El gobierno de Estados Unidos
redobla esfuerzos diplomáticos en Medio Oriente con el fin de ampliar las
sanciones contra Irán ante la impaciencia del Congreso legislativo de este país
y la postura amenazante de Teherán.
Por Mohammed A. Salih - IPS
Uno
de los principales objetivos del gobierno de Barack Obama, sino el más
importante, es convencer a los países árabes que cubran las necesidades
energéticas de China para que Beijing acepte sumarse a los planes de Occidente
de reforzar las sanciones contra la República Islámica.
Mientras altos funcionarios estadounidenses prosiguen con su retórica sobre las
sanciones, la Casa Blanca despachó cuatro enviados especiales a Medio Oriente.
La principal es la secretaria de Estado (canciller), Hillary Rodham Clinton,
quien se encuentra de gira por los países del Golfo, donde ya visitó Arabia
Saudita y Qatar.
El subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, William Burns, también
visitará esta semana la región para reunirse con funcionarios de Azerbaiyán,
Líbano, Siria y Turquía.
Además, el subsecretario de Estado (vicecanciller), James B. Steinberg, viajó a
Medio Oriente la semana pasada para reunirse con funcionarios israelíes y
egipcios y el subsecretario de Estado para Gestión y Recursos Humanos, Jacob J.
Lew, lo hará en los próximos días, según The New York Times.
“Tratamos de reunir a la comunidad internacional para presionar a Irán con
sanciones de las Naciones Unidas que apunten, en especial, a las empresas
controladas por los Guardianes de la Revolución porque creemos que, de hecho,
reemplazan a Teherán”, declaró el lunes Clinton en Qatar.
Los rumores de movilización diplomática coinciden con una actitud más agresiva
de algunos miembros del Congreso estadounidense hacia Irán, que proponen
sanciones aún más duras de las que pretende implementar la Casa Blanca.
Los legisladores hacen especial hincapié en la necesidad de vincular las
sanciones con la violación de los derechos humanos.
Washington no estaría afín con esa actitud por temor a alejar más a China, uno
de los principales opositores a la ampliación de sanciones contra Irán.
La oposición de China tiene que ver, en parte, con sus extensos vínculos
comerciales con la República Islámica.
China superó a la Unión Europea (UE) como principal socio de Irán, con un
volumen comercial de 36.500 millones de dólares en 2008, en tanto el del bloque
de 27 países fue de 35.000 millones de dólares ese año, según Financial Times,
de Londres.
A cambio, la República Islámica cubre 11 por ciento de las necesidades
energéticas del gigante asiático, según la Cámara de Comercio Irán-China.
Concientes de la importancia de Irán para las crecientes necesidades energéticas
de China, Clinton pretende convencer a los países árabes de suministrarle
petróleo para que Beijing deje de oponerse a los planes de Occidente de
endurecer las sanciones.
Pero no es evidente que los países del Golfo vayan a plegarse a la propuesta de
Estados Unidos.
El programa nuclear iraní generó controversia en Occidente, pero también en los
países árabes y el Estado judío. Las naciones sunitas, una de las ramas del
Islam, e Israel desconfían de la influencia de Teherán, cuyo régimen es chiita,
sobre algunos grupos y estados de la región, como Irán, Líbano, Palestina, Siria
e, incluso, sobre las poblaciones chiitas del Golfo.
También dudan de que las actividades nucleares de Irán tengan fines pacíficos y
lo acusan de tratar de dotarse de la bomba atómica.
Por su parte, funcionarios iraníes negaron en reiteradas oportunidades el
carácter bélico de su programa nuclear y denuncian la interferencia de otros
países en sus asuntos.
La insistente retórica para reforzar las sanciones contra Irán se originó tras
la negativa de Teherán a responder a una propuesta de Occidente de enviar 75 por
ciento de su uranio de bajo enriquecimiento a Francia y Rusia a cambio de 20 por
ciento de uranio enriquecido, suficiente para que la República Islámica pudiera
operar un reactor para investigaciones médicas, ubicado en la capital.
La semana pasada, con motivo del 31 aniversario de la Revolución Islámica
(1979), el presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad declaró ante una multitud en
Teherán que Irán era ahora una potencia nuclear porque los científicos habían
logrado enriquecer uranio al 20 por ciento.
Pero funcionarios occidentales cuestionan la afirmación de Ahmadineyad porque,
según arguyen, no es posible que haya hecho avances tan rápidos.
“No es una potencia nuclear”, aseguró el vicepresidente de Estados Unidos, Joe
Biden, el domingo en declaraciones al canal de cable MSNBC. “Entiendo por qué
Ahmadineyad hace esa afirmación, para distraer la atención mundial de las
violaciones de derechos humanos” en su país, sostuvo.
“Considero que el avance realizado por Irán en materia nuclear está sumamente
exagerado”, añadió.
Washington está interesado en ampliar las sanciones contra Irán a través del
Consejo de Seguridad ahora que Francia, totalmente contrario a las ambiciones
nucleares de ese país, detenta este mes la presidencia rotativa de ese órgano de
las Naciones Unidas.
Pero no es evidente que los países occidentales logren el consenso necesario
como para dar ese paso este mes. La propia dimensión de las sanciones parece ser
fuente de controversia entre, por un lado, Estados Unidos y sus aliados
europeos, y por otro, China y Rusia.
Pero Washington tiene otra carta a la que puede recurrir para presionar a China
a unirse a sus planes: Israel.
“Si el gobierno chino cree que Israel tiene más posibilidades de recurrir a la
fuerza militar contra Irán si no se aprueban más sanciones, es más probable que
se sume” a la propuesta de Occidente, señaló Raymond Tanter, ex integrante del
Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos durante el gobierno de Ronald
Reagan (1981-1989).
“Por un lado, están los chinos a los que se les ofrece la posibilidad de
reemplazar el petróleo iraní por el saudita. Por otro lado, Beijing se toma más
en serio la amenaza israelí de recurrir a la fuerza militar contra Irán”,
explicó Tanter, también presidente del Iran Policy Committee (comité político
para Irán), organización bipartidista sin fines de lucro.
“Si Israel recurre a la fuerza contra Irán se interrumpirá el suministro de
petróleo del Golfo”, añadió.
Israel amenazó varias veces con atacar las instalaciones nucleares de Irán si la
comunidad internacional no logra evitar sus avances en la materia.