El escandaloso rol de palestinos que rinden pleitesía a Washington.
Por Nicola Nasser - Al Ahram Weekly
Desde
1860, cuando el magnate judío estadounidense Judah Touro donó 60.000 dólares
–una fortuna en esa época– para la construcción del primer asentamiento judío
fuera de las antiguas murallas de Jerusalén, fondos públicos y privados de EE.UU.
han ayudado a la creación y a la expansión territorial de Israel. Israel es
actualmente el principal receptor de ayuda de EE.UU. Según un documento de
consulta de USAID, Israel recibió entre 1946 y 2008 más ayuda que Rusia, India,
Egipto e Iraq. De hecho, EE.UU. ha gastado más dinero en Israel que en el Plan
Marshall para la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, un reciente artículo del New York Times agrega una nueva dimensión
a la historia. El Times informó el 5 de julio de que durante la última década
más de 40 grupos estadounidenses han recolectado más de 200 millones de dólares
en regalos deducibles de impuestos para asentamientos judíos en Cisjordania y
Jerusalén Oriental ocupados, indicando que el Tesoro de EE.UU. ayuda
efectivamente y apoya la expansión ilegal de asentamientos y la judeización de
Jerusalén.
El New York Times se concentra en cómo un órgano del gobierno de EE.UU. facilita
la canalización de fondos privados a actividades y objetivos que se oponen a la
política oficial de EE.UU., y por significativo que esto sea, el artículo no
menciona que la cantidad de “donaciones” privadas deducibles de impuestos
parecen pequeñas en comparación con los fondos públicos que Washington ha
invertido continuamente en el proyecto sionista. Por ejemplo, el presupuesto
federal de EE.UU. para 2011 ha asignado 3.000 millones de dólares en ayuda para
Israel, o sea un 42% del monto total de ayuda destinado al así llamado Oriente
Próximo para ese año. También es interesante observar que las políticas de
USAID, un instrumento utilizado por el Departamento de Estado para impulsar los
objetivos de EE.UU. en el extranjero, también entran en conflicto con las
posiciones oficiales de Washington. Los programas de USAID para los palestinos
excluyen efectivamente Jerusalén Oriental. Sus documentos de consulta y otros
informes y declaraciones oficiales mencionan frecuentemente “Cisjordania y Gaza”
como títulos para sus actividades, pero hay pocas referencias a Jerusalén
Oriental. Es como si, para USAID, Jerusalén Oriental no fuera una parte
indivisible de los territorios ocupados, a pesar del reconocimiento oficial de
Washington de que lo es y a pesar de la inclusión de Jerusalén Oriental entre
los temas de estatus final en el proceso de negociación intermediado por EE.UU.
entre la Autoridad Palestina (AP) e Israel, la potencia ocupante. No se puede
dejar de sospechar que USAID –y por extensión el Departamento de Estado–
perpetran un cierto engaño calculado mediante su omisión deliberada y
sistemática de Jerusalén Oriental en sus programas y documentos.
Funcionarios de la AP en Ramala expresaron indignación ante las ventajas
tributarias para donaciones privadas estadounidenses para financiar la expansión
de asentamientos judíos en los territorios ocupados. Uno sospecha que el
sentimiento fue orientado primordialmente para el consumo local, porque se
apresuraron a subrayar que los palestinos no son desagradecidos hacia EE.UU. e
instaron a USAID a mantener sus esfuerzos. “EE.UU. es el principal proveedor de
ayuda económica y al desarrollo bilateral a los palestinos, ya que ha
suministrado más de 2.900 millones de dólares desde 1994”, escribió la Agencia
Palestina de Promoción de Inversiones (PIPA, en sus siglas en inglés) en su
sitio en Internet en mayo. “EE.UU. ayuda a facilitar el movimiento de personas y
bienes palestinos, mientras mejora la seguridad de Israel”, agregó, aunque esa y
otras agencias palestinas estaban de cierto modo distanciadas de los “esfuerzos”
de USAID y de las políticas que ayuda a implementar. USAID ha destinado 550.400
millones de dólares a la AP en su presupuesto del próximo año. La continuación
de esa ayuda está supeditada a la continuación de la disputa palestina entre
Fatah y Hamás y del bloqueo. Nada ha sido destinado a Jerusalén Oriental y la
mayor parte de los fondos debe ser gastada “en programas de lucha contra la
droga, del mantenimiento del orden y la seguridad”.
