(IAR
Noticias) 18-Enero-2010
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Una mujer ora ante el horror en su ciudad, Puerto
Príncipe. |
Una mujer nigeriana, que trabaja para el Comando de la Minustah, se salvó a
último momento por pura casualidad. Escuchó los pasos de alguien por encima del
montón de escombros que la tapaban y con la escasa fuerza que le quedaba pidió
auxilio.
Por Eleonora Gosman - Clarín
La suerte la acompañó: quién la escuchó era un rescatista dominicano.
Minutos después, y con la ayuda de colegas que estaban en las cercanías, el
hombre logró sacarla del pozo en el que yacía por debajo del entramado de vigas
torcidas y bloques de cemento.
La nigeriana, a la que esta enviada pudo ver cuando entraba en el hospital
argentino, ya por la noche tarde, se encontraba en el segundo piso del edificio
del Comando cuando ocurrió el temblor. Durante las 72 horas que permaneció bajo
tierra absorbió gran cantidad de polvo. Y antes de ayer por la noche, cuando
entró en el hospital, le practicaron un drenaje para eliminar la "basura". "Era
impresionante lo que tenía adentro. Por suerte, es una mujer de contextura muy
fuerte y eso le permitió sobrevivir", dijeron los médicos.
Desde el hospital la mandaron a Santo Domingo a una clínica a donde son
derivados estos casos extremos. Su cuerpo estaba inflamado cuando salió hacia la
ambulancia que la aguardaba. "Es un edema general que se produce en estos
casos", comentó un médico. Nadie sabe cuál era el nombre.
Médicos y enfermeras, como también los militares y las militares que sirven de
apoyo -en su mayoría de Fuerza Aérea- admiten que todavía no cayeron en la
cuenta de lo que pasa. "El trabajo nos exige mucha sangre fría y no podemos
pensar en nuestras situaciones personales". Pero ayer, una joven bioquímica
-teniente primero de la Fuerza Aérea- relaató a Clarín su propia experiencia que
ahora la despierta por la noche: "Estaba en el supermercado junto con otros 5
colegas. De pronto escuchamos una explosión y vimos caer una viga. Enseguida
empezó a formarse una densa columna de polvo. Corrí para la puerta, pero en ese
momento vino la onda de propagación y ya no me pude mantener en pie. Fue lo peor
de todo. Caí sobre un changuito y muchos pasaron por encima de mí. Tal vez eso
empujó el carrito hacia el exterior, donde me vi de pronto sin saber muy bien
cómo había salido. Solo tuve algunos golpes y lastimaduras pequeñas". Lo mismo
ocurrió con sus compañeros. Todos ellos se subieron en el vehículo de la ONU y
fueron al hospital: "En el camino la gente nos golpeaba la ventanilla
pidiéndonos que los lleváramos al hospital".
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