Los sitios web están obteniendo
la capacidad de decidir si una persona es o no un buen cliente antes de que ese
individuo les ofrezca ninguna información sobre sí mismo.
Por Emily Steel y Julia Angwin -
The Wall Street Journal
Puede
que usted no conozca a la compañía [x+1] Inc., pero ella podría saber mucho
sobre usted.
Con un solo clic en un sitio web, [x+1] puede señalar el sueldo de una persona,
el supermercado que frecuenta y las películas que alquila. Su capacidad de
evaluar rápidamente a la gente es tan acertada que empresas como bancos utilizan
sus cálculos para decidir inmediatamente qué tarjetas de crédito ofrecerles a
los nuevos visitantes de su sitio web.
En resumen: los sitios web están obteniendo la capacidad de decidir si una
persona es o no un buen cliente antes de que ese individuo les ofrezca ninguna
información sobre sí mismo.
La tecnología va más allá de la personalización familiar en sitios como
Amazon.com, que usa datos de su propia base para mostrarles a sus clientes
artículos que podrían interesarles.
Por el contrario, firmas como [x+1] recurren a vastas bases de datos del
comportamiento humano en Internet, la mayoría obtenidas clandestinamente por
tecnologías de seguimiento omnipresentes en sitios web. Estas compañías no
tienen los nombres de las personas, pero contrastan estos datos con otros como
títulos de propiedad, ingresos familiares, estatus civil y restaurantes
favoritos. Posteriormente, usando análisis estadísticos, comienzan a conjeturar
sobre las inclinaciones de los internautas individuales.
"Siempre sabemos algo de alguien", asegura John Nardone, presidente ejecutivo de
[x+1].
Una investigación de The Wall Street Journal sobre privacidad en Internet revela
que la capacidad analítica de empresas de datos como [x+1] está transformando
Internet en un lugar donde la gente es anónima sólo en nombre. Los hallazgos
ofrecen un primer vistazo de una Internet nueva y personalizada donde los sitios
pueden ajustar muchos factores —apariencia, contenido, precios— según el tipo de
persona que creen que es usted.
En 2008, el gasto en publicidad en Internet repuntó y surgieron numerosos
mercados para los datos en línea, lo que permitió a firmas como [x+1] recopilar
información sobre los hábitos de navegación de los internautas. Las empresas
tradicionales de datos (cuyos clientes son principalmente compañías de catálogos
y de ventas por correo) también comenzaron a subir los datos a Internet, pero
sin revelar nombres para proteger la privacidad
Nardone vio su oportunidad. El presidente ejecutivo de [x+1] reactivó una
patente de procesamiento de datos obtenida años antes para un "motor de
optimización de predicciones", actualizándola con los nuevos datos disponibles.
El ejecutivo encontró una audiencia receptiva en el negocio de las tarjetas de
crédito. [x+1] dice que sus clientes pagan entre US$30.000 y US$200.000
mensuales por su tecnología.
Uno de sus clientes es el banco estadounidense Capital One, que sirve de ejemplo
para explicar cómo funciona la tecnología de [x+1]. Un visitante entra en la
página de tarjetas de crédito del sitio web de Capital One y [x+1] escanea
instantáneamente la información compartida entre la computadora de la persona y
la página web, que pueden ser miles de líneas de código con detalles de la
computadora del usuario. [x+1] también utiliza un nuevo servicio de Digital
Envoy Inc. para determinar el código postal donde se ubica físicamente la
computadora. Para algunos clientes (pero no para Capital One) también recurre a
otras bases de datos con historiales de navegación en la red.
Con todos los datos, [x+1] usa los servicios de la firma de estudios del
consumidor Nielsen Co. para incluir al visitante en uno de 66 grupos
demográficos.
En una décima de segundo, [x+1] asegura que puede acceder y analizar miles de
datos de un usuario único. La compañía busca rápidamente tipos similares de
clientes de Capital One para hacer una predicción razonable sobre qué tarjetas
de crédito mostrar al visitante.
Para determinar la precisión del sistema, The Wall Street Journal pidió a ocho
personas que visitaran la página de tarjetas de crédito de Capital One y
anotaran las tarjetas de crédito que les presentaran. El diario también analizó
el código informático que pasaba constantemente entre las computadoras de las
personas y Capital One.
Además, The Wall Street Journal les pidió que hicieran clic en un sitio web
creado por [x+1] para demostrar su tecnología. Después de que las personas
hicieran clic en el sitio, [x+1] describió al diario lo que sabía de cada uno de
los participantes en la prueba.
Los individuos no revelaron datos personales en ninguno de los procesos.
La "desanonimización"
Las conclusiones de [x+1] fueron en general correctas, si bien no acertaron en
varios detalles específicos. De las ocho personas, la tecnología de [x+1] fue
más precisa con Thomas Burney, un contratista del estado de Colorado que
construye viviendas en centros de esquí. Burney tan sólo vio una tarjeta de
crédito, la Capital One Prestige Platinum, bajo un titular: "Nuestras mejores
recompensas a simple vista". La tarjeta incluía una tasa de interés inicial de
0% y no cobraba comisión anual.
Una tarjeta así tenía sentido, afirma Burney, ya que suele pagar con crédito
muchos gastos relacionados con su negocio de construcción y además "tengo una
billetera llena de tarjetas platino", añade. "Mi crédito es inmaculado".
En base a la visita de Burney a la página de prueba de [x+1], la compañía lo
colocó en un segmento de Nielsen llamado "El país de Dios". Las personas de este
grupo viven en pequeñas comunidades o zonas rurales, tienen ingresos medios
anuales de US$86.724, tienen entre 35 y 54 años de edad, no tienen hijos,
trabajan en puestos gerenciales, la mayoría es propietaria de sus casas y tienen
estudios universitarios.
Sucede que Burney es dueño de su vivienda, es graduado universitario y gerente,
y no tiene hijos. Aunque con 28 años, es más joven y sus ingresos son menores de
lo pronosticado.
Cuando Burney vio las 3.748 líneas de código que pasaron en un instante entre su
computadora y la página web de Capital One, dijo: "Hay una espeluznante cantidad
de información ahí". Enterrado en el código había referencias a sus ingresos
("medio-alto"), educación ("graduado universitario) y ciudad ("avon").
De hecho, las conclusiones de [x+1] sobre la ubicación de Burney y el segmento
demográfico de Nielsen son suficientemente específicos como para estar
extremadamente cerca de identificarlo como individuo —es decir, "desanonimizarlo"—
según Peter Eckersley, científico del grupo en defensa de la privacidad
Electronic Frontier Foundation.
Eckersley realiza investigaciones en el campo de la "desanonimización", la
identificación de individuos mediante el uso de detalles específicos de su vida.
En la jerga usada en este campo, explica Eckersley, para identificar a una
persona tan sólo se necesita un total de 33 piezas de información sobre ella.
Calcular esas piezas es complejo, ya que algunos detalles sobre una persona son
más valiosos —y por ende tienen más peso— que otros. Por ejemplo, los códigos
postales y las fechas de nacimiento son extremadamente valiosos para la
identificación de los individuos.
En conclusión: Eckersley determinó que la ubicación de Burney (la pequeña
localidad de Avon, Colorado) y su segmento demográfico Nielsen ("El país de
Dios") ofrecían en conjunto 26,5 pedazos de información que se podían usar para
identificar individualmente a Burney.
Suficiente para ubicarlo como uno en entre 64 personas en todo el mundo.
Según Eckersley, con una pieza más de información sobre Burney, por ejemplo su
edad, es probable que pudiera ser desanonimizado. "Comienza a estar muy cerca de
ser identificado".
Nardone, de [x+1], admite la posibilidad de ser desanonimizado, si bien dice que
no merece la pena el esfuerzo: la compañía ya tiene suficiente información para
vender. "Sería una tarea titánica", dice, "y de por sí ya es difícil ganar
dinero".