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comercio de renta variable y derivados se rige cada vez con más frecuencia por
algoritmos matemáticos usados en programas informáticos. Estos permiten que las
operaciones se lleven a cabo de forma automática en respuesta a los datos y
noticias del mercado, decidiendo cuándo y cuánto negociar –de forma similar al
funcionamiento del piloto automático en un avión–.
Los analistas calculan que hasta el
60% de las operaciones en los mercados de renta variable se realizan mediante
este sistema.
Los temores se han hecho patentes
ante la noticia de que NYSE Euronext, el operador de bolsas trasatlántico, ha
multado por primera vez a Credit Suisse por no controlar sus algoritmos
comerciales. En el caso de Credit Suisse, su sistema bombardeó los de NYSE con
cientos de miles de “mensajes erróneos” en 2007, ralentizando las operaciones en
975 valores.
El caso distaba de ser el único,
explican los operadores. CME Group, la bolsa de futuros de Chicago, está
investigando un caso este mes en el que un operador de “mini” contratos de
futuros del Índice S&P “negoció sin darse cuenta aproximadamente unos 200.000
contratos como comprador y vendedor”.
El año pasado, La Bolsa de Londres
sufrió un apagón de tres horas después de que su sistema de operaciones se
colapsara ante el inmenso volumen de órdenes. Algunos operadores culparon al
pico en las negociaciones algorítmicas.
Los reguladores señalan que no está
claro quién controla a los operadores para garantizar que no asumen riesgos
indebidos con sus algoritmos.
La Comisión del Mercado de Valores
ha propuesto nuevas normas que exigirían a los brókeres establecer
procedimientos para evitar órdenes erróneas.
Mark van Vugt, responsable global de
ventas de RTS Realtime Systems, una empresa de tecnología comercial, señaló: “Si
una posición está aumentando rápido sin que la bolsa o la firma de compensación
sea capaz de reaccionar o de cambiar las posiciones, la propia firma también
podría correr peligro”.