(IAR
Noticias) 05-Octubre-2010
Tres millones de franceses
protestaron contra la suba de la edad de retiro.
Por María Laura Avignolo - Clarín, Argentina
Por
tercera vez en un mes, tres millones de personas tomaron las calles en toda
Francia para protestar y desafiar el proyecto de reformas jubilatorias del
gobierno del presidente Nicolás Sarkozy. El Ministerio del Interior trató de
subestimar las manifestaciones y las redujo a 899.000 personas. Pero lo real
es que el intento de extender la edad de retiro en Francia a los 62 años y no
a los 60 se está convirtiendo en un serio dolor de cabeza político para el
gobierno y su vínculo con la opinión pública.
Más allá de la pública indecisión de los sindicatos, la consigna en la enorme
marcha en París era inquietante: “retiro del proyecto legislativo ahora o
huelga general indefinida” sin atenuantes. La amenaza de los manifestantes es
una espada de Damocles sobre la representatividad sindical, que no quieren que
su tibieza en las negociaciones, les radicalice sus bases. Una nueva marcha
está preparada para el 12 de octubre. “Nosotros no recularemos”, advirtió
Bernard Thibault, líder de la poderosa CGT. “Nosotros mantendremos esta
firmeza y este sostén popular nos compromete a continuar. Si el gobierno
confirma su intransigencia, él no podrá sorprenderse si la movilización adopta
otras formas”, dijo con cautela.
El líder de la CFDT, Francois Chereque reclamó “gestos de calma del gobierno
para abrir un diálogo y construir una verdadera reforma”.
Después de su aprobación en la Asamblea Nacional, donde el gobierno conserva
la mayoría, el martes se iniciará el debate sobre el tema en el Senado y no
será fácil para la UMP, el partido de gobierno. Los sindicatos reclaman
reformas substanciales y los socialistas proponen al primer ministro François
Fillon barajar y dar de nuevo. Un nuevo proyecto de reforma “más justo y que
considere las preocupaciones de la gente”. Aunque todos saben que el déficit
público francés exige llegar al hueso, si quieren que todos los jubilados
sigan cobrando.
La secretaria general del socialismo Martin Aubry chicaneó al primer ministro
François Fillon y a su tensión con el presidente Nicolás Sarkozy, cuando se
está por anunciar una reorganización ministerial que lo dejará probablemente
afuera.
“Como dice que piensa diferente, el primer ministro deberá decir: ‘Frenamos
todo, ponemos todo sobre la mesa y hacemos una reforma justa y eficaz’, dijo
en la marcha junto a la líder Verde, Cecile Duflot y a Jean Luc Melenchon, del
nuevo partido de izquierda.
Los sindicatos rompieron una vieja tradición y llamaron a sus seguidores a
marchar un sábado para evitar salarios perdidos. La decisión incorporó una
nueva generación a la manifestación y atravesó todas las edades: estaban
jubilados, prejubilados, padres, hijos, adolescentes y bebitos, colgados en la
espalda de los padres o en sus cochecitos.
Los jóvenes son los nuevos protagonistas de estas marchas contra las reformas
jubilatorias , en solidaridad con los mayores y con miedo a su propio futuro
por la falta de empleo.
Bajo un cielo gris plomo y lluvias esporádicas, 310.000 personas, según los
sindicatos, y 63.000, según la prefectura, marcharon en París. “Ni en el
Eliseo, ni en Matignon, ni en el salón. Hay que luchar” cantaba la multitud,
en densas columnas que caminaron desde la Plaza de la República a la Bastilla,
para terminar tres horas después en la Plaza de la Nación.
Estudiantes, liceístas, obreros, familias, trabajadores sin papeles, empleados
públicos pero también del sector privado conformaban la densa marcha. Una
columna socialista avanzaba con un cartel: “Somos todos gitanos” , en alusión
a la expulsión de los Roms a Bulgaria y Rumania por el gobierno de Sarkozy.
En toda Francia hubo 240 marchas contra las 222 que consiguieron reunir los
gremios en la pasada protesta del 23 de septiembre. En Bordeaux desfilaron
130.000 manifestantes contra 31.500, según la policía. La afluencia de gente
fue menor en Marsella y los sindicatos, con sólo 19.000 personas cuando habían
conseguido 222.000 en la última protesta. La guerra de las cifras continúa
entre el gobierno y los sindicatos, que filmaron las marchas para probar su
apoyo.
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