Cuando los políticos exigen a
la población que haga algo porque así lo dictan los mercados financieros, lo
mejor que pueden hacer ustedes es agarrar firmemente su billetera. En septiembre
de 2008, tanto el presidente Bush como los dirigentes Demócratas del Congreso
insistieron en que si no se transferían inmediatamente 700 mil millones de
dólares a los bancos, colapsaría todo el sistema financiero.
Por Dean Baker (*) - Revista Sin Permiso
La
amenaza funcionó, y los bancos obtuvieron del Congreso sus 700 mil millones,
sin apenas preguntas. Resultado: Goldman Sachs, Citigroup y el resto son
ahora tan rentables como siempre, y una vez más, pagan bonos récord a sus
"grandes ejecutivos".
Si se hubiera permitido que el mercado siguiera su curso, Goldman, Citigroup,
Morgan Stanley y muchos otros bancos grandes habrían ido a la quiebra,
dejando a sus accionistas y a sus acreedores a su suerte, y a sus máximos
ejecutivos, en las colas del desempleo. Hay razones para creer que eso
habría resultado contraproducente para el conjunto de la economía, pero hay
una enorme diferencia entre el cheque en blanco del rescate bancario (TARP)
y no hacer nada. Si los políticos y sus cómplices entre los economistas
académicos no hubiera avasallado a lo población con el miedo, podríamos
haber logrado que los banqueros pagaran las consecuencias de la crisis que
ellos mismos habían creado.
De nuevo los bancos con vara alta, la pandilla de Wall Street y sus
cómplices en la teoría económica académica comienzan a hallarse de nuevo a
sus anchas. Insisten en que dimos a esperanzas de recuperación económica una
prioridad indebida. Deberíamos habernos centrado en la reducción del
déficit. Razón de ello: tenemos que aplacar a los mercados financieros.
La tesis es que si no actuamos agresivamente ahora para reducir el déficit
presupuestario, los "vigilantes de los títulos de deuda pública" empezarán a
acosar a la deuda pública estadounidense como lo acaba de hacer con la
griega. Se supone que eso debería amedrentarnos lo bastante, como para
aceptar amplios recortes en la Seguridad Social y en otros importantes
programas públicos.
Hay tres problemas básicos en esa argumentación. Primero: ¿por qué caramba
debería nadie confiar en lo que dicen los economistas cómplices de los
bancos? Esas gentes pasaron completamente por alto en su día los 8 billones
de dólares de la burbuja inmobiliaria: ¿por qué razón deberíamos creer que
su comprensión de los mercados financieros es mejor hoy que hace dos años?
La segunda razón para no seguir sus consejos es que los propios mercados
financieros no reflejan necesariamente la realidad económica subyacente. ¿Y
se supone que debemos ponernos de rodillas ante la última moda semanal de
los mercados financieros. Supóngase que estructuramos nuestras políticas
para contentar a los mercados financieros esta semana, y luego, la semana
próxima, los diz-que-cerebros de Wall Street deciden poner alguna otra cosa
de moda. No parece una base razonable para tomar decisiones de política
económica.
La tercera razón para no tomar en serio a los halcones del déficit es,
sencilla y llanamente, que se trata de mala teoría económica. El país
necesita gasto de déficit para sostener la demanda hasta que la demanda
privada se recupere del colapso de la burbuja inmobiliaria. Es lógica
elemental, y las prestigiosas posiciones ocupadas por muchos de los halcones
del déficit no bastan a inmunizarles contra las reglas de la lógica
elemental.
Por lo demás, los EEUU no son Grecia, como sabe la gente mínimamente seria.
Tiene una enorme economía que es ampliamente autosuficiente (las
importaciones representan tan sólo el 16% del PIB). La idea de que los EEUU
están a pique de experimentar una debacle de su deuda pública es
patentemente absurda. La Fed puede y debería comprar deuda, si necesario
fuera. Que digan los halcones del déficit que eso causaría inflación. Con
muy pocas excepciones, no se avilantan a afirmar una cosa así, porque saben
que no es verdad.
A los halcones del déficit les trae al pairo la insolvencia nacional; no les
preocupa un posible aumento de la inflación; lo que les preocupa es la forma
de despojar hasta el último céntimo a la población de trabajadora para
dárselo a la pandilla de Wall Street. De eso se trató en el rescate
bancario, y no de otra cosa se trata en la presente cruzada para reducir el
déficit público. Ahora quieren entrar por uvas en la Seguridad Social de los
trabajadores, porque, como dice con desfachatez digna de mejor causa el
presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, "ahí es donde está el
dinero". El hecho de que los trabajadores hayan pagado por esos beneficios
asistenciales le importa un higo a la pandilla de Wall Street.
De manera, pues, que si ustedes están dispuestos a que todo su dinero vaya a
parar a Wall Street, tómense en serio a los halcones del déficit. Pero si
creen que las gentes comunes y corrientes, y no sólo los millonarios de Wall
Steet, tienen derechos también, entonces empuñen sus alabardas y apréstense
a poner en fuga a los halcones del déficit y a sus cómplices, los
economistas académicos.
(*) Dean Baker es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR).
Es autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy ,
así como de False Profits: Recoverying From the Bubble Economy.
Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo Timón