Las nuevas sanciones de la
Unión Europea contra Irán abren la puerta a compañías chinas deseosas de ampliar
sus inversiones en un país considerado díscolo por Occidente.
Por Antoaneta Becker - IPS
El
gigante asiático es el mayor socio comercial de Irán. Analistas chinos
pronostican el surgimiento de lucrativas oportunidades geopolíticas y
empresariales en la República Islámica. Pero la burocracia todavía duda sobre el
papel que debe desempeñar Beijing en esta situación.
Ávida de energía, China firmó un acuerdo con Irán por decenas de miles de
millones de dólares para tener un acceso privilegiado al sector de gas y
petróleo.
Cortejar a la República Islámica, donde está la cuarta mayor reserva mundial de
petróleo y la segunda de gas, ha sido un largo y arduo proceso. Beijing no tiene
intenciones de poner en peligro lo que tanto le ha costado conseguir.
El diplomático chino Hua Liming, quien fuera muchos años embajador en Teherán,
señaló en sus memorias que su trabajo en Irán, después de que China se
convirtiera en importador de crudo a principios de los años 90, estuvo atado a
la política energética.
Irán fue el mayor proveedor de petróleo de China en 2009, detrás de Angola y
Arabia Saudita.
Impulsada por sus necesidades energéticas, China emprendió una serie de
proyectos en Irán, llenando de a poco el vacío dejado por las empresas
occidentales, obligadas a retirarse por las sanciones internacionales.
Hay más de 100 empresas chinas en la República Islámica, que participaron en la
construcción del tren subterráneo, centrales eléctricas, fundiciones y plantas
petroquímicas.
El comercio bilateral alcanzó los 21.200 millones dólares en 2009. En los
papeles, la Unión Europea sigue siendo el mayor socio comercial de Irán. Pero si
se cuentan los productos chinos que llegan a la República Islámica a través de
Emiratos Árabes Unidos, ya fue superada por China.
Algunos analistas creen que la actitud desafiante de Irán es porque tiene
confianza porque China reemplaza a sus socios tradicionales.
“¿Quién puede culpar a Irán de ser tan rebelde teniendo a China de su lado?”,
señaló un analista en el mayor portal de Internet de ese país, china.com.
La presión internacional de los últimos años sobre Irán para que abandone su
programa de enriquecimiento de uranio, llevó a muchas empresas occidentales a
retirarse del país y Teherán comenzó a volcarse más hacia China en buscar de
inversiones en el sector de gas y petróleo, señaló Harsh V. Pant, profesor del
departamento de estudios sobre defensa, del King’s College, de Londres.
Las nuevas sanciones aprobadas por la UE harán que “China siga siendo la
potencia que respalda a Irán y, Teherán no tendrá motivos para negociar con
buena fe”, dijo Pant a IPS.
Las medidas punitivas se concentran en la industria de gas y petróleo, la piedra
angular de la economía iraní, así como en los servicios financieros y el
comercio exterior.
Se prohibieron nuevas inversiones de la UE en el sector energético y en las
exportaciones hacia Irán de equipos y tecnología para refinar, hacer
prospecciones y producir gas natural
Los cancilleres europeos anunciaron las nuevas sanciones un mes después de que
Estados Unidos implementara las suyas.
El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó
la cuarta ronda de sanciones internacionales en junio por el programa nuclear
iraní.
China, miembro permanente del Consejo de Seguridad, respaldó la medida, pero sin
llamar la atención.
“Ese país no quiere parecer enemistado con Occidente y espera mantener
relaciones estratégicas con Teherán, pero tampoco quiere complicas sus
relaciones con Washington”, señaló Jonathan Holslag, investigador del Instituto
de Estudios Contemporáneos de China, de Bruselas.
Beijing dio “señales sutiles, pero claras de que Irán quiere cooperar con la
ONU”, indicó Holslag, como la decisión de enlentecer la inversión en el pozo
petrolero de Yadavaran y las demoras en hacer efectivo los préstamos.
Autoridades chinas se negaron a entrevistarse con el presidente de la República
Islámica, Mahmoud Ahmadineyad, cuando visitó la Exposición de Shanghái.
Beijing camina por una delgada línea cuando la comunidad internacional la
presiona para que actúe con responsabilidad y obligue a Teherán a abandonar su
programa nuclear, al tiempo que pretender preservar sus intereses vitales en
Irán.
China está a favor de la no proliferación de armas atómicas en el marco de su
campaña para aumentar su peso internacional.
El intento de Beijing de suavizar las sanciones de la ONU no fue sólo para poder
cubrir su demanda energética, explicó Holslag. Las autoridades chinas consideran
que son contraproducentes porque “fortalecen a los conservadores” y alimentan el
nacionalismo nuclear.
Un alto diplomático chino llamó la semana pasada a reanudar las conversaciones y
a hacer un mayor esfuerzo diplomático para resolver el pulso por el programa
nuclear iraní.
“China sigue por el camino de las negociaciones”, declaró el canciller Yang
Jiechi.
Irán exporta unas 27 millones de toneladas de crudo, al año, a China, pero la
falta de conocimientos y de tecnología impide que prosperen los proyectos de
desarrollo y prospección en ese país.