Para tratar de frenar los
saqueos, Bachelet impuso el toque de queda en la ciudad hasta el mediodía del
martes y mandó 7.000 soldados a la región de Maule y en Concepción y sus
alrededores.
IAR
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/
Reuters
"Estamos
siendo atacados por una horda de gente de otra población y están llegando desde
los cerros, necesitamos ayuda, están saqueando nuestras casas", dijo Priscila,
una habitante de Concepción, a una radio local.
"No es justo que estén haciendo esto, por favor carabineros, Armada, quienes
sean, vengan a ayudarnos", acotó.
El Gobierno también declaró el toque de queda en las ciudades de Talca,
Cauquenes y Constitución, desde las 00.00 hora local del martes (2100 GMT del
lunes) hasta las 06.00.
"No es aceptable el pillaje y la delincuencia", dijo Bachelet a periodistas.
Los damnificados se quejaban de que la ayuda no estaba llegando con rapidez,
pero el Gobierno aseguró que la infraestructura y las comunicaciones no
funcionaban bien.
El aeropuerto de Santiago sufrió severos daños y no está operativo. Los pocos
vuelos internacionales hacia la capital fueron desviados a terminales
alternativas como la de Iquique, cerca de la frontera con Bolivia, según
autoridades.
Pero a pesar de todo, la industria minera - crucial para una de las economías
más sólidas de América Latina - reanudaba las operaciones y el sistema
financiero funcionaba con normalidad.
La bolsa cerró el lunes con una caída del 1,18 por ciento arrastrada por
empresas forestales, minoristas e inmobiliarias, pero el peso chileno concluyó
estable.
Brasil, Argentina y Perú se comprometieron a enviar rescatistas, médicos
alimentos, agua y hospitales móviles. Uruguay, Colombia y Uruguay también
ofrecieron ayuda. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, viajó el
lunes hacia Santiago para reunirse con Bachelet y la secretaria de Estado
norteamericana, Hillary Clinton, tenía reuniones el martes en la capital para
ayudar en la recuperación del país.