n medio de los sonidos de las bocinas, Ronald Jean
Frite, un joven de 25 años que escuchó acerca de estos autobuses gratuitos a
través de comentarios de gente en la calle, explica que espera juntarse con su
familia en el centro de Haití. "Es evidente que esto es una ayuda", dice
sonriendo mientras toma asiento en la primera fila de uno de los autobuses donde
los pasajeros conversan y ríen. "Allí donde voy no hay nada para hacer, pero al
menos podré comer. En la capital no hay más nada".
El gobierno de Haití anunció el jueves la puesta en marcha de un servicio de
transporte gratuito para realojar a quienes no tienen hogar y transportar a las
decenas de miles de personas perjudicadas por el poderoso sismo que asoló el
país el 12 de enero.
Ronald Jean Frite tuvo suerte. Muchos otros haitianos expresan su cólera y
afirman que no hay ningún autobús disponible para llevarlos al destino que ellos
eligieron, como Cap-Haitien y Port-de-Paix, al norte de la isla.
"Mis padres murieron con el derrumbe de nuestra casa", dice Josèphe Scarlie,
17 años. La joven, que está sentada cerca de un bolso color rosado lleno de
ropa, cuenta que duerme en la calle desde que ocurrió el sismo. "Mis amigos me
dieron dinero para comer pero no para tomarme un autobús. Y ahora que estoy aquí
no hay bus gratuito", dice Scarlie, quien está acompañada de un primo
adolescente, su único pariente de la capital que sobrevivió al terremoto.
Desde que ocurrió el sismo, cientos de personas fueron transportadas fuera de
Puerto Príncipe por autobuses públicos de pago pintados de colores vivos y
cubiertos de eslóganes religiosos y mensajes románticos. Estos autobuses seguían
repletos el viernes, con equipaje y otros objetos apilados en los techos. Pero
su presencia, al lado de los autobuses gratuitos brindados por el gobierno, es
un condimento más para la frustración de muchos haitianos.
"Este autobús va hacia Cap Haïtien y es allí donde quiero ir", dice Marise
Villmar, una mujer de 36 años con cabello gris, mientras señala con el dedo un
autobús que está listo para partir. "Pero me pregunto cómo podría conseguir 600
gourdes (16 dólares) para pagarlo", agrega con despecho.
Hubo momentos más aterradores para los haitianos el viernes, cuando un par de
réplicas breves, pero relativamente fuertes sacudieron la capital ya devastada.
Presos del pánico, algunos residentes abandonaron sus hogares por temor a una
repetición de los derrumbes, que la semana pasada mataron al menos a 111.499
personas.