Por Pam Bailey - IPS
Según
Mahmud Abo Rahma, del Centro Al Mezan para los Derechos Humanos, no muchos
palestinos son arrestados como lo fue Ahmed, pero es cada vez más común que a
los pacientes que ingresan a Israel se les niegue tratamiento a menos que ellos
o su familia acepten colaborar con las agencias de inteligencia del Estado
judío.
El Centro Al Mezan se unió con la organización Médicos por los Derechos Humanos
y el Centro ADALA para acusar a Israel de chantajear a pacientes palestinos de
Gaza.
Ahmad y cuatro primos suyos adolescentes resultaron heridos por un misil lanzado
por un avión no tripulado al este de Khan Younis, en el sur de Gaza, apenas 14
días después de que concluyera un masivo ataque israelí contra ese territorio
costero.
Fragmentos del misil se alojaron en el ojo izquierdo de Ahmad --estudiante de
periodismo hoy de 19 años--, rompieron su mandíbula y sus dientes, laceraron sus
dos manos y su muslo derecho, destruyeron sus genitales y dañaron su páncreas e
intestinos.
Su padre, Samir, estaba en Egipto entonces acompañando a otro hijo que también
había resultado herido apenas ocho días antes. A causa del cerco impuesto por
Israel desde que Hamás (acrónimo árabe de Movimiento de Resistencia Islámica)
tomó control de Gaza en 2007, la atención médica allí es por lo general
inadecuada.
Los palestinos no han podido reconstruir los 15 hospitales ni los 43 centros de
primeros auxilios destruidos en la invasión israelí del año pasado debido a que
está prohibida la importación de materiales de construcción.
El tratamiento que se brinda en Egipto no es avanzado y, de acuerdo con Abo
Rahma, el riesgo de contraer hepatitis C allí es significativo. Obtener permiso
para ingresar a Israel siempre es difícil para los palestinos en tiempos
normales, y era imposible durante e inmediatamente después de la invasión a Gaza.
La Organización de las Naciones Unidas informó que a casi un cuarto de los 1.103
pacientes palestinos que solicitaron tratamiento en Israel en diciembre de 2009
se les prohibió ingreso. Como resultado, 27 de ellos murieron.
Ahmad y sus primos fueron llevados a un hospital local por un hermano mayor, y
el director del nosocomio los transfirió de inmediato a Egipto. Ahmad pasó los
ocho meses siguientes allí, pero poco se pudo hacer. Debido al grave daño que
sufrió en el páncreas y ante la falta de tratamiento adecuado, desarrolló una
diabetes.
Los médicos que lo atendían recomendaron enviarlo a Alemania. Pero había un
problema: Ahmad necesitaba una visa, y para tramitarla necesitaba ir a Tel Aviv,
algo imposible para los habitantes de Gaza.
Finalmente, un médico sugirió enviarlo al hospital St. Joseph, de Jerusalén.
Samir debió llevar a su hijo en silla de ruedas al puesto fronterizo de Erez el
23 de noviembre. Luego de esperar cuatro horas, fueron rechazados y se les dijo
que regresaran dos días después. Cuando volvieron, fueron sometidos a una
horrenda experiencia.
"Estoy aquí con mi hijo herido, aterrorizado por su salud, y nos obligan a
sacarnos toda la ropa para ser cacheados. Luego se llevan a mi hijo", contó
Samir a través de un intérprete.
"Ahmad necesitaba insulina cada dos horas, pero no podía dársela. ¡La siguiente
cosa que sé es que le ponen grilletes! Tomaron toda la medicación que había
traído para Ahmed y todo el dinero que recolecté de donaciones (unos 2.500
dólares), y él se había ido".
Pasaron 20 días, dijo Samir, antes de que finalmente pudiera averiguar qué le
había sucedido a su hijo, gracias a la ayuda de organizaciones de derechos
humanos a las que había solicitado colaboración.
Abogados del Centro Al Mezan descubrieron que otros jóvenes que habían ido a
Erez antes que Ahmad habían sido interrogado y al parecer lo habían implicado a
él, señalando que poseía un arma y un explosivo de una de las milicias
palestinas de Gaza.
Samir indicó que los "explosivos" eran en realidad las ampollas de insulina.
Ahmad se declaró inocente durante las cuatro horas que fue interrogado en Erez .
Luego fue transferido a la prisión israelí de Askhelon. Después de cinco días
consecutivos de interrogatorios, no resistió y aceptó una confesión.
Los cargos: "integrar una organización terrorista, pasar información al enemigo,
proveer servicios a una organización terrorista y poseer armas de fuego".
"Fue sometido a prácticas que consideramos tortura y maltrato, principalmente a
posturas incómodas por largas horas, como ser sentado en una silla con las manos
atadas hacia atrás", señaló el equipo legal de Al Mezan.
"La tortura es algo desmesurado en cualquier caso, pero en éste fue
particularmente cruel, ya que la víctima tenía la salud vulnerable", añadió.
Samir, quien recibe información sobre su hijo de parte de abogados y de la Cruz
Roja, dijo que luego averiguó que al joven le habían dicho que su padre se
encontraba también en la cárcel, y por tanto debía cooperar con la Shin Bet, la
agencia de seguridad interna israelí.
Mientras, Médicos por los Derechos Humanos pudo saber que a Ahmad se le había
negado tratamiento médico y sólo se le había permitido recibir su insulina.
Samir dijo que la última noticia que tuvo de él fue que uno de sus brazos debía
ser amputado.
Hoy, Ahmed está todavía en prisión, aunque fue transferido a la sureña ciudad
israelí de Beerseba. Basándose en su "confesión", las autoridades israelíes le
ofrecieron un acuerdo por el cual pasaría 33 meses en prisión. El joven rechazó
la oferta el 24 de marzo, y el tribunal fijó una nueva audiencia para junio,
para permitir que la fiscalía presentara a sus testigos: los policías que
llevaron a cabo el interrogatorio.