El
Papa Benedicto XVI; la secretaria de Estado, Hillary Clinton; la madre de un
soldado estadounidense; la actriz Angelina Jolie; la jefa de la diplomacia
europea, Catherin Ashton; el líder de la ONU, Ban Ki Moon. La larga lista de
personalidades que pidieron ayer al pastor Terry Jones que abandone su proyecto
de quemar 200 copias del Corán el sábado próximo incluyó desde altos
funcionarios públicos, jerarcas religiosos, representantes del mundo de la
cultura hasta ciudadanos comunes.
Siempre con su pistola calibre 40 en el cinto y su rostro cada vez más rojo,
Jones considera, sin embargo, que cancelar el acto no sería una demostración de
tolerancia sino una muestra de debilidad.
“¿Cuántas veces hemos retrocedido? ¿Cuántas veces más vamos a retroceder? En vez
de retroceder, quizás ha llegado la hora de ponernos de pie. Quizás es el
momento de enviar un mensaje al islam radical que no toleraremos su
comportamiento”, dijo Jones, totalmente convencido de que el Corán es el
responsable de los atentados del 11 de setiembre de 2001. “Nosotros creemos que
los musulmanes que viven en EE. UU. deben respetar, honrar, obedecer y someterse
a nuestra Constitución”.
La Constitución estadounidense protege el derecho a la libre expresión. De la
misma manera que los miembros del Ku Klux Klan pueden quemar cruces, o los
separatistas del sur pueden quemar banderas estadounidenses, Terry Jones no será
detenido si incendia una copia del Corán . Sin embargo, varios fallos de la
Corte Suprema marcan una diferencia entre los actos de libertad de expresión
propiamente dicha y aquellos que van más allá e incitan a la violencia.
“Puedes hablar y expresar una opinión, y hacerlo de modo simbólico quemando
algo, pero no puedes hacerlo de manera que incite a la violencia”, explicó
Rutham Robson, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Virginia
Occidental.
Este tipo de debate le importa muy poco a Jones.
Después de todo, basta con ingresar en el sitio de Dove World Outreach Center,
la pequeña iglesia bautista donde predica en Gainesville, Florida, para
constatar que es un fanático ultra radical. Está rabiosamente en contra del
aborto, al que califica de asesinato, y de la homosexualidad, porque es una
enfermedad, dice. Según su hija, Emma Jones, el grupo religioso que dirige es
una secta, no una iglesia. “Utilizan la violencia mental. Dicen que si no
obedeces, Dios te castigará”, dijo Emma al diario local.
La Comunidad Cristiana de Colonia (Alemania), donde trabajó durante mucho años,
reveló que se separó de Jones en 2008, cuando el pastor resultó implicado en
“irregularidades financieras”.
En 2002, el pastor fue condenado por un tribunal a pagar 3.000 euros por
ostentar un falso título de doctor, indicó el vicepresidente de la comunidad,
Stephan Baar, quien agregó que Jones es un “fanático” y que no se encarga de
transmitir los valores de la Biblia, sino de promocionarse a sí mismo.
Si eso es verdad, será muy difícil impedir que la quema del Corán tenga lugar.
Con toda la atención internacional sobre él, sin duda, debe considerarse un
héroe pese a que Hillary Clinton dijo que la quema del Corán es “acto
irrespetuoso y vergonzoso” y el secretario de Justicia Eric Holder calificó la
idea de “idiota y peligrosa”.