l dinero del narcotráfico salvó a la banca anglosajona durante
la crisis global (ver Bajo la Lupa, 16/12/09). Un mes más tarde expusimos que
los bancos de China y Brasil, primordalmente estatales, habían desplazado a
los de Estados Unidos y Gran Bretaña de los primeros sitiales (Bajo la Lupa,
13/1/10).
México no posee una banca estatal propiamente dicha –cuando entregó a
cambio de "espejitos medievales rotos" y "espejismos teológicos
neoliberales" alrededor de 90 por ciento de su banca nacional (hecho
insólito en el planeta), en términos de "capitalización de mercado"–, lo
que, a nuestro humilde entender, forma parte consustancial de su perenne
crisis financiera desde el gradual desmantelamiento de su sistema bancario y
de seguros, promovido por sus cinco recientes "presidentes" neoliberales,
para beneficiar en forma oligopólica a la parasitaria banca anglosajona y
española (ésta, como Santander, opera presuntamente como Caballo de Troya de
la banca británica).
Calderón pasó estérilmente –menos a nivel muy personal, donde se "
autoprestó" una cantidad millonaria, que ignoramos haya sido liquidada–
como director de Banobras, un supuesto banco estatal de desarrollo que no
cumple su misión asignada, ante la anuencia cómplice del disfuncional
Congreso.
El "México neoliberal panista foxiano-calderonista" (que más allá del
travestismo de las siglas convencionales lineales del hilarante IFE abarca al
cordobista Zedillo: un "priísta" cripto-panista y sepulturero de la banca
nacional) representa la "antimateria" de Brasil: país exitoso a escala
global en la etapa notable de Lula, quien lo incrustó al BRIC con otras tres
magnas potencias geopolíticas (Rusia, India y China), mientras el "México
neoliberal-panista-calderonista" se descompone aceleradamente en todos los
rubros de su existencia y se empecina en ser anexado militarmente por el
Comando Norte estadunidense (Bajo la Lupa, 24/3/10).
Insistimos con nuestra ya enunciada hipótesis operativa: los
magnos países con banca estatal como China y Brasil se salvaron durante la
crisis, lo cual acaba de ser admitido a regañadientes por The Economist
(31/3/10), revista portavoz del neoliberalismo financierista global, pero
por causales y razones diferentes a nuestro planteamiento primigenio.
La revista británica The Economist, con intereses estratégicos
obscenos en las entrañas financieras del gigante del sur, se enfoca a "la
campaña presidencial de Brasil que ha sucumbido de nuevo (sic) con el Estado"
y se pregunta si se trata de una mera retórica electorera o si el gobierno de
Lula "aprendió las malas (¡súper-sic!) lecciones del rebote (sic) económico
del país".
Se entiende que para el maniqueísmo neoliberal de Gran Bretaña todo aquello
que no se ajuste a sus egoístas intereses sea ostentosamente nefasto.
Brasil "con su breve recesión de 2009 cayó sobre un trampolín" para
rebotar en forma asombrosa (se calcula un crecimiento de 6 por ciento para
este año). De cara a las elecciones presidenciales de octubre, la "nueva
(sic) resistencia" de Brasil "ha revivido la creencia (sic) de sus
líderes en el papel económico del Estado (sic)".
La sesgada revista neoliberal refiere que en el contexto del 30 aniversario
de la fundación del gobernante Partido del Trabajo, su candidata presidencial
Dilma Rousseff, en una extensa entrevista que fue convertida en un libro de
aniversario, en donde argumentó que "durante la crisis, después de la
quiebra de Lehman Brothers, fueron las instituciones controladas por el Estado
(¡extra súper sic!) como Banco do Brasil, Caixa Económica Federal y Banco
Nacional de Desarrollo (Bndes) quienes previnieron a la economía de naufragar
(¡extra súper sic!)".
¿De qué se altera, entonces, The Economist? ¿No fue acaso lo mismo
que hicieron los bancos centrales de Estados Unidos (la Reserva Federal) y Gran
Bretaña (The Bank of England), cuyos bancos "privados" en plena insolvencia
fueron rescatados por los capitales del Estado y los ciudadanos?
Dilma Rousseff explaya que el gobierno de Lula aplicó "una clara (¡súper
sic!) política gubernamental (sic) para fortalecer (¡extra súper sic!) a
Petrobras, en lugar de debilitarlo (¡extra súper sic!)".
Petrobras, gigante de la energía controlado por el Estado, es la "materia"
de la "antimateria" que constituye Pemex y que Calderón busca privatizar en
beneficio exclusivo de las trasnacionales anglosajonas y españolas en forma
alocada y a contracorriente de la modernidad multipolar mediante su nefaria "
reforma energética" apadrinada por la tripleta entreguista del PRI: Beltrones-Labastida-Gamboa,
al unísono de sus asociados Chuchos (hoy calderonistas).
Lula creó Petrosal, una nueva empresa totalmente estatal: una superestructura
de gestión por encima de Petrobras (de capital mixto), para amortiguar la
captura de los ricos yacimientos en el Atlántico por las depredadoras
trasnacionales anglosajonas y españolas ("Lula restatiza los hidrocarburos de
Brasil", Bajo la Lupa, 6/9/09).
La revista neoliberal resume el pensamiento de Dilma Rousseff, anatema para
el lector común británico quien vive de la depredación parasitaria ajena desde
el siglo XVIII: "el capitalismo de Estado (sic) de Brasil obtuvo éxito (sic)
donde fracasó (sic) el sector privado". ¿No fue acaso así?
A The Economist le empieza a perturbar, por afectar los intereses
neoliberales de Gran Bretaña, que "exista abundante (sic) evidencia (sic) que
Lula, quien muchos (sic) esperan permanecerá en el poder detrás el trono si
ganase Dilma Rousseff, está convencido que un mayor (sic) papel del Estado en la
economía sería benéfico para Brasil" cuando ha creado hasta ahora "ocho
nuevas empresas estatales", en particular, para la "investigación de
energía" (otra vez al revés de Calderón, un despojador de lo ajeno).
Petrobras ha penetrado las entrañas de empresas privadas químicas como
Braskem, al tiempo que Electrobras, la empresa eléctrica estatal (sic), será
expandida para constituirse en el "Petrobras del sector eléctrico" (otra
vez al revés de Calderón, que desmantela todo sin ton ni son).
Mucho más: Bndes (el "anti Banobras" de Brasil) ha apuntalado la
restatización del gigante del sur, lo que demuestra la trascendencia de una
política bancaria nacional (de la que carece el "México neoliberal-panista-calderonista").