Sin embargo, la referencia a “facilitar el movimiento” es aún más sospechosa, y
requiere mayor esclarecimiento a la luz de la parte que dicha ayuda tiene en la
consolidación de la ocupación, el arraigamiento de los asentamientos judíos en
los territorios ocupados y la promoción de la judeización de Jerusalén Oriental.
Sucesivos gobiernos de EE.UU. y las innumerables visitas de sus enviados y
emisarios no han logrado levantar las barreras militares que Israel impone en
Cisjordania y alrededor de Jerusalén, abrir un “corredor seguro” entre
Cisjordania y Gaza, o abrir los cruces hacia Gaza incluso para el paso de ayuda
humanitaria. Pero han tenido un éxito considerable en la construcción de
carreteras “alternativas”. Son las carreteras de circunvalación planificadas por
las autoridades de ocupación para vincular asentamientos judíos que ahora
controlan un 42% del área de Cisjordania, lo que no incluye el área de
territorio ocupado que Israel anexó a la municipalidad de Jerusalén, según el
centro por los derechos humanos BTselem. Las carreteras de circunvalación
también sirven para dividir el resto de Cisjordania en cantones densamente
poblados por palestinos.
El Instituto Jerusalén de Investigación Aplicada (ARIJ) informa que USAID
financió un 23% de la red de carreteras de circunvalación construidas por las
autoridades de ocupación en 2004. La mayor parte de esas obras están ubicadas en
las áreas B y C, que incluyen más de un 80% del área de Cisjordania y caen bajo
el control de la ocupación israelí, que supervisa todas las obras de vialidad.
Los países donantes que supervisan y financian el “proceso de paz” han aprobado
la construcción de 500 kilómetros de semejantes carreteras a un coste de 200
millones de dólares, 114 millones de los cuales fueron financiados por USAID. Se
planifica la terminación de otros 120 kilómetros hasta fines de este año. La
mayor parte de este segmento pasará alrededor de los asentamientos judíos en
Gran Jerusalén, creando un muro de carretera pavimentada para fortalecer el muro
de barrera que separa Cisjordania de Jerusalén y para reforzar la inclinación de
la balanza demográfica en Gran Jerusalén a favor de colonos judíos y contra los
palestinos indígenas.
El resto de las obras de vialidad, que serpentea por los valles, sobre los
cerros y dentro de los barrancos de Cisjordania, es saludado como un “logro” por
el gobierno de Salam Fayyad en Ramala. Por cierto, Fayyad va más lejos y alardea
de esas carreteras como proyectos palestinos que “penetran” las áreas B y C y,
por ello, “desafían” las separaciones de seguridad de Cisjordania, tal como son
definidas por los Acuerdos de Oslo. En los hechos, tampoco puede USAID pretender
que esas carreteras sean uno de sus “logros” para facilitar el movimiento de
palestinos bajo la ocupación, ni puede reivindicarlos la AP como una victoria
sutil. Como explica Suhail Khaliliey, jefe del Departamento de Monitoreo de la
Urbanización de ARIJ: “Lo que sucede es que USAID presenta este paquete de
proyectos de infraestructura a la AP y dice esencialmente 'Tómenlo o déjenlo'.
Por lo tanto la AP es básicamente obligada a aceptar carreteras planificadas por
los israelíes que no quiere.”
Ingrid Jaradat Gassner, directora del Centro Badil de Recursos para la
Residencia y los Derechos de los Refugiados Palestinos, lo dice de modo más
conmovedor: “Es una lástima que la AP esté ayudando a construir sus propios
cantones mientras los colonos controlan las carreteras principales”.
El mes pasado, Fayyad publicó una declaración negando que la AP haya contribuido
a la construcción de una red de carreteras propuesta por la potencia ocupante.
Ghasan Al-Khatib, portavoz del gobierno de Fayyad, agregó que la AP hace todo lo
posible por impedir la aparición de un “sistema de apartheid” en Cisjordania.
Lamentablemente, las realidades en el terreno contradicen esos desmentidos y
afirmaciones.
(*)Nicola Nasser es un
veterano periodista árabe que vive en Bir Zeit, Cisjordania, territorios
palestinos ocupados. http://nicolanasser.newsvine.com/
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Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens