Estas nubes son una neblina de contaminación procedente de automóviles,
centrales eléctricas que funcionan con carbón, incendios forestales o la quema
de materiales como madera para cocinar y producir calor. Son casi permanentes y
causan enfermedades respiratorias y coronarias crónicas.
IAR
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/
Reuters
El
humo de los incendios forestales que ahoga a Moscú agrava los problemas de salud
causados por las "nubes marrones" que se desplazan desde Asia y hacia el
Amazonas, y el hollín ruso podría agudizar el calentamiento global acelerando el
deshielo del Ártico, según expertos ambientales.
"Los efectos para la salud de esas nubes son enormes", dijo Veerabhadran
Ramanathan, encargado de un estudio del Programa Ambiental de Naciones Unidas (UNEP
en sus siglas en inglés) sobre las "nubes marrones", causantes de una
disminución de la luz solar en ciudades como Pekín o Nueva Delhi, y que afectan
al crecimiento de cultivos en Asia.
Estas nubes son una neblina de contaminación procedente de automóviles,
centrales eléctricas que funcionan con carbón, incendios forestales o la quema
de materiales como madera para cocinar y producir calor. Son casi permanentes y
causan enfermedades respiratorias y coronarias crónicas.
"En Asia, sólo el humo del interior de las viviendas - producido porque la gente
cocina con leña - causa más de un millón de muertes al año", dijo a Reuters
Ramanathan, de la Universidad de California, San Diego.
El máximo responsable sanitario de Moscú dijo el lunes que cerca de 700 personas
están muriendo a diario estos días, el doble de lo habitual, mientras Rusia vive
su peor ola de calor en 130 años.
"Los incendios rusos son en principio similares a lo que ves de otras nubes
marrones", dijo Henning Rodhe de la Universidad de Estocolmo, subdirector del
estudio de UNEP sobre nubes marrones atmosféricas.
"La diferencia es que ésta sólo dura unas pocas semanas", agregó.
Para el clima, "la principal preocupación (...) es qué impacto tendría el humo
ruso en el Ártico, en términos de carbono negro y otras (partículas) en el humo
que caigan sobre el hielo marítimo", señaló Ramanathan.
Kim Holmen, que dirige el departamento de investigación del Instituto Polar
Noruego, dijo que en los últimos años "hemos tenido episodios de biomasa
quemándose que llevó nubes sobre el Ártico".
Holmen, que dirige una estación de supervisión de contaminación en Svalbard, en
el alto Ártico, explicó que el aire sobre Rusia ha estado bastante estable en
los últimos días, concentrando el humo sobre la tierra.
Un cambio en los vientos que alivie la contaminación en Moscú podría llevar el
smog hacia el norte.
El hielo del mar Ártico, que disminuye a mediados de septiembre a un mínimo
anual antes de la congelación que conlleva el invierno, actualmente cubre una
zona apenas mayor que en 2007 y 2008, las extensiones más pequeñas registradas
desde que comenzaron las mediciones por satélite en los años 70.
Los incendios forestales en Rusia están consumiendo cerca de 1.740 kilómetros
cuadrados, según el Ministerio ruso de Emergencias.
Holmen reiteró la preocupación de las autoridades rusas de que los incendios
podrían liberar elementos radioactivos atrapados en la vegetación desde el
desastre nuclear de Chernobyl en 1986.