Casi
cuatro años después de la devastadora guerra de Israel contra el grupo chiÃ
Hezbolá, en la que el Ejército hebreo lanzó más de cuatro millones de bombas de
racimo en el sur del LÃbano, Mohamed Haj-Musa apenas puede hablar del dÃa en que
perdió sus piernas.
IAR
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/
AFP
El dÃa 11 de agosto de 2006, este refugiado palestino de 15 años, delgado y de
cabello castaño, circulaba en una moto, sentado detrás de su padre, que iba a
entregar alimentos en una localidad vecina, cuando una bomba de racimo estalló a
su paso.
"Me hallaron en un arroyo cuatro horas después de la explosión", recuerda
Mohamed en su maltrecha casa familiar, en el campo de refugiados de Al Bass, en
Tiro. "Recuperé la consciencia cuando me sacaban del agua y me di cuenta de que
mis piernas habÃan sido destrozadas", dice.
El mismo dÃa, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 1701, y
tres dÃas después, la guerra terminaba. HabÃa durado un mes. Durante la guerra,
los aviones israelÃes lanzaron sobre el sur de LÃbano más de cuatro millones de
bombas racimo, 90% de las cuales en las 72 horas anteriores al alto el fuego,
tras la aprobación de la Resolución 1701, subrayan la ONU. Casi un 40% de las
submuniciones no estallaron.
Estas submuniciones han matado a 46 personas y mutilado a más de 300 civiles
desde 2006, según el Ejército libanés y las Naciones Unidas. La mayor parte de
vÃctimas han sido zapadores, campesinos y niños, que suelen confundir estos
objetos brillantes con juguetes. Israel entregó el año pasado mapas para
localizar las bombas de racimo y las minas en LÃbano, pero, según el Ejército
libanés, se trata de documentos inexactos e incompletos.
El próximo 4 de abril, DÃa Mundial de Conciencia y Acción contra las Minas, los
militantes libaneses van a plantar árboles en las zonas minadas que han sido
limpiadas. Mientras tanto, las esperanzas de las vÃctimas se desvanecen junto
con el fondo para la ayuda y para la limpieza de las minas, que disminuye en
parte debido a la crisis económica mundial.
"Nos falta fondos y la cosa es seria", indicó el coronel Rolly Fares, jefe del
programa del ejército de ayuda a las vÃctimas de las minas. Más de 197.000
bombas de racimo han sido desactivadas desde el final de la guerra de 2006,
añadió, pero cientos de miles siguen amenazando a la gente.
"Hemos limpiado alrededor de 52% de los 45 km2 afectados, pero tenemos cada vez
menos equipos por falta de fondos", precisó. Maha Shuman Jebahi, de la Lebanese
Handicap Welfare Association, dijo que muchas vÃctimas esperan prótesis. "¿Cómo
explicar a alguien que se le puede dar ayuda psicológica, pero no una pierna?",
añadió.
Jaled Yamut, que dirige el programa de acción contra las minas terrestres de la
Norwegian People's Aid, explicó que el presupuesto de su organización se redujo
en un 25% este año y que disminuirá en un 50% el próximo año. "El Gobierno solo
no puede garantizar la seguridad del terreno a los civiles", dijo, agregando que
"la tarea es gigantesca".
Mohamed, por su lado, se niega a reconocer la derrota. "Esas no están bien",
dice, mostrando un par de piernas artificiales colocadas en un rincón, con
zapatillas de tenis en los pies. "Me hacen daño y se rompen todo el tiempo",
precisa. "Yo no quiero más piernas", dice, precisando: "Todo lo que quiero es
una vida, estudiar y una novia".
Natacha Yazbeck /AFP