La respuesta más probable es
si, pero no por la presión de EE.UU., sino por el temor a un brote
inflacionario.
Por Andrew Batson - The Wall Street Journal
Los
economistas desde Bruselas hasta Washington insisten en que el yuan está
subvalorado. Por el bien de China y de la economía mundial, la divisa necesita
apreciarse de manera significativa y pronto.
Entonces, ¿por qué China no ha revaluado el yuan? Parte de la respuesta tiene un
nombre: Japón.
La última vez que Estados Unidos se enfrentó al ascenso de una potencia
exportadora asiática, el tipo de cambio también se convirtió en un importante
problema político. En septiembre de 1985, representantes de las mayores
economías del mundo se reunieron en el Hotel Plaza en Nueva York para limar
asperezas. El acuerdo que alcanzaron hizo que el dólar cayera de unos 240 a 160
yenes en dos años.
En la actualidad, los voces críticas contra China exigen una medida igual de
determinante. Japón, sin embargo, pronto se arrepintió de aceptar la fuerte alza
del yen. El crecimiento económico se desaceleró abruptamente, lo que llevó al
gobierno a aumentar el gasto y bajar las tasas de interés. Después reventó la
burbuja inmobiliaria y el país entró en un bajón económico que duró años. Y el
tema que el Acuerdo del Plaza pretendía resolver, el considerable superávit
comercial de Japón, sigue siendo un problema.
El caso de Japón les enseñó a las autoridades chinas que un gran movimiento del
tipo de cambio puede ser perjudicial para su economía y no ayudaría,
necesariamente, a la balanza comercial.
La mayoría de los economistas chinos considera que es mejor abordar el tema del
superávit comercial mediante políticas domésticas para reducir las altas tasas
de ahorro. "Centrarse exclusivamente en la tasa de cambio es el enfoque
equivocado. Hay que mirar los fundamentos", dijo Yao Yang, economista del Centro
de Investigación Económica de China, en Beijing. "Una apreciación de 20% en un
mes del yuan destruiría la economía china", indicó.
El costo para China de un brusco movimiento en la tasa de cambio sería inmediato
y concreto: las firmas exportadoras cuyos bienes se encarecen súbitamente
cerrarían sus puertas. Los beneficios que promueven los partidarios de una
apreciación del yuan, no obstante, son difusos: principalmente, una economía
global más "equilibrada".
¿Qué podría persuadir a China para que revalúe el yuan? El factor más probable
es la inflación.
Los líderes chinos han mostrado su incomodidad por la creciente presión
internacional sobre la divisa y el ejemplo de Japón les aporta pocas razones
para seguir el consejo de los países occidentales.
"Claramente, las acusaciones y la presión no ayudan a resolver el problema",
declaró recientemente Ma Zhaoxu, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores
chino. Pero los temores de la cúpula china ante un ciclo inflacionario que
podría causar disturbios sociales sería una razón más poderosa.
Gracias al plan de estímulo fiscal, la economía china se ha recuperado mucho
antes que el resto del mundo. Y los problemas de un crecimiento vertiginoso
también han llegado antes.
La inflación subió 1,5% en enero, frente al mismo mes de 2009, y se espera que
se acelere en los próximos meses. El banco central ya ha aumentado en dos
ocasiones este año los niveles de reservas que exige a los bancos en un esfuerzo
por contener un auge del crédito a medida que los precios de las viviendas se
disparan.
Una divisa más fuerte puede ayudar a enfriar la economía al restringir las
exportaciones y abaratar las importaciones.
El gobierno trató de contrarrestar el repunte más reciente de la inflación, que
comenzó en 2007, con una apreciación de la divisa. El yuan subió alrededor de
15% frente al dólar, hasta que la autoridades volvieron a la paridad de facto a
mediados del 2008. Ahora es posible una respuesta similar.
Entonces, ¿qué haría China para revaluar su moneda? No hay una solución
perfecta.
La respuesta de manual de economía es revaluarla de golpe. Pero un movimiento
abrupto sería más perjudicial para la economía real, ya que los exportadores no
dispondrían del tiempo suficiente para ajustarse.
Una apreciación gradual crea sus propios problemas, una lección aprendida por
China durante el alza del yuan en 2007 y 2008: los inversionistas pueden
anticipar fácilmente los avances de la moneda. El dinero que entró en China como
resultado causó probablemente un repunte de la inflación y de los precios de los
activos que sólo se vio interrumpido por el comienzo de la crisis financiera
mundial.
El dilema es familiar para China, por lo que Beijing podría optar por una
solución también familiar: una variante de la decisión adoptada en julio de
2005, cuando interrumpió la paridad de facto con el dólar.
Para ello, primero apreció ligeramente la divisa y después permitió avances
paulatinos.
Las autoridades también ampliaron la banda de negociación diaria del yuan, en un
intento, en gran parte frustrado, de convencer a los mercados de que la divisa
china, al igual que subía, también podía bajar.