l Ministerio de Salud kirguiso confirmó que los choques entre la mayoría
kirguisa (70% de la población) y la minoría uzbeka (un 15%) dejaron desde el
viernes 178 muertos y 1.760 heridos en Osh, la segunda ciudad del país, y
Yalalabad.
Pero el
Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Ginebra informó en un comunicado:
“Según equipos en el terreno, varios centenares de personas murieron víctimas
de la violencia, aunque por el momento es imposible precisar la cifra ya que
muchos cuerpos fueron ya enterrados y tal vez no fueron identificados o
contados, y otros aún no han sido llevados a la morgue”.
El propio gobierno interino de esta empobrecida ex república soviética de Asia
Central, Roza Otunbajeva, admitió que la cifra real de muertos “es mucho
peor” que la conocida oficialmente. Algunos medios locales hablaban ayer de
hasta 2.000 muertos.
Muchos
cuerpos están siendo enterrados en fosas comunes sin identificación.
Kirguistán, también conocido como Kirguizistán, Kirguizia, y oficialmente como
República Kirguiza, es un país montañoso de Asia central, sin salida al
mar, que tiene frontera con la República Popular China, Kazajistán, Tayikistán y
Uzbekistán. Su capital es Biskek.
El país cuenta con una población de algo más de 5,35 millones de habitantes
distribuidos en 198.500 km². Desigualmente repartida, se concentra en la
capital, Biskek y las zonas bañadas por el río Naryn y sus afluentes.
Desde el punto de vista étnico, el 55% son kirguises, el 21% uzbekos y el 11%
rusos con alguna minoría de tayikos y chinos al sur y este.
Kirguistán
es clave, no solamente porque se encuentra en la zona más estratégica y
explosiva del planeta, sino porque representa un área en disputa entre Rusia
y EEUU, con China en frontera.
Esta ex
república soviética de mayoría musulmana, ha estado al borde del caos desde que
una revuelta en abril derrocó al presidente pro-EEUU de este país centroasiático
y llevó al poder a un gobierno interino de manifiesta tendencia pro-rusa.
Los enfrentamientos entre sus principales grupos étnicos, uzbekos y kirguisos,
estallaron en el sur el 10 de junio y se incrementaron en la mayor ola de
violencia vivida en el país en 20 años.
La
presidenta, Roza Otunbayeva, acusó al derrocado presidente,
Kurmanbek Bakiyev,
–de etnia kirguisa, como ella– de fomentar la tensión para impedir que se
realice el referendo convocado para el 27 de junio, para modificar la
Constitución , que mantiene al ruso como segunda lengua, sin abrir espacios al
desarrollo del uzbeko.
El
gobierno interino dice controlará la situación y espera lograrlo sin ayuda
militar extranjera. En los últimos días, las autoridades habían pedido a Rusia
que enviara fuerzas especiales para frenar el baño de sangre. Sin embargo la
OSCE consideró que, “pese a sus buenas intenciones”, la jefa de gobierno
no tiene el poder de imponer la ley y el orden en su país.
La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) denunció un
"intento de limpieza étnica de los uzbekos".
La guerra civil agudizó también la catástrofe humanitaria. El Alto Comisionado
de la ONU para los Refugiados, ACNUR, habló de hasta 275.000 refugiados ,
en su mayoría uzbekos de Osh y Yalalabad.
De ellos,
75.000 lograron ingresar a Uzbekistán, que ayer cerró definitivamente sus
fronteras, porque según el gobierno no hay condiciones para recibir a todos los
refugiados.
Más
de 100.000 ciudadanos kirguises de etnia uzbeka se han refugiado en Uzbekistán
tras huir de los enfrentamientos étnicos en el sur de Kirguizistán,, informó hoy
el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
El 90 por ciento de estos refugiados son niños, mujeres y ancianos, según
los datos de este organismo, citados por la agencia kirguís AKIpress.
El
comunicado de UNICEF agrega que la mayoría de estos niños han sido víctimas de
violencia física y psicológica.
Según
AKIpress, UNICEF envió hoy siete camiones con ayuda humanitaria al este de
Uzbekistán con tiendas de campaña, ropa, mantas, medicamentos y utensilios de
cocina para los refugiados.
La víspera, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)
anunció el envío a Uzbekistán de seis aviones de carga Il-76 con 40 toneladas de
ayuda humanitaria cada uno desde sus almacenes de emergencias situados en Dubai.
La Cruz Roja expresó preocupación por los desplazados, que se refugiaron en
zonas rurales, mezquitas y granjas ante la falta de alimentos, agua y atención
médica .