Que hace 35 años Israel haya ofrecido vender armas nucleares a Sudáfrica en
la etapa aciaga del apartheid descubre un proyecto clandestino nuclear
iniciado mucho tiempo atrás, quizá alrededor de los 70, que ha contado con el
encubrimiento de EU y los aliados europeos del "Estado hebreo", a quien
desde 1948 le festejan todas sus felonías regionales, en detrimento de la
legalidad internacional.
Por Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada, México
Antecedentes: hace un cuarto de siglo, uno de los seres más
humanitarios del mundo, Mordechai Vanunu –anterior técnico nuclear israelí y
admirable pacifista–, reveló al Sunday Times (5/10/86) la construcción
de bombas nucleares por Israel en la planta de Dimona. Atrapado por el espionaje
israelí del Mossad y luego encarcelado en forma inmisericorde, el samaritano
Vanunu es tratado como "palestino" por las autoridades israelíes.
Dieter Gerhardt, anterior comandante naval de Sudáfrica, encarcelado en 1983
por espionaje en favor de la URSS, al salir liberado en 1992, al colapso del
régimen apartheid (la discriminación de la minoría blanca contra la
mayoría negra), exhumó la existencia de un acuerdo (bajo el código Chalet) en el
que Israel se disponía a vender a Sudáfrica ocho misiles Jericó dotados
de armas nucleares. Gerhardt develó al Johannesburg City Press
(20/2/94) la "misteriosa" prueba nuclear conjunta de Israel y el régimen
del apartheid el 22/9/79 (confirmado por The National Security Archive:
diciembre 79 y 25/8/08).
Según la televisora CBS, en 1990 Israel y Sudáfrica (todavía bajo el régimen
del Apartheid) realizaron una prueba nuclear conjunta en el océano
Índico. El célebre investigador israelí-estadounidense Seymour Hersh reveló en su
clásico libro La opción Sansón la forma en que Shimon Peres, belicoso
padre de la bomba atómica israelí –por cierto, Premio Nobel de la Paz–, adquirió
en forma clandestina los materiales de Francia para iniciar la construcción de
centenas de artefactos atómicos.
La Federación de Científicos Estadunidenses (FAS, por sus siglas en inglés)
–cuyos científicos provienen del Proyecto Manhattan, que construyó la bomba
atómica de Estados Unidos y cuyas tareas son avaladas por 84 "Premios Nobel"
en química, economía, medicina y física– calcula un máximo de 400 bombas
nucleares clandestinas en manos de Israel, que rehúsa firmar el Tratado de No
Proliferación (TNP), y no es vigilado por la Agencia Internacional de Energía
Atómica (AIEA) sobre las encubiertas actividades militares en el reactor Dimona.
El necrófilo canciller israelí Avigdor Lieberman, segundo de a bordo del
gabinete Netanyahu, en el paroxismo del infanticidio de palestinos en
Gaza, abogó lanzar bombas nucleares como "solución final", al estilo de EU
en Hiroshima y Nagasaki (Bruce Katz; Atlantic Free Press; 21/5/09).
¿Cómo se pueden lanzar bombas nucleares que supuestamente no se poseen?
Hechos: el periódico británico The Guardian (Chris McGreal, 23/5/10)
publicó en exclusiva los documentos desclasificados que exhiben la
incontrovertible primera evidencia "oficial" (sic) de la posesión israelí
de armas nucleares. La histórica revelación va acompañada de una serie de anexos
demoledores: "los memorandos y las minutas que confirman el almacenamiento y
la capacidad nuclear israelíes y la política de ambigüedad estratégica",
etcétera.
El acuerdo militar secreto fue firmado en 1975 por los ministros de defensa
respectivos de Sudáfrica e Israel: P.W. Botha y Shimon Peres (hoy controvertido
presidente de Israel).
