En medio de los esfuerzos del gobierno de Barack Obama para acercar a los dos
gobiernos y sentarlos en una misma mesa de negociación, la reanudación de las
demoliciones en barrios de mayoría árabe desató una fuerte condena internacional
contra las políticas israelíes hacia los palestinos en Jerusalén oriental.
Por Catrina Stewart - The Independent / Página 12
Topadoras
israelíes destruyeron el martes una casa palestina y otros tres edificios en
Jerusalén oriental, la parte de la ciudad de mayoría árabe. De esa manera
pusieron punto final a los esfuerzos israelíes para frenar las cuestionadas
demoliciones que podrían terminar de sepultar cualquier posibilidad de paz.
Cuando llegaron las excavadoras, las autoridades israelíes les dieron sólo una
hora a los familiares y amigos de los dueños de una casa de Beit Hanina para
juntar sus pertenencias y dejar su hogar.
En medio de los esfuerzos del gobierno de Barack Obama para acercar a los dos
gobiernos y sentarlos en una misma mesa de negociación, la reanudación de las
demoliciones en barrios de mayoría árabe desató una fuerte condena internacional
contra las políticas israelíes hacia los palestinos en Jerusalén oriental.
José Manuel Barroso, el presidente de la Comisión Europea, calificó a las
demoliciones como una acción “contraproducente”. “Los asentamientos y la
política de demolición de casas son ilegales y, además, constituyen un obstáculo
para alcanzar la paz y amenazan con hacer imposible una solución de dos
Estados”, advirtió desde Bruselas.
Jerusalén sigue siendo el punto más contestado de un eventual acuerdo de paz.
Israel sostiene que Jerusalén oriental –que fue ocupada y anexada después de la
Guerra de los Seis Días en 1967– es su capital indivisible. Los palestinos, por
su parte, la reclaman como la capital de su futuro Estado independiente. La
comunidad internacional, por último, la considera un territorio ocupado.
El martes, Dalel al Rajabi casi se desplomó cuando vio que su casa sobre la
calle Beit Hanina había sido reducida a una pila de metal y bloques de cemento.
Volvía del médico para llegar a almorzar con el resto de su familia. Consolada
por amigos y familiares, Al Rajabi logró sentarse en un sillón que se había
salvado. Con lágrimas en los ojos y su bebé de dos meses en sus brazos, contó
que es la segunda vez en cuatro años que las autoridades israelíes destruyen su
vivienda. “No me dieron ninguna advertencia. Mis hijos y yo estamos en la calle.
¿En dónde vamos a vivir?”, denunció.
La municipalidad de Jerusalén negó el martes que hubiera ordenado destruir casas
que estaban habitadas. Los palestinos reconocen que construyen viviendas sin los
permisos necesarios, pero denuncian que lo hacen porque es imposible conseguir
las autorizaciones necesarias de las autoridades israelíes, aun cuando son
dueños de las tierras.
Lo cierto es que la reanudación de las demoliciones llegó justo cuando Obama
empezaba a normalizar la relación con el primer ministro israelí, Benjamin
Netanyahu.