El G-20 de Toronto pasará a la
historia. No por la represión contra los manifestantes, eso ya es costumbre y
nada nuevo. Será recordado por el compromiso de sus integrantes para convertir
la crisis en una réplica de la gran depresión.
Por Alejandro Nadal - La Jornada, México
El
comunicado final del G-20 explícitamente le pone cifras a este pacto retrógrado:
reducir en 50 por ciento los déficit fiscales para 2013. Una medida que en la
fase actual de la crisis, con una demanda deprimida y altas tasas de desempleo,
equivale a un suicidio colectivo.
Es la respuesta a la histeria del déficit fiscal que en Europa y en Estados
Unidos comienza a desdibujar una recuperación muy frágil. Parlamentos y
congresos de legisladores parecen conejos asustados en un corral que dice a la
entrada equilibrio fiscal.
En Europa la austeridad fiscal domina, porque se le ve como la herramienta para
rescatar no sólo al euro, sino a un proyecto macroeconómico fundado en la
estupidez neoliberal. Ese salvamento pasa ahora por la destrucción de lo último
que queda del pacto social del Estado de bienestar. Poco importa que con los
desajustes en la UE y los altos niveles de desempleo, los recortes fiscales
profundicen esta dolorosa recesión y hundan a Europa por muchos años.
En el Congreso de Estados Unidos hay dos corrientes. Los ingenuos piensan que el
estímulo fiscal ya cumplió su misión y que es tiempo de devolverle la estafeta
al sector privado para mantener el crecimiento. La corriente perversa sostiene
que el paquete fracasó, que ya se agotaron sus efectos y que no hay que repetir
esa receta. Con estas visiones es claro que la administración Obama no
conseguirá otro paquete de estímulo, y la economía estadunidense regresará a la
recesión en 2011, si no es que antes.
Un análisis más cuidadoso sobre los efectos del paquete de estímulo fiscal en
Estados Unidos confirma esta conclusión. En febrero de 2009 el Congreso
estadunidense aprobó el paquete de estímulo fiscal promovido por Obama, que
incluyó reducciones fiscales por 288 mil millones de dólares (mmdd), un gasto en
programas de educación, salud y beneficios por desempleo por otros 224 mmdd y
préstamos y concesiones federales por 275 mmdd. Con sus 787 mmdd es el ejemplo
más importante de política contracíclica en la historia fiscal de aquel país.
Cuando se aprobó el estímulo el PIB estadunidense se desplomaba en caída libre:
el primer trimestre de 2009 cayó 6,4 por ciento. No hay duda de que el paquete
ayudó a revertir esa tendencia y para el tercer trimestre de 2009 se tenía un
crecimiento positivo. Desgraciadamente el efecto sobre el empleo no fue tan
importante y la tasa de desocupación se mantiene en alrededor de 10 por ciento.
Los efectos de este estímulo no han sido lo que quería la Casa Blanca, en parte
por la naturaleza misma de la crisis y su entorno deflacionario. Los
consumidores han usado la ayuda para descargar deudas, y en el contexto de gran
capacidad ociosa existente las empresas no han invertido. Ahora que se está
agotando el efecto del estímulo (para fines de este verano ya se habrá ejercido
casi todo el paquete fiscal), el horizonte se oscurece. Si no hay otro impulso,
la economía de Estados Unidos se hundirá en el estancamiento durante años.
Se insiste en reducir el déficit fiscal vía la eliminación del paquete de ayuda,
por la creencia de que dicho déficit genera aumentos en la tasa de interés. Esa
es la razón que esgrime Robert Samuelson (el no-economista del Washington Post).
Pero ¿nadie le ha dicho que en Estados Unidos la tasa de interés ya es cero y
que precisamente por eso la política monetaria no tiene tracción para impulsar a
la economía?
Las otras razones caen por su propio peso. Se habla de que Estados Unidos ya
llegó al tope en su capacidad de endeudamiento (la relación deuda pública PIB ya
llegó al 90 por ciento). Pero la crisis no deja mucho espacio de maniobra y, por
otro lado, los niveles de endeudamiento de una economía capitalista son un tema
controvertido (en Japón la deuda pública es de 200 por ciento del PIB y no hay
síntomas de inflación). Si como decía Keynes, el dinero es un vínculo entre el
presente y el futuro, este endeudamiento es un préstamo que se hace la sociedad
a sí misma.
En plena crisis, con desempleo galopante, lo increíble es que en Estados Unidos
y Europa la batalla de la austeridad fiscal la están ganando los neoliberales.
Por eso en Toronto todos en el G-20 olvidaron que la mejor manera de cerrar un
déficit fiscal y enfrentar el endeudamiento es con altas tasas de crecimiento
estable. Y eso es precisamente lo que no se va a lograr con la famosa
austeridad.
El G-20 también será recordado por la sumisión de Obama a las ínfulas de una
Alemania que ha podido imponer sus prioridades en Europa. La visión de
austeridad fiscal de la señora Merkel era algo que Obama no tenía por qué
comprar si hubiera tenido un poco más de claridad en sus convicciones. Pero
bueno, ya estaba visto que en la Casa Blanca no hay convicciones que duren más
allá de la hora del almuerzo.