"Nos levantábamos y acostábamos
todos los días mirando al cielo, esperando que algo cayera, pero no pasaba nada,
no caía ni una gota", narra, aún con angustia, María Inés Queiros, una
productora de quesos artesanales del sureño departamento uruguayo de San José.
Por Inés Acosta - IPS
"Lo
que vivimos en esos meses nos quedó grabado en la memoria para toda la vida. Fue
una situación horrible", dice a IPS Queiros. Es que los productores de pequeña
escala, como ella, fueron los más afectados por la sequía que azotó a buena
parte de Uruguay el último trimestre de 2008 y el primero de 2009.
Las consecuencias sociales y económicas de esa larga sequía aún perduran, tal
como el miedo de que suceda nuevamente. Asociaciones rurales estiman que el
sector perdió 868 millones de dólares en ese lapso.
"Yo gracias a Dios lo tomé con calma. Otros se enfermaron de los nervios y se
entregaron. Se fueron del campo por miedo a que esto pase nuevamente", añade
Queiros.
La convicción de querer permanecer en su tierra ayudó a esta productora, que
trabaja en el campo desde los 13 años de edad, a atravesar esta situación
crítica. "Yo tuve fe de que esto iba a pasar, aposté a lucharla, no quedaba
otra", comenta.
El sector agropecuario, motor de la economía de Uruguay, es uno de los más
vulnerables al cambio climático, el cual hace más variables y extremos eventos
naturales como las sequías y las inundaciones.
Ante ello, se dispuso desarrollar un proyecto territorial que pretende
fortalecer los sectores más sensibles a este fenómeno. Contar con un plan de
adaptación resulta imprescindible para que los productores permanezcan en el
campo.
Además del Plan de Respuesta al Cambio Climático que funciona a nivel nacional,
se diseñó uno a escala local denominado "Hacia territorios con menos emisiones
de gases de efecto invernadero y más resistentes al cambio climático".
Este programa, de 1,5 millones de dólares donados por diversos organismos
internacionales, es impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) y abarca la llamada región metropolitana, que incluye el área
rural del departamento de Montevideo, donde está asentada la homónima capital
del país, y los vecinos Canelones y San José.
"Esta iniciativa, que funcionará como proyecto piloto, constituye la primera
experiencia concreta a nivel regional de análisis y aplicación de medidas de
adaptación y mitigación al cambio climático", explicó a IPS Paul Moizo,
coordinador ejecutivo del programa Agenda Metropolitana, a través del cual se
ejecuta el plan.
Agenda Metropolitana surgió en 2005 de un acuerdo político entre los gobiernos
departamentales de Montevideo y Canelones, ambos en manos del izquierdista
Frente Amplio, y el de San José, a cargo del derechista Partido Nacional, con el
objetivo de actuar de manera compartida sobre los problemas detectados en el
área.
En estos tres distritos, ubicados al sur del país sobre las costas del Río de la
Plata, habitan dos tercios de los 3,3 millones de uruguayos y se producen las
dos terceras partes del producto interno bruto.
Es un área que comprende una importante actividad agropecuaria, sobre todo
hortícola y lechera para abastecer a la ciudad de Montevideo y exportar. Ocupa
gran parte de la cuenca del río Santa Lucía, que provee de agua potable a 60 por
ciento de la población del país.
Por esa y otras razones, en esta zona se produce la mayor cantidad de dióxido de
carbono, uno de los gases invernadero causante del recalentamiento global, que
emite este país.
La directora de Gestión Ambiental de la Intendencia de Canelones y coordinadora
del proyecto en ese departamento, Ethel Badin, explicó a IPS que uno de los
problemas que la agropecuaria debe afrontar allí, como consecuencia del cambio
climático, es la escasa disponibilidad de agua en periodos de sequía.
También los perjuicios que las intensas lluvias causan en la producción, la
fragilidad del campo natural ante manejos poco sustentables, el aumento de
riesgos de incendios forestales y de contaminación de aguas superficiales y
erosión de suelos, así como el mayor desarrollo de enfermedades y plagas en la
producción animal y vegetal.
La agricultura es la actividad más vulnerable al cambio climático, reafirmó la
directora de la Unidad de Desarrollo de la Intendencia Municipal de San José e
integrante del proyecto, Mercedes Antía.
"La zona metropolitana concentra una importante cantidad de pequeños
productores, que están más expuestos y tienen menos capacidad de respuesta ante
esta problemática" que los de gran escala, dijo.
Como consecuencia de la última gran sequía, los productores comenzaron a vender
el ganado vacuno, perdieron capital y la reconstrucción fue muy difícil,
planteó.
"El impacto social fue muy alto. La gente sufrió problemas cardíacos y
psiquiátricos, hubo familias que se separaron y muchos de los hijos que vieron
sufrir a sus padres se cuestionan si vale la pena quedarse" en las parcelas,
relató.
"Fue la angustia de perderlo todo en sólo unos meses. La gente nunca se imaginó
que una sequía iba a afectarlos tanto. Frente a este escenario, el proyecto
busca ver qué cosas podemos hacer para que la próxima vez que ocurra nos agarre
menos desprevenidos", detalló.
Según Moizo, el proyecto permitirá conocer el volumen de emisiones de gases
invernadero de la región, diagnosticar cuáles son los sectores más vulnerables
al cambio climático y generar una serie de proyectos concretos que apunten a
solucionar los diversos problemas.
La iniciativa fue aprobada por la Asamblea General de la Red de Gobiernos
Regionales para el Desarrollo Sostenible, que se reunió en octubre de 2008 en
Saint-Malo, Francia.
En esa instancia se decidió que la tercera cumbre mundial sobre cambio climático
de este grupo se realizara entre el 20 y el 22 de este mes en Montevideo.
El encuentro congregará a más de 450 representantes de todas las regiones
miembros de la red, por lo que se entiende que será una buena oportunidad para
dar a conocer este proyecto.