El impulso de la reforma
sanitaria había absorbido hasta tal punto las energías y el tiempo del
presidente Obama, que tras su victoria legislativa del pasado domingo, sus
asesores se encuentran estos días rediseñando la agenda presidencial con la
vista puesta ya en las decisivas elecciones legislativas de noviembre.
Por Ricard González - El Mundo, España
Durante
los próximos meses, Obama continuará dedicando tiempo a la reforma sanitaria,
pues tiene previsto recorrer el país explicando su contenido, y desmintiendo
algunas falsedades incluidas en los ataques republicanos. Por ejemplo, Obama ha
viajado este jueves a Iowa, su estado talismán, para celebrar un mitin dedicado
a esta finalidad.
Sin embargo, la sanidad ya no le requerirá una nueva inversión de capital
político. De ahí que los asesores políticos de Obama estén debatiendo qué pasos
debe seguir el presidente. Sus opciones son dos: aprovechar el empujón recibido
gracias a su victoria en la sanidad, e intentar impulsar las otras grandes
reformas que prometió durante su campaña electoral, como la inmigratoria o la
energética; o bien buscar reformas menos controvertidas, como la del sistema
educativo, dejando los proyectos más ambiciosos y controvertidos para el 2011.
Existen buenos argumentos para ambas opciones. Por un lado, incluso si las
elecciones de noviembre van bien para los demócratas, lo más probable es que
pierdan varios escaños, tanto en la Cámara de Representantes, como en el Senado.
Por lo tanto, tendría sentido impulsar ahora alguna de sus promesas
emblemáticas.
Además, teniendo en cuenta que las bases republicanas están agitadas, y en
noviembre se movilizarán, sería lógico que los demócratas intentaran hacer lo
propio con sus bases proporcionándoles motivos para acudir entusiasmados a las
urnas. Quizás el ejemplo más claro es el de la reforma inmigratoria, ya que
muchos líderes hispanos han amenazado con una alta abstención si no hay
movimientos antes de las elecciones.
Pero, por otro lado, impulsar estas medidas ambiciosas expone a Obama a sufrir
un fracaso que podría neutralizar el éxito obtenido con la reforma sanitaria.
Para aprobar estas reformas ambiciosas, Obama necesitará el apoyo de la mayoría
demócrata, y de algún republicano. El problema para el presidente es que varios
demócratas centristas, cuyo votos son claves, consideran que ya han tomado un
riesgo suficientemente grande apoyando la reforma sanitaria y, probablemente, no
harían lo mismo con las otras reformas.
Mientras este debate se desarrolla a puerta cerrada, tanto la Casa Blanca como
los líderes demócratas del Congreso han coincidido en el próximo paso a dar:
tirar hacia delante la reforma de los mercados financieros, que pretende
introducir los mayores cambios en el sector desde la Gran Depresión para evitar
una nueva crisis como la actual.
"Cuando volvamos del receso [de Pascua], el asunto número uno para el Congreso
será esta ley en el Senado", ha declarado Barney Frank, presidente del Comité de
Finanzas de la Cámara Baja. Una propuesta de ley de reforma de los mercados fue
ya aprobada por la Cámara de Representantes en diciembre, y se espera que el
Senado hago lo propio tras el receso.
Los demócratas creen que pueden coger a contrapié a sus adversarios en este
tema. En los trabajos del comité de Finanzas del Senado, todos los republicanos
votaron en contra de una propuesta parecida a la presentada por la Casa Blanca
el verano pasado, y que otorga un mayor control del Estado sobre los grandes
bancos. Además, los republicanos prometieron bloquear toda reforma presidencial
como venganza por utilizar la 'reconciliation' en la reforma sanitaria.
No obstante, si persisten en su actitud, los demócratas los acusarán de servir
los intereses de los grandes banqueros de Wall Street, uno de los blancos de las
iras de una ciudadanía furiosa por la crisis actual, y que experimentada fuertes
pulsiones populistas.
Ante esta situación, dos senadores republicanos, Judd Gregg y Bob Corker, se han
mostrado dispuestos a apoyar la reforma, lo que permitiría a Obama superar los
60 votos necesarios en la Cámara Alta. De ser así, los demócratas obtendrían
otra importante victoria, que endulzaría sus perspectivas de cara a noviembre,
muy sombrías hace tan sólo un par de semanas.