Que hace 35 años Israel haya ofrecido vender armas nucleares a Sudáfrica en
la etapa aciaga del apartheid descubre un proyecto clandestino nuclear
iniciado mucho tiempo atrás, quizá alrededor de los 70, que ha contado con el
encubrimiento de EU y los aliados europeos del "Estado hebreo", a quien
desde 1948 le festejan todas sus felonías regionales, en detrimento de la
legalidad internacional.
El belicoso octagenario Shimon Peres –insistimos, Premio Nobel de la Paz
(¡para lo que sirven!)– ofreció dotar al régimen del Apartheid de
arsenales de "tres tamaños": convencionales, químicos y nucleares. La
estrecha colaboración incluyó el suministro de "uranio amarillo" en bruto
del gobierno sudafricano para la construcción de armas nucleares de Israel. Los
documentos secretos fueron desclasificados por Sasha Polakow-Suransky, académico
de EU –por cierto, editor principal de la influyente revista Foreign Affairs,
y quien obtuvo un doctorado en historia moderna, por la Universidad de Oxford.
Polakow-Suransky solicitó al presente gobierno de Sudáfrica (Congreso
Nacional Africano), liberado del yugo del Apartheid, la
desclasificación de documentos oficiales que sirvieron de base para su libro
La alianza impronunciable: la secreta alianza de Israel con el apartheid de
Sudáfrica (ed. Pantheon, 2010), de reciente aparición.
Mediante su notable excavación arqueológica, Polakow-Suransky tritura toda la
hipocresía de los gobiernos israelíes sobre la posesión de armas atómicas cuando
exigen desvergonzadamente el desmantelamiento ajeno (v.gr. el programa
nuclear todavía civil de Irán, firmante del TNP y motivo de incómodas
inspecciones de la AIEA).
En Israel intentan diluir su flagrante hipocresía con el eufemismo oficial de
"ambigüedad": es decir, ni niegan ni confirman la posesión de entre 200 y
600 bombas atómicas, como si la materia nuclear, el punto más sensible de la
actividad humana, fuera un asunto privado de alucinantes canonjías paleobíblicas.
Según Chris McGreal, el gobierno israelí intentó impedir la desclasificación
de los comprometedores documentos secretos, cuyas "revelaciones serán
embarazosas", particularmente cuando la revisión quinquenal del TNP en Nueva
York aborde la "zona libre de armas nucleares en Medio Oriente", propuesta
por Egipto y los países árabes.
A juicio de McGreal, las revelaciones "socavan los intentos de Israel de
sugerir que, en caso de poseer bombas nucleares, es en su calidad de potencia
responsable, que no usará indebidamente, mientras países como Irán no pueden ser
confiables". Sin todavía arrojar sus armas atómicas sobre las poblaciones de
la región, con su simple fuerza convencional de enorme letalidad, Israel ha
ejercido en los pasados 62 años las mayores devastaciones bélicas que haya
conocido Medio Oriente en toda su historia.
Algo habrá pasado en el trayecto –Polakow-Suransky da a entender que por
motivos de "costos"– para que, en lugar de vender las armas nucleares a
Sudáfrica, Israel haya colaborado en la construcción de las seis bombas atómicas
del régimen del Apartheid, que luego el gobierno de mayoría negra
eliminó voluntariamente, sin que nadie se los agradezca en el mundo. Éste
constituye un clásico ejemplo cuando cierto tipo de negros se comporta mejor que
cierto estereotipo de blancos.
Conclusión: Simon Tisdall plantea en The Guardian las consecuencias:
"Ahora el velo roto ha sido puesto de lado. La prueba de que Israel es un
Estado nuclear, sin ninguna duda, significa el fin a los asentimientos, guiños y
ojos ciegos. Confirma que Israel es la primera potencia armada del Medio Oriente
y desafía a todos (sic) los países de la región, incluyendo a Irán, a enfrentar
en forma separada o conjunta la amenaza que deriva en el hoy innegable
desequilibrio militar".
¿Ahora quién, que no sea un hipócrita global, se atreve a pedir cuentas a
Irán, quien aún no posee bombas nucleares?
¿Cómo enfrentar la amenaza clandestina de las armas nucleares de Israel?.