Tiene el 50% de las reservas
mundiales de litio, usado en celulares y computadoras. Pero la indigencia es de
60%.
Por Pablo Stefanoni - Clarín, Argentina
"Dignidad”
era la palabra más escuchada ayer en la asamblea de organizaciones sociales y
fuerzas vivas que mantiene paralizado y bloqueado a Potosí desde hace quince
días por un conflicto de límites con Oruro y en demanda de proyectos
productivos. Ayer, se votó la propuesta de tomar físicamente la mina San
Cristóbal, un megaproyecto en manos de la transnacional japonesa Sumitomo que
produce plata, zinc y plomo en medio del auge de los precios internacionales . Y
se discutía cómo negociar manteniendo la presión, antes de que la ciudad se
ahogue a sí misma por el cerco . El gobierno dice que los potosinos son
manipulados por grupos de derecha y los acercamientos fracasaron.
Bolivia vive un boom de la actividad minera, pero los potosinos denuncian que
los beneficios no les llegan . En una pequeña asamblea improvisada ante este
periodista, todos se quejan de haber sido la vaca lechera de Bolivia con sus
minerales y hoy ser el departamento con peores índices de desarrollo humano :
más de seis de cada diez habitantes de este departamento del sudoeste boliviano
están en la pobreza extrema y la tasa de mortalidad infantil es de 101 por cada
mil niños nacidos vivos, según un informe del PNUD. Pocos creen que el litio –el
nuevo recurso salvador de Bolivia– los salve a ellos.
El salar de Uyuni tiene cerca del 50% de las reservas mundiales de este mineral
del futuro, que se usa para fabricar baterías de celulares y computadoras, y se
utilizará también para las de autos eléctricos. Varios países ya pusieron el ojo
al litio boliviano. De hecho, Evo Morales viajará a fin de mes a Seúl, donde la
estatal surcoreana Korea Sources Corporation (KORES) puso en marcha un proyecto
sobre tecnología para procesarlo.
“ Vivimos sin tecnología, sin agroindustria; aramos con bueyes, no hay ayuda ”,
resume Marco Cuenca Paco, ex líder del ayllu Kasa, ataviado con ropas
tradicionales y un celular colgado al cuello. Es parte de un grupo de
originarios que llegaron a Potosí a “fortalecer las medidas de presión”. Sin
embargo, la mayoría de los campesinos se mantienen bajo las direcciones
oficialistas, y la rebelión potosina se siente más en la capital y en los
pueblos. De hecho, ayer se quejaban que en el sur fronterizo con Argentina los
pobladores no se sumaron a los bloqueos. “Vivimos igual que en la colonia,
tenemos zinc, cobre, uranio; ahora vienen los iraníes que quieren sacar esos
recursos para su bomba atómica”, dice un dirigente de un pueblo ubicado a 20 km.
de Potosí capital, donde “se explota la piedra caliza pero un magnate boliviano,
hijo de un gringo, se queda con los beneficios”. “Bolivia nos debe”, “Esta
protesta no es política”, “Acá Evo ganó con el 70% y ahora se olvida”, repiten
los huelguistas.
Todos insisten en que son un pueblo de migrantes, sin oportunidades. Muchos
fueron a Argentina, pero centenares de mendigas de la región minera del norte de
Potosí ya cambiaron el paisaje de las grandes ciudades bolivianas con sus
vestidos color ocre, como la tierra seca de donde salen por temporadas.
Otros campesinos decidieron apostar al narcotráfico o el contrabando.
“¿Y creen que el litio los puede ayudar?”, pregunta este cronista.
“Si lo entregan a las transnacionales ni un centavo va a quedar acá. Ese litio
es nuestro”, responden varios casi al unísono. Y “nuestro” es potosino.
La psicología del saqueo, desde que la España colonial acuñaba sus monedas con
oro de Potosí, moldea casi todas las opiniones . El emblemático Cerro Rico,
incansable fuente de plata, que hoy tambalea debido a la explotación
descontrolada, sintetiza la sensación de crisis en medio de un boom que no todos
pueden ver. Pero hoy se conformarían con un aeropuerto y algunas fábricas.