El Tea
Party, un grupo radical, ganó en ocho internas. Las claves de un fenómeno.
Por Ana Baron - Clarín, Argentina
Los
miembros del Tea Party se definen como conservadores fiscales. Van tan lejos en
su afán por reducir el tamaño del Estado que han llegado a proponer la abolición
de varios ministerios, incluyendo la Secretaria de Educación. A nivel de los
valores sociales son creacionistas, creen en el matrimonio perpetuo, la
virginidad. Y consideran que el aborto y la homosexualidad son pecados
capitales. Frecuentemente se los escucha decir que Barack Obama nació en Kenia,
no en EE.UU.; que es musulmán y que usurpó el poder ilegalmente. Creen también
que habría que deportar a todos los inmigrantes ilegales. En síntesis, se trata
de un grupo de fanáticos radicales que están a la derecha del ala más
conservadora del Partido Republicano.
Por eso, inicialmente muchos analistas creyeron que el Tea Party no era más que
un movimiento folklórico de extremistas que no tendría un gran alcance. Las ocho
aplastantes victorias que obtuvieron este año en las internas de los
republicanos contra candidatos de experiencia y que contaban con el apoyo del
establishment del partido ha cambiado el mapa político estadounidense y ha
desencadenado en el seno de GOP (el Grand Old Party) una verdadera guerra civil.
A sólo dos meses de las elecciones legislativas, su influencia ha crecido tanto
que, según los sondeos de opinión, el Tea Party cuenta con el apoyo el 30% de
los estadounidenses y del 50% de los republicanos. Sus líderes han sabido
utilizar Internet como lo hizo Obama durante su campaña electoral. Y los medios
de prensa más conservadores como el canal Fox News o el show por la radio que
tiene Rush Limbaugh se han hecho eco del mensaje del Tea Party sin ningún tipo
de pudor o de filtros. Con la crisis como telón de fondo, la radicalización del
mensaje fue aún más fácil.
Frente a la verdadera insurgencia que organizaron dentro del Partido, el
establishment republicano está desesperado mientras los demócratas se frotan la
manos. “ Existe el peligro real de que nuestro partido se divida” , dijo a
Clarín Norman Bailey, ex funcionario del gobierno de Ronald Reagan y de los dos
Bush. “Lo más grave es que, si bien antes tenían mucha influencia en el interior
del país y en el sur, ahora el Tea Party también ha logrado victorias muy
importantes en la costa Este donde tradicionalmente predominan los republicanos
más moderados.” El mejor ejemplo es el triunfo de Christine O’ Donnell, de 41
años, que con el apoyo financiero del Tea Party derrotó a Mike Castle, una
respetada figura de Delaware y el candidato al Senado por ese Estado respaldado
con todas sus energías por el Partido Republicano. Católica fundamentalista, que
ha hecho campañas en contra de la masturbación, el sexo extramatrimonial y la
homosexualidad, O’Donnell tiene menos probabilidades de ganar las elecciones de
noviembre contra el candidato demócrata que las que tenía Castle. Y eso ha
puesto en jaque las posibilidades con las que contaban los republicanos de
recuperar el control de la mayoría en el Senado. “Sinceramente pienso que no lo
lograremos”, dijo Bailey.
“Ese no es el camino”, advirtió Karl Rove, la eminencia gris electoral de George
W. Bush, afirmando que a O’Donnell le falta una tuerca. De hecho, Castle no
felicitó a O’ Donnell ni piensa apoyar su campaña electoral.
Pero eso no es todo. En Nevada, el triunfo de la candidata del Tea Party,
Sharron Angle, ha disminuido las posibilidades que tenía la oposición de obtener
la banca que hoy ocupa en el Senado el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid.
Angle se opone a que las madres trabajen y está en contra del aborto incluso en
caso de violaciones. Favorece en cambio la venta libre de armas. Ha dicho que,
si la ultra derecha no logra imponerse, “habría que tomar las armas ”. Según
ella, EE.UU. debería retirarse de la ONU porque “promueve ideologías
antiamericanas y defiende el cambio climático que es un fraude científico”.
Paralelamente en Alaska, Joe Miller derrotó a Lisa Murkowski, candidata del
partido, lo que hizo que las fuerzas conservadoras en ese Estado se dividieran.
“Para nosotros, el Tea Party es un arma de doble filo”, dijo a Clarín por su
parte Otto Reich, el ex subsecretario para América latina de George Bush. En su
opinión, el Tea Party logró movilizar la base republicana como nadie lo hizo
antes . Pero reconoce al mismo tiempo que sus candidatos son un problema ante
las elecciones de noviembre. Así las cosas, la matemática electoral que antes
indicaba que la oposición tenía asegurada la recuperación del control de ambas
cámaras, ahora indica que sólo tendrá la de la Cámara de Diputados.