneja
la agenda exterior, sino que también desacomoda a sus aliados de la OTAN, que no
saben cómo escapar del pantano.
La nueva escalada militar fracasada
de Obama a
su vez dispara el "síndrome Afganistán" en EEUU y Europa cuyas sociedades
profundizan cada vez más el rechazo a la guerra de ocupación en Irak y
Afganistán.
La reciente destitución del comandante militar,
general Stanley McChrystal,
tensionó aún más la situación y agudiza la sensación de derrota militar que se
vive en EEUU y en las potencias implicadas en las políticas de ocupación.